domingo, 27 de mayo de 2018

CUIDADO CON "ANGELES" QUE NO SON DE DIOS



Los Angeles de Dios son los que permanecieron fieles a El. 
Los Angeles de Dios no están para responder a los deseos o caprichos de los hombres.

“Los falsos apóstoles engañadores se disfrazan de apóstoles de Cristo ... y el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz” (2a. Cor. 11, 13-14)

Los Angeles de Dios cumplen sólo las órdenes de Su Creador y sólo a El sirven.



Imagen relacionadaEl nombre de “Angel” viene del griego “mensajero”, pues los Angeles - los Angeles buenos- entre otras cosas, son mensajeros de Dios. Son seres inmortales, creaturas puramente espirituales, cuya función es servir a Dios, su Creador y obedecer solamente la Voluntad Divina.

Los Angeles pueden - pero solamente si Dios así lo desea- servir de ayuda especial al hombre, como vemos en algunas narraciones de la Sagrada Escritura. Tal es el caso de Tobías, que fue acompañado por el Arcángel Rafael, sin darse cuenta de quién era su compañero (Tobías 5, 12). O también pueden servir de mensajeros, como fue el Arcángel Gabriel para la Santísima Virgen María en la Anunciación (Lucas 1, 26-37) y a San José cuando le habló en sueños en dos oportunidades (Mateo 1, 18-24 y 2, 13-15).

Los demonios o ángeles caídos, igual que los Angeles de Dios, son seres puramente espirituales, que mantiene todos sus poderes, con excepción de la gracia sobrenatural, que perdieron con su caída al oponerse a Dios.

La soberbia, el orgullo, fue la causa de la caída de los ángeles que ahora son demonios. Es decir, quisieron ser como Dios, actuar independientemente de El. Liderizados por quien fuera Luzbell, ahora Lucifer, se negaron a obedecer a Dios, se rebelaron contra su Creador.

Es artículo de fe católica que la caída del hombre vino por la tentación de Satanás (Lucifer) y que éste y los demás demonios continúan tentando y persiguiendo a la humanidad. Así leemos en la primera Carta de San Pedro (5, 8) y en el Concilio Vaticano II (G.S.13). Y nos apunta el Catecismo de la Iglesia Católica (#394) que este intento es tan fuerte y tan cierto, que Satanás trató de desviar al mismo Jesucristo de su misión (Mateo 4,1-11).

Los demonios siguen siendo seres superiores en inteligencia y poderes a nosotros los seres humanos, con una capacidad de engaño digna de su inteligencia y astucia, superiorísimas a las nuestras. No en vano Satanás es el inventor o “padre de la mentira” (Juan 8, 44), el Engañador, que busca engañar a los seres humanos sin descansar.

Tal es el caso de una corriente que se está propagando por el mundo entero y que fomenta la comunicación con “ángeles”. Es claro, sin embargo, que el concepto cristiano de lo que son los Angeles de Dios es muy distinto a lo que trata de estimularse con esta corriente que es promovida en libros, revistas, programas de TV, y a través de cursos y conferencias, y de toda clase de representaciones “angélicas” en fotos, imágenes, estatuillas, artículos decorativos, de joyería, etc.

Aunque las formas de hacer estos contactos con “ángeles” puede variar de un sitio a otro o entre los diferentes grupos, en general, según este movimiento, los ángeles supuestamente son “esferas de luz”, “energía pura”, dispuestos a establecer contacto con los hombres a través de técnicas ocultistas claramente enmarcadas dentro del “New Age”, tales como meditaciones paganas, repetición de “mantras”, apertura de “chakras”, entre otras, para poder entrar en lo que se ha dado por denominar “rata de vibración angélica”.

Los Católicos sabemos que los Angeles de Dios no están para responder a los deseos y caprichos de los hombres, ni mucho menos están esperando ser contactados a través de prácticas esotéricas. También sabemos que Satanás y sus demonios sí “se disfrazan de ángeles de luz” (2a. Cor. 11, 14), y que están prestos a proponernos engaños y a complacernos en todo lo que pueda alejarnos de la Voluntad Divina.

Los Angeles de Dios no están para obedecer a los hombres: obedecen solamente las órdenes de su Creador y sólo a El sirven.

Fuente: http://www.homilia.org/ManifestacionesNewAge/18angelesNOdeDios.htm


miércoles, 23 de mayo de 2018

LA VERDAD SOBRE PADRE IGNACIO


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Esta opinión no necesariamente pretende ser la verdad absoluta sino la humilde opinión de un católico algo informado , que se encuentra perplejo sobre este tema. Y acepto cualquier correccion y objeción que se haga del tema.

El padre Ignacio Pieres, nativo de Sri Lanka (isla de Ceilán al lado de la India), es conocido por sus dotes de sacerdote sanador. Se encuentra de la parroquia de la Natividad del Señor, de la que es sacerdote, en la ciudad de Rosario, Pcia. de Santa Fe.

Su popularidad es grandísima, de hecho recuerdo que estuvo hace poco tiempo en la localidad de San Martín en el Colegio de los Agustinos Recoletos donde una multitud, acudió a verlo. Lamento no haber ido para no estudiar sus movimientos mas en profundidad. Sin embargo parte de mi entorno familiar fue al lugar sin poder llegar a verlo. 
No es objeto de replica en este breve ensayo cuestionar sus facultades sanadoras que pueden ser veraces, según testimonios de muchos fieles e informes médicos. Mientras estuve recientemente en la ciudad de Paraná observé por televisión una de sus misas en la que noté cierto amaneramiento en su forma de practicar la liturgia , pero se puede interpretar como una forma de expresión de su castellano aprendido y mezcla de su lengua de origen.

Lo que poca gente sabe es que, según testimonio de algunas "pacientes", este sacerdote estima necesario y conveniente tocar las partes donde la enfermedad se encuentran. Ej. un cancer de mamas le corresponde a los senos, u otras partes en caso de infertilidad. (*)

Se recordará también que este sacerdote mantiene contacto con los políticos que, no pueden desdeñar la influencia que el tiene en buena parte del pueblo.El mas claro ejemplo es Hermes Binner, el ex gobernador socialista de Santa Fe, y probablemente de nuevo candidato a presidente, partidario del aborto y del “matrimonio” homosexual, quien se puso la camiseta de su parroquia, por razones de conveniencia desde luego pues es publico su ateísmo y desprecio de todo lo religioso como todo buen ortodoxo socialista. Una futura ascensión al gobierno de este político acarreara sin duda la adopcion del aborto legal en la Argentina, el golpe final que "fase moderna" (esto es tomado de Belloc) o mejor dicho el anticristo dara a esta alicaida República, quien ya impuso el "matrimonio homosexual" y la adopcion, y castiga severamente a quienes opinan contra ello, no pudiendo poner en practica el infanticidio por una cerrada oposicion de la actual presidente (quien desde luego no es ni Santa ni de mi devoción)

Volviendo al tema central este desdichado sacerdote en su programa Huellas de Navidad, difundido por canal 3 de Rosario, ha decidido a promocionar no solamente las parejas homosexuales como un bien, sino también la adopción de niños por parte de ellas e, indirectamente, los métodos artificiales de fecundación.

La espantosa confusión que genera lo que se dice y se acepta en estos reportajes, es de una magnitud difícil de medir. Véase la nota aparecida en un periódico que entrevista a dos lesbianas que estuvieron en el programa de Ignacio, y cuyo título es: “Es necesario que se acepte la hermosa realidad que viven”, palabras del mismo padre.

Esto no hace mas que desvirtuar el concepto de familia, y lleva a una absoluta confusión, inclusive doctrinal, el cura dice que es una gracia para estas parejas el tener un hijo; y ellos le responden asegurando que el hecho de que la Iglesia haya aceptado bautizar a ese niño, ¡es una muestra de apoyo a la situación que viven! (Esto contradice el Canon 2335 que transcribo: Cada uno de los dos sexos es, con una dignidad igual, aunque de manera distinta, imagen del poder y de la ternura de Dios. La unión del hombre y de la mujer en el matrimonio es una manera de imitar en la carne la generosidad y la fecundidad del Creador: “El hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne” (Gn 2, 24). De esta unión proceden todas las generaciones humanas (cf Gn 4, 1-2.25-26; 5, 1).El mismo padre Pieres (lo transcribo textualmente) acepta que pueden comulgar "porque sobre la conciencia de cada uno, nadie sabe... cada uno con su conciencia abre su corazón a Dios" .

Eso sí, la mayoría de los sacerdotes que defienden estos asuntos son verdaderos homosexuales, aunque todavía no lo admitan.

Dejo bien en claro que la tolerancia no implica aceptación, quiero decir uno no debe ni perseguir ni maltratar homosexuales, pero que uno tolere esta realidad no significa que pueda dejar pasar por alto semejante atropello.“Retirarse ante el enemigo o callar cuando por todas partes se levanta un incesante clamoreo para oprimir la verdad, es actitud propia o de hombres cobardes o de hombres inseguros de la verdad que profesan. 
La cobardía y la duda son contrarias a la salvación del individuo y a la seguridad del Bien Común, y provechosas únicamente para los enemigos del cristianismo, porque la cobardía de los buenos fomenta la audacia de los malos. El cristiano ha nacido para la lucha”. [S.S. León XIII, Papa]

(*): Oportunamente, Panorama Católico Internacional dio cuenta del testimonio de una mujer que sufrió las “curaciones” del padre Ignacio.

Disculpen si me extendí demasiado, hasta donde llega mi conocimiento ningún credo serio cristiano admite este tipo de uniones. Recemos para que nuestros conceptos se aclaren en nuestros corazones. 

G.A.

sábado, 19 de mayo de 2018

Crítica al "Descanso en el Espíritu"


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Cardenal Suenens


¿Cuáles son los argumentos en contra de la manifestación del “Descanso en el Espíritu”?

En primer lugar hay una negatividad genérica que viene del prejuicio que buena parte de los católicos y sobre todo del clero, tienen hacia los carismáticos.

En este aspecto, cualquier manifestación que crezca en los ambientes carismáticos es rechazada, llegando incluso a desestimar el poder de las oraciones de liberación.

Pero hay cuatro argumentos específicos que van a utilizar los oponentes a la manifestación de “descanso en el espíritu:

1 – No es bíblico, aunque esto debería calar más entre los protestantes porque sostienen la ‘sola scriptura’, también está presente entre los católicos

2 – Está presente en otras creencias religiosas o puede ser falsificado

3 – Es puramente emocional o carente de propósito para la fe

4 – Da gloria al hombre no a Dios


UNA CRÍTICA DESDE ADENTRO
La crítica del “Descanso en el Espíritu” de mayor peso es la del difunto cardenal Suenens (1904-1996).

Suenens fue un defensor de la Renovación Carismática Católica y se cree que ha sido el responsable de convencer a Pablo VI en 1975 para dar la aprobación de la Iglesia a la Renovación Carismática.

El Cardenal Suenens escribió muchos libros sobre el tema, uno de los cuales habla que el descanso en el Espíritu es un fenómeno polémico.

En este libro el cardenal examina el fenómeno, analiza los antecedentes históricos y los argumentos teóricos en defensa de su autenticidad.

Y concluye que en última instancia el “descanso en el Espíritu” no es una manifestación del poder del Espíritu Santo y que “amenaza la autenticidad y la credibilidad de la Renovación Carismática”.

Incluso realizó experimentos con asistentes detrás de las personas a quienes se imponían las manos y sin asistentes, y en medio de eventos altamente emotivos y otros fríos, y la diferencia de cantidad de gente que descansaba en el espíritu fue muy notoria.

El cardenal Suenens dijo que es “importante” que este fenómeno se excluya de las celebraciones litúrgicas y que las iglesias no deberían invitar ministros cuya oración o enseñanza está asociado a él.

Así Suenens ha advertido que se ha corrido la idea que estos son verdaderos encuentros con el Señor, minimizando  muchas otras ocasiones en que Dios manifiesta su presencia y la gente no cae al suelo.

No tiene nada que ver con el “estado grave” de la persona que está tiene orado, con la “santidad” del ministro que ora o la fluidez de la oración.

Visto en http://forosdelavirgen.org/104192/descanso-espiritu/

jueves, 10 de mayo de 2018

La profecía de los tres días de oscuridad: ¿Verdad o mentira?


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Hemos visto.
"Podrían por favor comentar sobre esta profecía llamada “Los tres días de oscuridad” que he encontrado en muchos sitios en internet de católicos tradicionalistas sobre profecías. Ellos dicen que esta profecía viene de Nuestra Señora, y que debemos tener velas bendecidas a mano, y que el 75% de la raza humana será destruida cuando se terminen esos tres días. Podrían por favor comentar sobre las profecías del fin de los tiempos. Tengo entendido que hay 5, siendo la tercera la Gran Apostasía que ahora estamos experimentando. Cuál profecía sigue, y, si acaso, en dónde estamos, lo que podemos esperar después, etc. Son cosas muy confusas."
Muchos de los mensajes sobre la preparación para los Tres días de oscuridad vienen de algunas de las falsas apariciones modernas, si mal no recuerdo. Creo que el diablo, mediante muchas de esas falsas apariciones, quiere convencer a todos de que se preparen para un castigo temporal, cuando el castigo espiritual ya ha ocurrido, la fe les ha sido arrancada, están asistiendo a una falsa misa y siguiendo a una secta no católica.
Si los Tres días de oscuridad ocurrieran, la única preparación que un católico necesita hacer es estar en estado de gracia y abrazar la plenitud de la fe sin comprometerla.
La respuesta a su siguiente pregunta es que definitivamente ahora estamos en la Gran Apostasía, el tiempo que precede a la Segunda Venida de Cristo.


jueves, 3 de mayo de 2018

Conferencias del Padre Ezcurra sobre el Ocultismo


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Alberto Ignacio Ezcurra Uriburu (n. Buenos Aires 30 de julio de 1937- m. 26 de mayo de 1993), sacerdote, militante nacionalista. De joven estudió en el colegio católico Champagnat e inmediatamente se sintió llamado por la religión. Fue fundador y jefe del Movimiento Nacionalista Tacuara. 

Aclaración: Solamente se puede acceder a los audios desde la PC, no desde un teléfono celular.

La moda del ocultismo (1985)

 La moda del ocultismo (1986) Parte 1

 La moda del ocultismo (1986) Parte 2


 El Ocultismo I (A)

El Ocultismo I (B)


El Ocultismo II (A)

El Ocultismo II (B)


El Ocultismo III (A)

El Ocultismo III (B)


Fuente: http://formacioncatolicahoy.org/14-ezcurra-alberto.html

domingo, 3 de diciembre de 2017

El «odio bueno»





Roberto Bosca ha decidido llevar sus reflexiones sobre Francisco a la TV. Y en este video afirma que «hay personas que quieren que este Papa se vaya o incluso se muera cuanto antes»; y que tal cosa es algo que nunca le hubiera gustado leer. Suponemos que ello es así porque a su juicio el desear la muerte del Pontífice sería manifestación de un odio contrario a la caridad. Si tal es la premisa de Bosca, habría que compartir el diagnóstico de Escrivá: la piedad sin doctrina puede decaer fácilmente en sensiblería y pietismo vacío.
Las consideraciones generales que hacemos a continuación se pueden encontrar en manuales serios y en la Summa de Santo Tomás. Por razones de espacio y claridad, vamos a seguir a Royo Marín (Teología de la caridadTeología moral para seglares).
1. El odio al prójimo.
Debemos amar al prójimo con amor de caridad. Por lo que toda forma de odio parece contraria al precepto de Cristo. Sin embargo, es necesario distinguir:
Odio de enemistad, llamado también de malevolencia, es el que desea algún mal a una persona en cuanto prójimo, o se alegra de sus males, o se entristece por sus bienes. Es el desearle mal, en cuanto es mal para él, y se opone directamente a la caridad y constituye, por lo mismo, un grave desorden moral.
Odio de abominación, llamado también odio de cualidad, consiste en aborrecer al prójimo, no en sí mismo, sino en sus obras (malas) y esto no es pecado. «La razón es porque odiar lo que de suyo es odiable no es ningún pecado, sino del todo obligatorio cuando se odia según el recto orden de la razón y con el modo y finalidad debida. Sin embargohay que estar muy alerta para no pasar del odio de legítima abominación de lo malo al odio de enemistad hacia la persona culpable, lo cual jamás es lícito aunque se trate de un gran pecador, ya que está a tiempo todavía de arrepentirse y salvarse. Solamente los demonios y condenados del infierno se han hecho definitivamente indignos de todo acto de caridad en cualquiera de sus manifestaciones» (Royo Marín).
Parafraseando a Escrivá, así como hay un «anticlericalismo bueno» (rechazo del clericalismo como vicio, pero no del clero, ni del estado clerical) hay un «odio bueno», que es conforme a la virtud de la caridad. Con palabras de San Agustín: «Este es el odio perfecto, que ni aborrezcas a los hombres por sus vicios, ni ames a los vicios por respeto de los hombres».
2. Amor y odio al prójimo.
El amor al prójimo e incluso a los enemigos nos obliga a deponer todo odio de enemistad y todo deseo de venganza. Los pecadores han de ser amados como hombres capaces todavía de eterna bienaventuranza; pero de ninguna manera en cuanto pecadoresLa caridad no nos permite excluir absolutamente a ningún ser humano que viva todavía en este mundo, por muy perverso y satánico que sea. Mientras la muerte no les fije definitivamente en el mal, desvinculándoles para siempre de los lazos de la caridad –que tiene por fundamento la participación en la futura bienaventuranza–,  hay que amar sinceramente, con verdadero amor de caridad, a los criminales, ladrones, adúlteros, ateos, masones, perseguidores de la Iglesia, etc. No precisamente en cuanto tales –lo que sería inicuo y perverso– pero sí en cuanto hombres, capaces todavía, por el arrepentimiento y la expiación de sus pecados, de la bienaventuranza eterna del cielo. La exclusión positiva y consciente de un solo ser humano capaz todavía de la bienaventuranza destruiría por completo la caridad (pecado mortal), ya que su universalidad constituye precisamente una de sus notas esenciales. Amar no significa sentir mucha ternura, pues el verdadero amor reside esencialmente en la voluntad. Querer bien a alguien, es querer seriamente para esa persona todo cuanto según la recta razón y la fe es bueno: la gracia de Dios y la salvación del alma primeramente, y después, todo cuanto no desvíe de este fin.
Las sabias y célebres palabras de San Agustín que decía: Hay que odiar el error y amar a los que yerran, suelen frecuentemente interpretarse como si el pecado estuviese en el pecador a la manera de un libro en un estante. Se puede detestar el libro sin tener la menor restricción contra el estante, pues, aun cuando una cosa esté dentro de la otra, le es totalmente extrínseca. Sin embargo, la realidad es otra. El error está en el que yerra como la ferocidad está en la fiera. Una persona atacada por un oso, no puede defenderse dando un tiro en la ferocidad evitando herir al oso y aceptándole, al mismo tiempo, recibir un abrazo con los brazos abiertos. Santo Tomás, sobre esto, se explaya con claridad meridiana. El odio debe incidir no sólo sobre el pecado considerado en abstracto sino también sobre la persona del pecador. Sin embargo, no debe recaer sobre toda esa persona: no lo hará sobre su naturaleza, que es buena, las cualidades que eventualmente tenga, y recaerá sobre sus defectos, por ejemplo su lujuria, su impiedad o su falsedad. Pero, insistimos, no sobre la lujuria, la impiedad o la falsedad en tesis, sino sobre el pecador en cuanto persona lujuriosa, impía o falsa. Por eso el profeta David dice de los inicuos: los odié con odio perfecto (Ps. 138, 22). Pues, por la misma razón se debe odiar lo que en alguien haya de mal y amar lo que haya de bien. Por lo tanto, concluye Santo Tomás, este odio perfecto pertenece a la caridad. No se trata de un odio hecho apenas de irascibilidad superficial. Es un odio ordenado, racional y, por tanto, virtuoso. Así es que, odiar recta y virtuosamente es un acto de caridad. Claramente se ve que odiar la iniquidad de los malos es lo mismo que odiar a los malos en cuanto son inicuos. Odiar a los malos en cuanto malos, odiarlos porque son malos, en la medida de la gravedad del mal que hacen, y durante todo el tiempo en que perseveren en el mal. Así, cuanto mayor el pecado, tanto mayor el odio de los justos. En este sentido, debemos odiar principalmente a los que pecan contra la fe, a los que blasfeman contra Dios, a los que arrastran a los otros al pecado, pues los odia particularmente la justicia de Dios.
3. Desear al prójimo un el mal físico bajo razón de bien moral.
Los moralistas se preguntan, con Santo Tomás, si es lícito desear al prójimo un mal físico como la enfermedad o la muerte, bajo razón de bien moral, como expresión del odio de abominación. Y la respuesta es afirmativa: «No hay pecado alguno en desearle al prójimo algún mal físico, pero bajo la razón de bien moral (v.gr., una enfermedad para que se arrepienta de su mala vida). Tampoco lo sería alegrarse de la muerte del prójimo que sembraba errores o herejías, perseguía a la Iglesia, etc., con tal que este gozo no redunde en odio hacia la persona misma que causaba aquel mal» (Royo Marín).
Por tanto, es lícito desear al prójimo «algún mal físico o temporal bajo el aspecto de un bien mayor, como sería, por ejemplo, una enfermedad o adversidad para que se convierta, la corrección de un escándalo (v.gr., por el encarcelamiento o destierro del que lo produce) o el bien común de la sociedad (v.gr., la muerte de un escritor impío o de un perseguidor de la Iglesia para que no siga haciendo daño a los demás)» (Royo Marín).  
4. Desear la muerte del prójimo bajo razón de bien moral.
La muerte es un mal físico, no un pecado. En sí misma considerada, es la separación del alma de su cuerpo. Al desear la muerte del prójimo en cuanto mal físico, queriendo siempre su salvación, se realiza el odio de abominación
Cuando se quiere la muerte del pecador que daña al bien común, de la sociedad política o de la Iglesia, incluso pidiendo a Dios que esta ocurra pronto, se desea un mal físico (muerte) bajo razón de bien moral (bien común). Y no hay en ello ningún pecado sino más bien ejercicio de la caridad social.
Las reflexiones precedentes valen para los pontífices calamitosos en general y para el papa Francisco en particular. Y aunque lo dicho pudiera chocar al entusiamo papolátrico de Bosca & c., lo cierto es que el propio Papa lo ha reconocido al declarar: «que me maten es lo mejor que me puede pasar». En efecto, para Francisco, la muerte podría significar la gracia del martirio, con la que Dios redimió a un antipapa como San Hipólito; y para la Iglesia, podría ser un modo providencial de poner fin a un pontificado lamentable. Nuestra humilde sugerencia a Bosca: menos sensiblería y más reciedumbre informada por la caridad.

Fuente; InfoCaótica.

lunes, 27 de noviembre de 2017

Los nombres de los demonios según el Malleus maleficarum


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Los nombres de los demonios indican qué orden existe entre ellos, y qué oficio se le asigna a cada uno. Pues aunque el mismo nombre, el de demonio, se usa en general en las Escrituras debido a sus diversas cualidades, éstas, sin embargo, enseñan que Uno se encuentra por encima de esas acciones repugnantes, tal como ciertos otros vicios están sometidos a Otro. Pues es práctica de las Escrituras y del lenguaje llamar a cada uno de los espíritus impuros Diabolus, de Día, es decir, Dos, y Bolus, o sea, Bocado; pues mata dos cosas, el cuerpo y el alma. Y esto coincide con la etimología, aunque en griego Diabolus significa encerrado en la Cárcel, lo cual también coincide, ya que no se le permite -hacer tanto daño como desea. O Diabolus puede significar Flujo Descendente, ya que fluyó hacia abajo, es decir, cayó, tanto en términos específicos como locales. También se lo llama Demonio, es decir, Astucia sobre la Sangre, ya que ansía y procura el pecado con un conocimiento triple, pues es poderoso en la sutileza de su naturaleza, en su experiencia ancestral y en la revelación de los espíritus buenos. Asimismo se lo llama Belial, que significa Sin Yugo o Amo, pues puede luchar contra aquel a quien debería someterse. Se lo -llama Belcebú, que significa Señor de las Moscas, es decir, de las almas de los pecadores que abandonaron la verdadera fe de Cristo. También Satán, es decir, el Adversario; véase I San Pedro, n: "Pues tu adversario el demonio ronda en torno", etc. También Behemoth, es decir la Bestia, porque hace bestiales a los hombres. Pero el demonio mismo de la Fornicación, y el jefe de esa abominación, se llama Asmodeo, que significa Criatura de Juicio, pues debido a este tipo de pecado se ejecutó un terrible juicio sobre Sodoma y las otras cuatro ciudades. De la misma manera, el demonio del Orgullo se llama Leviatán, que significa su Adición, porque cuando Lucifer tentó a nuestros primeros padres les prometió, por orgullo, la adición de la Divinidad. Respecto de él, el Señor dijo, por intermedio de Isaías: "Le enviaré a Leviatán, esa vieja y tortuosa serpiente". Y el demonio de la Avaricia y las Riquezas se llama Mammón, a quien también Cristo menciona en el Evangelio (San Mateo, VI ) : "No puedes servir a Dios", etcétera. Acerca de los argumentos. 

Malleus maleficarum