lunes, 12 de octubre de 2015

La legislación sobre los exorcismos del antiguo Código de Derecho Canónico del año 1917





Al terminar este capítulo de doctrina sobre la posesión es indispensable
citar aquí las disposiciones canónicas concernientes a los
exorcismos. Los artículos o cánones del Codex juris ecclesiastici son
tres: 1151 a 1153.

Canon 1151: "Nadie puede, aunque esté revestido del poder de
exorcista, proferir exorcismos contra los obsesionados, de manera legítima
si no ha recibido del Ordinario —es decir de su obispo— un
permiso especial y expreso."
Este permiso no será acordado por el Ordinario más que al sacerdote
dotado de piedad, de prudencia y de conducta irreprochable:
y éste no procederá a los exorcismos sino después de haber comprobado
con certidumbre, después de un examen atento y prudente, que
el sujeto por ser exorcizado está realmente obsesionado por el demonio.

Canon 1152: "Los exorcismos practicados por ministros legítimos
pueden ser hechos no solamente sobre fieles y catecúmenos, sino también
sobre no católicos o excomulgados."

Canon 1153: "Los ministros de los exorcismos que son practicados
en el bautismo y en las consagraciones y las bendiciones, son los mismos
que son ministros legítimos de los mismos ritos sagrados."
Este último canon quiere decir que si todo el mundo, en caso
de necesidad, puede bautizar, no son más que los ministros del bautismo
solemne, es decir acompañado de todos los ritos establecidos
por la Iglesia, en el número de los cuales están los exorcismos, y los
ministros de las consagraciones y bendiciones rituales, los que pueden
legítimamente practicar los exorcismos públicos y oficiales con el
permiso episcopal. De hecho, el obispo no otorga jamás el poder de
exorcizar solemnemente sino a un sacerdote elegido con cuidado por
su competencia y la dignidad de su vida.

Tomado del libro "Presencia de Satán en el mundo moderno."

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