lunes, 12 de octubre de 2015

La lucha contra el demonio en la evangelización americana (I y II)




En este artículo, dividido en dos partes, procuramos brindar una perspectiva, esencialmente histórica, de esa terrible realidad que es el demonio. Pretende aportar algunas cuestiones que esclarezcan la presencia del demonio y lo demoníaco en contraposición a la magna empresa espiritual realizada por España y la Iglesia a fin de conquistar y evangelizar América para la salvación de las almas.

PARTE I

El problema de la interpretación del demonismo.
La historia de América ha sido y es profundamente falsificada. Los mecanismos propios de esa falsificación que, a diario se produce con nuestro pasado, han sido ya profusamente explicados por historiadores y pensadores egregios. Desde la falacia consuetudinaria a los sofismas más vergonzosos, la narración de nuestra historia ha quedado en manos de un manojo de inescrupulosos que, más allá y más acá de sus amargas intencionalidades, respondieron y responden a fines no por oscuros menos organizados. Es que las llamadas leyendas negras no pueden ser adscriptas al pensamiento de tal o cual historiador sino más bien al diseño concienzudo de un plan falsificador cuyas tácticas, estrategias y personeros recorren con holgura el pensamiento moderno. La historia de la Iglesia, inescindible de la historia toda del Nuevo Mundo, ha sufrido también los embates de estas leyendas negras. Diremos más: es precisamente a partir de una concepción errónea y falaz de la historia de la Iglesia en Hispanoamérica que pudieron y pueden sostenerse las tesis de una historia falsificada de América toda.
Antonio Caponnetto explícita con sobria lucidez las diversas manifestaciones de estas leyendas negras que coadyuvan en su origen y en sus fines (1). Estas expresiones están señaladas a partir de tres tipos distintos como la leyenda lascasiana, la liberal y la marxista. En esta última se enrolan los intentos falsificadores, por demás fructíferos y vigentes, de la Teología de la Liberación.
Es menester aclarar, sin embargo, que esta división de la Leyenda Negra no es más que una expresión de sus diversas manifestaciones que no hacen más que demostrar su univocidad en torno a algunos errores fundamentales. En este sentido la Teología de la Liberación no es más que una síntesis de las viejas y nuevas leyendas negras nacidas al amparo de las sospecha moderna ejercida contra la Verdad y sus epifanías temporales. Síntesis no menos peligrosa por el hecho de serlo y más aún si se toma en cuenta su carácter profundamente cismático, cuando no directamente heresiarca (2).
Esta pseudo teología marxistizada se ha esmerado por incursionar en el ámbito historiográfico y, como ha de suponerse, no ha sido ésta una cuestión fortuita más sí desafortunada. A este respecto dejamos la palabra al precitado Caponnetto:
"La Teología de la Liberación es, entre otras cosas, una formulación sin mayores vuelos del viejo error historicista. Cómo tal posee de la historia una mirada temporalista y secularizante y , en no pocos casos, profanadora de las más altas realidades sacras. De la historia en tanto ser como de los histórico en tanto acontecer. Consistir y transcurrir resultan así reducidos y tergiversados. Pero está claro que de una torcida concepción acerca de lo que la historia es, no puede sino seguirse una peor elaboración e interpretación de lo que en su curso ha sucedido. Por eso la Teología de la Liberación al ocuparse – y se ocupa con prioridad – de la Historia de América, la analiza y expone con criterios materialistas, ideologizantes y, digámoslo todo (3), anticristianos." Esa historiografía ideologizante se expresa esencialmente en la categoría de conflicto, propio de la dialéctica marxista. Citamos in extenso a Mons. Kloppenburg:
"Es así como se divulga una ideología que hace del conflicto algo estructural, considerándolo el motor de la historia y señalando la agudización de los conflictos como el único medio adecuado para el progreso de la humanidad. Las tensiones que son parte de la vida, son sistemática y conscientemente transformadas en oposiciones, para que entonces surja el conflicto. Revelan una visión patológica, maniquea y dualista de la realidad, compuesta, según ellos, de contrarios en lucha. El motor de su dialéctica es la lucha de clases." (4)
De acuerdo a los conceptos explicitados en las citas anteriores podemos indicar, sin temor a equivocarnos, que lo sagrado, lo sobrenatural, lo trascendente no forman parte de la heterodoxa concepción de la Teología de la Liberación y sus obvias y publicitadas ramificaciones en el pensamiento y quehacer historiográfico actual (5). Es por ello que las realidades sobrenaturales como los milagros o la incorruptibilidad del cuerpo de los mártires o las batallas victoriosas por el la intercesión de Nuestra Señora, por citar sólo algunas, sean presentados por los corifeos de esta nueva teología e historiografía como prejuicios irracionales o meras legitimaciones ideológicas del poder político opresor (léase Corona española – Iglesia Católica). Por lo mismo no es extraño que el tratamiento de la cuestión del diablo sea de talante semejante.
El Príncipe de las Tinieblas aparece a los ojos de estos historiógrafos como mera categoría, un concepto extraído del oscurantismo propio de la Cristiandad medieval (de la cual, efectivamente, es deudora la epopeya evangelizadora americana), una simple herramienta ideológica utilizada para la opresión de las mayorías étnicas, los indígenas.
Es claro que esta supina idea tiene origen cierto en las claves ideológicas de la Teología de la Liberación a las que ya hemos aludido. De hecho su adscripción neta al materialismo histórico le permite trasplantar la categoría de la lucha de clases inherente al método dialéctico al escenario indiano y anunciar así el concepto de demonización como uno de los ejes de la política opresiva (6).
Fernando Cervantes explica bien el riesgo de estas interpretaciones. Mientras critica por un lado la ausencia de estudios serios en la historia del demonismo, presenta algunas de las variantes interpretativas sobre el tema:
"En el mejor de los casos, el demonio aparece como una apropiación pintoresca de una idea dominante , que proporciona buen material anecdótico. En el peor de los casos, el concepto surge como la imposición de una idea hegemónica, magistralmente organizada por las elites, para mantener a los grupos subordinados bajo su control." (7)
Esta cuestión encuentra sentido en el desarrollo de no pocos escritos que sostienen la hipótesis de la demonización como herramienta ideológica de opresión de las masas indígenas.
Al respecto son emblemáticas las palabras del historiador chileno Pinto Rodríguez:
"La diabolización del mundo americano fue sólo una de las alternativas que utilizó el europeo para discriminar negativamente a los nativos de esta tierra - y agrega- es evidente que no lo hizo por perversidad: en una república cristiana, fuertemente etnocéntrica, no había lugar para la otredad." (8)
La explicación acerca de este término no poco abstruso de la demonización ha sido realizada desde distintas perspectivas. En este sentido, la categoría de alteridad ha sido una de las primeras en ser utilizadas para abordarlo. Desde la categoría de la alteridad el argumento que pretende interpretar la demonización como una forma de legitimación socio - ideológica recurre también a la cuestión de la barbarización del indígena.
Es indudable que, al término de lo que se ha dado en llamar ciclo evangelizador fundante (9)primó en los europeos cierta imagen negativa de las culturas indígenas en general.
"En dicho contexto - dice Cervantes - no tardó en hacerse patente que cuanto más se considerara a los indígenas bajo el poder de Satanás, mayor era la urgencia de la presencia europea."
Pero no tarda este autor en responder a esta tesis de legitimación.
"El peligro evidente de esta interpretación es que tiende a reducir la figura del demonio a un mero instrumento de conveniencia política y a menospreciar la sincera creencia de la mayoría de los contemporáneos en la autenticidad del demonismo." (10)
Lo que este autor citado no dice es que el origen de esta falaz interpretación es el clasismo que la anima, claro deudor del más craso materialismo histórico. Sí compartimos, es claro, que los misioneros creían firmemente que evangelizar implicaba convertir y esto, arrancar a los indígenas de las garras del diablo.
No es sólo que el misionero cree en la existencia del demonio, sino que su vida está centrada dos esenciales razones: anunciar y predicar la Buena Nueva para la salvación de las almas y librar la guerra contra el diablo para evitar la perdición de las almas. Pero esto no es posible de entender si no se toma en cuenta que en rigor de verdad América, por su gentilidad y barbarismo, era la Civitas Diaboli.

América, Civitas Diaboli.
Nos interesa remitirnos a un autor esencial de la evangelización americana, José de Acosta, quien sistematizó, entre otras muchas cuestiones, el problema del demonismo.
Este jesuita, considerado como uno de los pensadores más fecundos y lúcidos de Indias, presenta dos títulos importantes para el estudio de la evangelización: Historia natural y moral de Indias y Predicación del Evangelio en Indias.
En su Historia Natural y moral de las Indias, Acosta llega a referirse duramente en contra de aquellos clérigos que ven en toda la naturaleza indígena la mano del demonio. Es más, insiste en la natural bondad de estos y compara su cultura con la griega y romana paganas, para demostrar que la misma no es obra del demonio.
Sin embargo, su explicación cambia de tono cuando se refiere concretamente a la cuestión religiosa. Ingresar en el ámbito de lo sobrenatural era para Acosta, como para el resto de sus contemporáneos, ingresar en el terreno de la certeza absoluta.
Cuando analiza las similitudes entre algunas cuestiones de las religiones paganas y las cristianas, no duda en adjudicar a las primeras un carácter sobrenatural y, por ende, diabólico, dado que Dios no puede admitir dos cultos legítimos. La única fuente alternativa capaz de justificar esas similitudes tenía que ser diabólica. Así, logra explicar la necesidad del simia Dei de montar una estructura eclesiástica sustentada en su envidia y en la acción de sus instrumentos más eficaces: los hechiceros.
"¿A quien no pondrá admiración - exclamaba Acosta- que tuviese el demonio tanto cuidado de hacerse adorar y recibir al modo que Jesucristo ordenó y enseñó, y como la Santa Iglesia lo acostumbra ?" (11)
A partir de esto explica como el demonio posee en América una iglesia propia, ajena a los designios de Dios y producto de su satánica envidia.
"Era precisamente este deseo mimético el que originaba la existencia de las prácticas contra- religiosas entre los nativos de América, pues el diablo aprovechaba cualquier oportunidad que le permitiera imitar el culto divino." (12)
Acosta describe cómo el diablo tenía sus propios sacerdotes, los hechiceros, que ofrecían sacrificios y administraban sacramentos en su honor. Tenía "mil géneros de profetas falsos", a través de los cuales "pretendía usurpar para sí la Gloria de Dios y fingir con sus tinieblas la luz(..) Apenas hay cosa instituida por Jesucristo Nuestro Dios y Señor en su ley evangélica que en alguna manera no lo haya el demonio sofisticado y pasado a su gentilidad." (13)
Este frenesí mimético motivado por la envidia y descripto por este jesuita, se vuelve más explícito cuando el diablo intenta imitar los sacramentos, habiendo instituido falsos ritos del bautismo, matrimonio, confesión y unción sacerdotal.
A través de estas nociones Acosta determina lo que en gran medida será la demonología en el Nuevo Mundo hacia fines del quinientos. No podemos dejar de tener en cuenta su participación en el Concilio Limense III, y en la redacción del catecismo homónimo. Los tres concilios limenses del siglo XVI incorporaron es sus actas el tema de la hechicería - sortilegios, encantamientos, adivinaciones - y estipularon diversas penas para los que participaran de ellas.
Si se piensa en la vigencia y recepción de este Concilio, podemos tener una idea aproximada de cuáles fueron los preceptos que, sobre lo demonológico, hubieron de plantearse en esta parte de América.
A su vez, la legislación de la Corona no fue ajena al problema de las idolatrías como signos de la acción demoníaca. Tal preocupación se demuestra, por ejemplo, en el Provisorato de Naturales, creado en 1571 para ejercer un control real sobre la fe de los indígenas. Esta figura representó una forma de Inquisición para los naturales, diferente a la de los españoles dado que los indios eran "plantas verdes en la fe". Entre otras cosas, esta legislación implicaba la negación de la pena de muerte a los indígenas por causa de idolatría.
En la concepción de América como la Civitas Diaboli, la acción del demonio está centrada en el recupero de las almas que le son arrebatadas por los evangelizadores, luego de siglos de absoluta potestad en estas tierras. Su acción está esencialmente dirigida a los indios infieles o catecúmenos, pero también a los misioneros. Siempre es entendida por los misioneros como preternatural y no sobrenatural en tanto se origina en la imitación del diablo hacia las cosas de Dios.
Podemos dividir la acción del diablo en cuatro categorías distintas, a saber: directa e indirecta y ordinaria y extraordinaria.
La acción directa se produce siempre que el demonio actúa sin intermediarios e incluye tanto el aviso de la llegada de los intrusos a las tierras indígenas, como el "...llegar a concertarse con los gentiles para que maten a los padres y a quienes han osado recibirles." (14) Por otro lado, la enemistad de otras tribus indígenas puede ser utilizada para lograr los fines demoníacos.
La acción es ordinaria cuando el demonio recurre a la tentación como uno de sus elementos más eficaces para derribar la voluntad de los hombres, ya sean estos indígenas o misioneros. Así, una vez establecida la misión, "el demonio hace sentir al grupo su presencia para enfriar la fe de los recién congregados." (15)
"En el caso de los catecúmenos los dardos demoniacos se orientan a desacreditar el sacramento del Bautismo, ya persuadiendo a los indios de que provoca la muerte, ya haciéndoles sentir la dureza de las obligaciones como cristianos." (16)
La acción indirecta está referida esencialmente a la utilización de los instrumentos predilectos de Satanás: los hechiceros.
La figura del hechicero es esencial en la historia de la evangelización, pues representa uno de los obstáculos más fuertes a las tentativas misioneras.
Señala Pagano que "los adivinos, hechiceros y magos invocaban al demonio con el nombre de ángel de luz, rindiéndole cierta manera de adoración y ofreciéndole perfumes y hierbas olorosas." (17)
De esta forma, para los misioneros, los hechiceros realizan una alianza con el demonio con quien, hasta la llegada de los europeos, "eran dueños de manipular la abundancia, la felicidad y la vida, pero también la esterilidad, la desdicha y la muerte del grupo." Por esto,"... deben luchar para no ver peligrar su ganancia – de almas el demonio, de poder los hechiceros- en manos de quienes se consideran el brazo armado de Cristo." (18)
Por último, la acción extraordinaria del demonio se ve en su máxima potencialidad: la posesión. En toda América Hispana se verifica la existencia de las bendiciones de sacerdotes que expulsan demonios, como práctica, sino común, al menos reiterada.
Las expresiones que conquistadores y misioneros encontraron en América indican que este continente era tierra del diablo. En un excelente trabajo el polígrafo argentino Héctor Petrocelli manifiesta, en un esfuerzo sintético pero sistemático y sólido, las facetas negativas de las culturas que se hallaban aquí al momento del encuentro. (19)
La religiosidad inmanente, naturalista, dualista, idolátrica y nigromántica. El holocausto de seres humanos como víctimas ofrecidas para el apaciguamiento de los dioses y la antropofagia como expresiones típicas de esa religiosidad (20). La dispersión, dominación y esclavización de los pueblos vencidos en las guerras genocidas. La negación de un orden jerárquico o aristocrático basado en las virtudes y la aplicación a sangre y fuego de una sociedad estamental establecida por el derecho de la fuerza y la iniquidad. El sojuzgamiento de la mujer, la desidia, el incesto, la poligamia, la embriaguez y la sodomía como prácticas no sólo comunes sino aceptadas y hasta socialmente valoradas. Tal era parte importante del panorama hallado por los cristianos emergidos de la Reconquista, caballeros de la Cristiandad medieval empeñados en poner la fuerza armada al servicio de la Verdad desarmada. ¿Existió, existe, otra explicación para aquella situación que la ofrecida por la evidente acción demoníaca? ¿Existió entonces otra alternativa que la ofrecida por la cruz y espada para batirse en el Buen Combate?
A este respecto es patético observar como aquellos heterodoxos de toda jaez que venimos criticando como partícipes del proceso cultural anticristiano, no dudan en exaltar las costumbres indígenas con tanta asiduidad e intensidad como destrozan las cristianas empresas indianas de misioneros y conquistadores. A propósito recordamos una reflexión de Antonio Caponnetto quien aseguraba que la conocida frase de Baudelaire está superada: hoy la mayor argucia del diablo no es hacer creer que no existe sino hacer creer que su existencia es buena (21). Algo de eso hay en las vehementes odas de exaltación a la desordenada y cuasi demoníaca vida indígena anterior a la predicación de la Palabra en este continente. (Seguirá)

Sebastián Sánchez Tomjo@infovia.com.ar
Notas y bibliografía
1.- Antonio Caponnetto. Hispanidad y leyendas negras. La Teología de la Liberación y la Historia de América, Bs. As., Cruzamante, 1989. En este libro del gran pensador argentino se exponen los errores históricos de las leyendas negras como así también su génesis ideológica. Sin embargo, y más allá de las fundamentales explicaciones que nos brinda acerca de la las falacias historicistas e inmanentistas, consideramos de valor esencial su valoración de las nociones centrales de Cristiandad – Hispanidad.
2.- El documento redactado por la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe es más que esclarecedor a este respecto. Cf. Instrucción sobre algunos aspectos de la Teología de la Liberación, Bs. As., Paulinas, 1984.
Sin embargo y, a diferencia de las herejías que profusamente han asolado la historia de la Iglesia Católica, la Teología de la Liberación pretende permanecer dentro de la Iglesia para procurar destruirla por dentro, Esto es una característica de los herejes contemporáneos, desde los modernistas hasta los actuales eco teólogos o las tristemente conocidas católicas por el derecho a decidir.
3.- Caponnetto. Op. Cit. p. 15. Podemos citar muchos ejemplos acerca de esta cuestión pero algunos fragmentos de Enrique Dussel, uno de los más importantes cultores de esta ideología, nos parecen suficientemente representativos: "...había que construir- nos dice Dussel - la categoría bíblica de pobre, oprimido, desposeído, como categoría de la ciencia histórica (...) la totalidad social de una época había que estudiarla como determinada por una cierta totalidad práctico productiva (sea tributaria, capitalista, etc.) que, por su parte, permitiese definir las clases sociales. Las diversas maneras de articularse dichas clases en coyunturas históricas, bloques históricos, aclara el sentido de una época, período o acontecimiento." Dussel E. (Ed.) Resistencia y esperanza. Historia del pueblo cristiano en America Latina y el Caribe. CEHILA- DEI. San José de Costa Rica, 1995.
4.- Mons. Boaventura Kloppenburg. Pluralismo Eclesial, en: La iglesia del Señor. Bogotá. CELAM.1983.
5.- Desde la publicación de "Las venas abiertas de América Latina" del infausto literato uruguayo Eduardo Galeano hasta las publicaciones pseudocientíficas del ámbito pluriversitarioactual se evidencia la simiente errónea de los planteos de la Teología de la Liberación. De más está repetir que estas tesis apoyadas en la una hermenéutica ad aeternum son la versión nueva de viejos errores.
6.- Sobre las bases filosóficas e históricas del marxismo se ha escrito mucho y de lo mejor pero nos parecen sustanciales las expresiones que al respecto pronunciaran dos sacerdotes argentinos: ".. el tránsito injustificado y apriorístico, del orden gnoseológico al ontológico es el equívoco más claro y la raíz profunda del fallo básico en el idealismo hegeliano. Marx adopta con entusiasmo el método dialéctico, pero al advertir la intrínseca incongruencia del idealismo intenta saltar de éste a la realidad (...) por consiguiente Marx no se libra del equívoco del tránsito injustificado (...) se trata de un falso realismo porque se funda en un grosero materialismo gnoseológico." Domingo Basso – Enrique Laje. ¿Es liberador el marxismo?, Bs. As. Claretiana, 1977.
7.- Cf. Cervantes Fernando, El Diablo en el Nuevo Mundo, Herder, p.13. Este autor, mexicano y profesor en la Universidad de Bristol, brinda una interesante síntesis de la historia del demonismo en el Nuevo Mundo, particularmente en Nueva España. Se presenta a sí mismo como católico pero muchas de sus conclusiones lo acercan a algunas categorías del ,pensamiento de la Liberación. Sin embargo, su trabajo nos parece aconsejable por su seriedad para aquellos que sepan entrever la ideología entre líneas.
8.- Pinto Rodríguez Jorge. Las cosas de Dios y las hechuras de Satanás. Blancos, indios y mestizos en Chile, en: Cuadernos del Sur (25) 1995. Asimsmo otro trabajo de este autor chileno nos parece interesante como expresión de los extravíos que venimos señalando. "¿Qué vieron estos hombres cuando estuvieron frente a los indígenas de América? Una nebulosa se cruzó por sus ojos (...) Los jesuitas encontraron en Satanás la clave para traspasar la nebulosa. Diabolizaron al indígena y al mundo que los rodeaba y, valiéndose de esa condición lanzaron una cruzada en contra de quien llamaban el enemigo más cruel del genero humano" Pinto Rodríguez, J. Entre el pecado y la virtud, en: Misticismo y Violencia en la temprana evangelización de Chile. citar.
9.- Cf. Luque Alcaide y Saranyana Josep Ignasi. La iglesia Católica y América. Madrid, MAPFRE, 1992.
10.- Cf. Cervantes Fernando. Op. cit. p.22.
11.- Acosta José de. Historia natural y moral de las indias. Cit. por Cervantes Fernando Op. Cit. Pp.52.
12.- Cf. Cervantes. Op. cit. p. 51.
13.- Cf. Cervantes. Op. cit. p. 52.
14.- Cf. Martini. Imagen del Diablo en las misiones guaraníes... p. 340.
15.- Cf. Martini . Op. cit. p.341.
16.- Ibid p. 341.
17.- Pagano José León. Aproximación a los demonios y las brujas. Bs. As. EDUCA, 1996.
18.- Cf. Martini Mónica. Op. Cit.
19.- Cf. Petrocelli. "Lo que a veces no se dice de la conquista de América", Rosario, Didascalia, 1992. No hemos de caer en generalizaciones absurdas tal como los pseudohistoriadores que criticamos. América era y es una realidad profundamente rica y variada y, Si bien es cierto, que era este un caldo de cultivo propicio para el poder del demonio no lo es menos el hecho de que había culturas que más rápida y sinceramente adhirieron con entusiasmo a la Verdad predicada por misioneros y conquistadores. Caeríamos, valga la repetición, en argumentos falaces si expresáramos otra cosa.
20.- En el marco del relativismo ético que empaña los trabajos historiográficos de cuño indigenista el tema de la antropofagia y los sacrificios humanos es objeto de un respeto tan profundo cuan ardoroso resulta el ataque, por citar sólo un ejemplo, a la administración de los sacramentos. Con respecto a estos dos temas, tan difundidos en la América prehispánica, remitimos al trabajo de Agustín Zapata Gollán: La guerra y las armas. Una visión de la América indígena, Bs. As., Eudeba, 1965.
21.- No realizamos transcripción literal de la cita.

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Tras el contenido de la primera parte en esta segunda parte se continúa exponiendo como la evangelización cristiana supuso una liberación para los indígenas, sometidos en su gran mayoría a creencias mitológicas de carácter demoníaco, que incluían sacrificios humanos y ofrendas de sangre.

PARTE II

La lucha contra el demonio en las misiones.
América, como ya hemos dicho, fue al inicio del descubrimiento y colonización, un extenso y variado patrimonio de culturas, lenguas y paisajes humanos. Por ello los misioneros, centrados en la predicación de la Palabra y su inculturación, se preocuparon por hacer asequible la unidad. Aprendieron la lengua y costumbres aborígenes, para después inculturar el Evangelio y vertebrar esa cultura bajo la forma lingüística de Castilla. No podemos en este trabajo, pues excede su objeto y nuestra competencia, brindar un panorama completo de la lucha contra el demonio en el marco de las misiones en general pero sí podemos remitirnos a una misión en particular de modo tal que lo allí acontecido pueda ser comprendido como manifestación particular de cuestiones universales. Hemos de tratar entonces la misión del Nahuel Huapi, ubicada en el límite entre las actuales provincias de Río Negro y Neuquén en la República Argentina.
Esta misión fue realizada por misioneros jesuítas hacia fines del siglo XVII (1670). El primer misionero y, uno de los arquetipos de la evangelización americana, fue Nicolás Mascardi.
Las distintas fuentes señalan a Nicolás Mascardi como un misionero sino excepcional al menos fuera de lo común, aún cuando se trataba de una época en la que la virtud, el sacrificio y el martirio eran moneda corriente entre misioneros y conquistadores. Su vida misional, iniciada en el establecimiento de Buena Esperanza, se extendió a lo largo de la Araucanía, región constantemente determinada por su aislamiento del resto de la Capitanía general y a merced de los levantamientos de los araucanos. Mascardi, como la mayoría de sus contemporáneos, comprendió la importancia de la lucha contra el demonio partiendo de un fuerte ideal ascético.
Cómo hemos adelantado en la primera parte de este artículo América era un continente condicionado por la acción demoníaca. Las diversas prácticas religiosas y culturales demostraron a los españoles recién llegados que esta tierra estaba en manos del Enemigo de la naturaleza humana. Pero, y esto es fundamental, los misioneros no comprendieron la acción del diablo dirigida con exclusividad a los indígenas pues todo hombre es plausible de esta acción. Por eso pierde sentido la ideológica categoría de demonización pues todos los hombres, insistimos, pueden caer bajo la influencia del demonio (1). El ideal ascético que dominó la vida activa de los misioneros en general y de los jesuítas en particular estuvo íntimamente relacionado con esa certeza. Al respecto San Ignacio utiliza una interesante comparación para describir las características que posee la lucha contra el demonio. Citamos in extenso:
"…el enemigo se hace como muger flaco por fuerza y fuerte de grado; porque así como es propio de la muger, quando riñe con algún varón, perder ánimo dando huida quando el hombre le muestra mucho rostro; y por el contrario, si el varón comienza a huir perdiendo ánimo, la ira, venganza y ferocidad de la muger es muy crescida y tan sin mesura; de la misma manera es propio del enemigo enflaquecerse y perder ánimo, dando huida sus tentaciones, quando la persona que se exercita en las cosas spirituales pone mucho rostro contra las tentaciones del enemigo haciendo el opposito per diametrum, y por el contrario, si la persona que se exercita comienza a tener temor y a perder ánimo en sufrir las tentaciones, no hay bestia tan fiera sobre la faz de la tierra como el enemigo de la natura humana, en prosecución de su dañada intención con tan crescida malicia." (2)
Quizás las palabras del mártir Roque González de Santa Cruz a otro misionero puedan clarificar más lo expresado:
"Dios te destina a luchar con un poderoso adversario, siendo tú joven y flaco de cuerpo, para que entiendas que no has de pelear con tus fuerzas sino con las divinas, toma valor ante la grandeza del peligro y las asechanzas de Satanás." (3)
La acción demoníaca contra los misioneros se expresó también a través de influencias concretas que afectaron en parte o totalmente la misión evangelizadora de estros padres.
"Quien con mayores veras procuró impedir su viaje - dice el anónimo autor de un escrito sobre el P. Mascardi - fue su mayor enemigo, el demonio, con quien tenía grandes batallas y le hacía muchos males." (4)
Pero es claro que, más allá de las desventuras físicas, el mal provocado por el demonio se evidenciaba mayormente en lo espiritual. Así vemos cómo el P. Guillelmo, otro misionero del Nahuel Huapi, fue seducido por una mujer en Santiago de Chile cuando se aprestaba a salir para la misión. Pudo salir victorioso del sensual lance merced a la intercesión de María Santísima, obtenida mediante la oración constante del clérigo.
Otro jesuita, misionero en el Paraguay, narra su experiencia con el demonio quien aprovecha el momento de la oración para atacarlo.
"En la oración (...) sentía al demonio con tanta viveza que me vi forzado a salirme de la celda por el gran horror que sentía. Al cual sentía de tres maneras: la primera quien tira dardos de malos pensamientos derechamente al alma, para inquietarla. La segunda, un horror grande que siente el alma y temor, sin figurarse nada. Las tres, una figura de negro muy grande con un palo en la mano muy grueso. Algunas veces era tanto el temor que casi no podía con buenos pensamientos vencerlo, hasta que totalmente había pegado el alma en su oración, que entonces no había temor alguno." (5)
Pero es importante comprender que fue el demonio quien, a pesar de su poder, temió la llegada de los misioneros. El arribo de estos y el inicio de la evangelización implicó que el territorio a su merced comenzaba a caer. El P. Mascardi es bien explícito al respecto:
"Bien se echa de ver lo que temía el demonio esta venida, pues tantas veces procuró darme en la cabeza y quebrarme las piernas o ahogarme o estorbarme la venida o dilatarla. Pero Dios Nuestro Señor por su misericordia acordase ya de tantas ovejas suyas, redimidas por su sangre y metidas en boca de tantos lobos y demonios, que tantos años han sido señores de estas tierras." (6)
Por otro lado el P. Olivares, en un relato casi literario y profundamente simbólico, explica el efecto que tuvo sobre el demonio la anticipada llegada de los misioneros:
"Algo conjeturó el demonio también de esta entrada de los padres a esta misión [posterior al martirio de Mascardi] porque años antes sin poder disimular su sentimiento lo manifestó a una junta de brujos, i a varios que se hallaron presentes. Viéndole estos algo triste le preguntaron la causa; a que respondió: ‘Estoi así porque sé que presto vendrán padres a estos parajes que han de enseñar la doctrina de Cristo, lo cual siento grandemente.’ Todo esto cede en crédito de estos celozos padres, cuya entrada en estas provincias no podía causar al demonio aflicción, sin dar mucha gloria a Dios, i ser de grande provecho a las almas." (7)
La llegada al Nahuel Huapi (como a todas las tierras por conquistar y evangelizar) representó para los misioneros la oportunidad de realizar un corte abrupto en la vida espiritual de los indígenas, dominada hasta ese momento por el demonio. A partir del anuncio de la Buena Nueva y la consecuente conversión debían ser devueltos a la Gracia santificante, esto es, la justificación. De forma tal que el hecho principal del Cristianismo no excluía a los indios, antes bien los incorporaba sin demora. Tanto el descubrimiento como la evangelización inmediatamente posterior implicaban para los misioneros cumplir con una misión de carácter divino en la que ellos representaban un papel fundamental como instrumentos de laVoluntas Dei. El hecho de ser representantes y subordinados de la Corona Española no invalida la presencia fundamental de su obediencia a Dios mismo, cuya suprema voluntad indicaba la conversión de los naturales.
Para poder llevar adelante esa misión que les había sido encomendada en la patria celeste y la terrestre los jesuitas (cómo el resto de las órdenes religiosas) contaron con las armas espirituales del cristiano que les permitieron la predicación y, al mismo tiempo, la lucha contra el demonio. Mencionaremos a continuación algunas de estas armas sacras: la cruz, la intercesión de Nuestra Señora (8), y los sacramentos y sacramentales entre los que se contaba el exorcismo.
En primer término, la cruz, como símbolo sobrenatural frente a una realidad natural.
"Luego que llegué a la cordillera – dice Mascardi- y empecé a divisar las cordilleras y campañas de esta banda, planté y levanté una cruz. Y después de haber rezado al pie de ella dije en voz alta que, en nombre de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tomaba posesión de todas esas almas y las restituía a Nuestro Señor Jesucristo, que las había redimido con su sangre." (9)
Con este acto Mascardi implanta la cruz y desafía a los demonios con el poder que confiere su condición sacerdotal. Este acto, tal cómo lo expresa el jesuita, es una restitución, un acto de justicia y reparación para con aquellos que, habiendo sido redimidos por Cristo, se encontraban a merced del Maligno. Arrebata de esta forma las almas indígenas de las demoniacas garras y da comienzo así al proceso gradual pero sistemático de la evangelización. Mas allá de la importancia de la conquista político - estratégica del territorio, la posesión de las tierras por parte de los misioneros fue , y esencialmente, espiritual.
La cruz representó para los religiosos un símbolo esencial que necesitó ser explicitado a los naturales de la tierra. Un misionero del Paraguay demostró mediante un encendido argumento la significación de la cruz cómo elemento de redención y la necesidad subsecuente de transmitir esta certeza a los naturales:
"…las maravillas que Dios había obrado por ella, el miedo que le tenían los demonios y que entendiesen [los indígenas] que, desde aquel punto que se acabó de levantar, saldría el demonio de sus tierras porque el verdadero Dios las tomaba debajo se su amparo." (10)
"Hasta que yo llegué- continua Mascardi- iba el demonio amedrentándolos y haciendo burlas de ellos en los caminos y en sus casas o toldos, apareciéndoseles en figuras varias y tirándoles de la ropa. Pero dicen todos que después que han empezado a bautizarse y a poner cruces en varias partes no ven nada de esto." Y más adelante manifiesta nuevamente la importancia de la cruz en la vanguardia misionera: "Y a mi me dijeron (...) que desde que yo envíe, el año pasado, aquel fiscal por delante y les envié a sus tierras una cruz por señal y aviso de que había de venir sacerdote a estas tierras, desde entonces (...) se ha librado toda esa tierra de muchas enfermedades y trabajos, con que el demonio los apuraba." (11)
El P. Sepp, misionero del Paraguay, describe el caso de una india a quien una aparición de la Virgen le hizo acuchillarse a sí misma. Después de haberle preguntado la causa del hecho, la indígena le contestó:
"Padre, la Madre Dolorosa me lo ordenó (…) la Madre de Dios me dijo: ‘Así como me herí yo misma y atravesé voluntariamente mi Inmaculado Corazón, así debes tú, hija mía, tomar tu cuchillo y abrirte el pecho, la puerta que encierra tu alma.’ ¿Cómo no iba a obedecer tan divina orden?" A lo que el clérigo respondió: "¡Oh, hija mía, como te has equivocado! El espíritu de las tinieblas se transformó en ángel luminoso para confundirte la mente con la imagen de la Dolorosa. (12)
La importancia de la intercesión de la Virgen Madre de Dios como signo y símbolo de la lucha contra el demonio es incontestable. De hecho, las imágenes de Nuestra Señora (lachiñura española como la llamaron los naturales) eran el primer objetivo en el ataque perpetrado contra las misiones. De esta forma la Virgen era concebida por los indígenas, por la mediación de los hechiceros cómo símbolo del bien y del mal alternativamente, adjudicándole el carácter ambiguo de sus propias deidades. Al respecto es interesante el relato que la menciona como causante de una epidemia.
"Por ese tiempo corrió entre los indios del norte y los pehuenches una epidemia de disentería; y consultados los machis respondieron ser la causa de ella una señora española, que los PP. Habían llevado a Nahuelhuapi [sic], para vengar la muerte del P. Mascardi. Esto decían aludiendo a una hermosa imagen de Nuestra Señora, que los PP. habían llevado allá pocos meses antes." (13)
Comenta el P. Cayetano Bruno que insistentemente los jesuitas mencionan en sus cartas anuas la fuerza transformadora que el fervoroso culto a la Virgen llevó a los indígenas. Según el insigne historiador los jesuitas cultivaron esta devoción bajo la advocación de la Virgen de Loreto y bajo la forma de congregación o esclavitud mariana.
En las instrucciones que el P. Diego de Torres (luego misionero en Chile) daba a los primeros jesuitas del Guayra recalcaba la importancia de este culto.
"En todas las iglesias que edificaren procuren hacer capilla de Nuestra Señora de Loreto. Los indios deben aprender enseguida a saludarse diciendo: ‘Loado sea Nuestro Señor Jesucristo y la Santísima Virgen María su Madre’ y hasta que sepan el Rosario suyo deben hacerles repetir Oh Jesús María!, y que las digan en todas sus necesidades, y traigan los rosarios al cuello..." (14)
El mismo Mascardi, al terminar su precitada Carta Relación expresa la importancia de la Virgen para el desarrollo de la misión:
"Esta es, Padres míos, la primera cosecha y primicias de esta cristiandad, que todos se deben al particular patrocinio y asistencia de la Virgen Santísima Nuestra Señora, a quien desde Chiloé, con solemne procesión, escogí por patrona de esta misión y siempre me asiste y acompaña con su imagen (...) ahora la llamamos Nuestra Señora de los Poyas." (15)
Por otro lado, los sacramentos fueron (y son) importantes armas para los misioneros en la doble cuestión de la conversión de los naturales y el extrañamiento del diablo de las tierras misionales. En este sentido es común afirmar que una confesión realizada a conciencia es mucho más fuerte que las bendiciones exorcistas. Pero son efectivamente los sacramentales los que ayudan, perfeccionan y santifican los elementos necesarios para el culto divino. Así, son sacramentales el aceite, el agua, el rosario, etc. Pero el más importante y utilizado fue el delexorcismo, incorporado también en el rito del bautismo, pero realizado en muchas ocasiones como ritual separado.
Si bien no hay datos que permitan aceptar la existencia de exorcismos en la misión del Nahuel Huapi las fuentes mencionan a Mascardi en la realización de este rito durante su actividad en otros establecimientos de la Araucanía.
Señala Furlong cómo el jesuita se encontró en la misión de Buena Esperanza [Chile] con una anciana considerada hechicera y que, por ende, había hecho pacto con el diablo. En el relato se visualiza el recelo misionero ante la posibilidad de brindar los sacramentos a los hechiceros, al menos antes de comprobar y asegurarse la intención fehaciente de conversión.
"Otra vieja le deparó Dios envejecida en mayores pecados, porque era hechicera y tenía pacto con el demonio y con su ayuda hacía cosas que admiraban a la gente por arte de magia cómo era andar sobre fuego, comer tizonas de fuego ardiente, caminar volando por el aire sin poner los pies sobre la tierra. Compadeciose el padre de verla tan engañada por el demonio y predicóla, dándole a entender los embustes de Satanás y lo que pretendía de su alma, y estando enferma, la tuvo convertida y para bautizarse [pero] por no ser la enfermedad grave al parecer, fue dilatando el bautismo, para irla instruyéndola mejor y sacarla del poder del demonio." (16)
El primer exorcismo practicado por Mascardi tuvo lugar también en la misión de Buena Esperanza. Se trataba de una india de poca edad, recién convertida, en la cual "…se había metido el demonio y le hacía salir de sí y hacer cosas sobre sus fuerzas y visajes horrendos (…) quiso [el misionero] certificarse si verdaderamente estaba endemoniada y púsole encima una reliquia de San Ignacio y al punto comenzó a hacer fieros visajes y mayores esfuerzos para soltarse." (17) Ante esto el cura procedió a las bendiciones y a la expulsión de los demonios.
En otra ocasión Mascardi realizó un exorcismo a una hechicera. En el relato que documenta el sobrenatural hecho se verifica la relación ya explicitada entre posesión diabólica y hechicería.
"Acertó por su ventura a caer enferma una desventurada india, que por ser hechicera tenía pacto con el demonio, y habitaba en su cuerpo con algunas legiones de su infernal compañía (…) dieron cuenta al Padre que luego fue a verla, y entrando en la casa comenzó a dar voces [la hechicera] y a decirle a qué venía, que se fuese de esa casa (…) y conociendo el Padre los visajes y esfuerzos que hacía, que estaba endemoniada, púsola una reliquia de Nuestro Santo Padre Ignacio en el pecho y luego el demonio huyó de aquel lugar y fuese a otro (…) salió el demonio con toda su compañía y la india sosegada y bien instruida, se bautizó y deshizo el pacto que tenía con el enemigo." (18)
Pero la fuerza del demonio era también manifestada a partir de otras estrategias. Según explican los misioneros, una de ellas fue la patológica embriaguez indígena.
"Con increíble astucia - dice Acosta en su citado De procuranda…- supo el demonio sazonar todo su culto en este Nuevo Mundo con la embriaguez, y al mismo tiempo enseñó que al darle culto a él se rindiera también homenaje a cualquier forma de embriaguez." (19)
De ahí que este jesuita presentará toda una sistematización evangelizadora para erradicar el mal de la embriaguez. Y todos los misioneros se hicieron partícipes de esta acción.
"Quise en esta huelga - dice Mascardi - ya que no había querido admitir su chicha, agasajarles de otra manera y fue dispararles de repente tres arcabuzasos, mientras estaban bebiendo. Todos se dejaron caer luego en el suelo y derramaron la chicha que tenían en las manos; y luego que pasó el susto, comenzaron a reírse unos de otros..." (20)
Lo que en verdad preocupaba a los misioneros era la relación que establecían entre embriaguez y el culto invertido a Satanás.
"En el día grande de Viernes Santo, en el que los cristianos veneramos la muerte del Salvador, por artificio de Satanás los indios celebran solemnemente y ebrios sus juegos criminales idolátricos." (21)
Por último es menester señalar que, en el marco de la guerra contra el demonio, las fuentes plantean sistemáticamente la cuestión del anti-testimonio español. No queremos aquí establecer una distinción artificial e ideológica entre laicos conquistadores y misioneros evangelizadores. La empresa indiana toda fue realizada por ambos. Cómo dice el egregio Maeztu: "Lo mismo los reyes, que los prelados, que los soldados, todos los españoles del siglo XVI parecen misioneros." (22) Pero esto no obsta el hecho de que hay que explicitar el papel jugado por las acciones antitestimoniales de muchos europeos en la evangelización americana. En el sentido que venimos discurriendo éste también es explicado como producto de la acción del diablo. Un informe para el Rey sobre el estado de las misiones en 1697 brinda una interesante imagen del obstáculo del anti-testimonio impuesto a la acción jesuita. Citamos in extenso:
"…al Rey nuestro Señor he informado del inmenso gentío de Chile y presencia de operarios para su conversión, y de las dificultades y óbices que ponen los hombres y los demonios, conjurándose todo el infierno contra todas estas pobres almas redimidas con la sangre de Cristo (...) lo cierto es que desde Vio Vio, principio de las tierras gentiles, hasta Chiloé, último término de lo descubierto, están treinta jesuitas desterrados por Cristo entre bárbaros, viviendo con las mayores incomodidades y desconsuelos que se pueden esperar (…) andan continuamente bautizando, doctrinando y sacramentando con increíble modestia, por estar los indios esparcidos (…) y con todo, perseverando constantes los jesuitas por el amor a Cristo, aunque lluevan persecuciones de los demonios y más de los hombres." (23)
La cita es significativa en tanto expresa la importancia que los misioneros daban a las acciones que los españoles presentaban a contrario de la evangelización. Pero, pese a ello, esta cuestión no hace más que valer lo sostenido en este trabajo en el sentido de que los españoles fueron tan plausibles de la acción demoníaca como los mismos naturales. Si algunos españoles manifiestan un testimonio contrario a la evangélico es porque en ellos también actúa el Maligno.
Pero es claro que en los misioneros, también objetos de la acción del Malo, la tentación es muy inferior. La misma muerte mártir de Mascardi es suficientemente expresiva a este respecto. El santo predicador es muerto a golpes de boleadoras y asaeteado como un moderno Sebastián, mientras regresaba a su misión luego de su cuarto viaje evangelizador al Estrecho de Magallanes. La acción encolerizada de los tehuelches que lo asesinan (junto a los cristianos indígenas que lo acompañaban) es un estertor más del Maligno que pretende la destrucción de aquellos que impedían la continuación de su reinado en estas tierras.
Sin embargo, y esto es esencial, lo dicho hasta ahora no obsta el hecho de que la acción del demonio se dio fundamentalmente en las culturas indígenas, dando por supuesta la precaución de establecer su enorme diversidad y la mayor predisposición de algunas culturas para comprender la Palabra.

A modo de conclusión.
Hemos intentado en este trabajo exponer en forma sucinta algunas de las circunstancias que se plantearon en el decurso de la evangelización americana con respecto a la lucha contra el Príncipe de la Tinieblas. Reiteramos que no ha sido nuestra intención hacer un balance histórico general de las vicisitudes de esta confrontación en el desenvolvimiento de la historia humana como parte inescindible del Plan de Salvación divino. Sin embargo hemos de expresar que las características de la acción diabólica, lo perverso de sus estrategias, las argucias impías y su aplicación en los humanos secuaces, no ha de ser profundamente disímil en el período que estudiamos o en cualquier otro de la historia.
Al inicio de este artículo hemos intentado dar una somera idea acerca de lo pernicioso de la interpretación ideológica que los historiadores y teólogos progresistas pretenden dar sobre el papel del diablo y lo diabólico en América. Las consecuencias de ese proceso de ideologización malintencionada se expresan en la formación de las leyendas negras.
Nos pareció importante intentar develar hasta qué punto estas leyendas negras y sus lugares comunes llegan a cualquier tópico o circunstancia de la historia americana. (24) A este respecto es innegable que no hay aspecto de nuestra historia que no esté deformado o desnaturalizado. E insistimos: la falsificación de la historia de la Iglesia o, mejor dicho, la tergiversación del decurso histórico salvífico de la Iglesia Madre y Maestra en Hispanoamérica, ha producido y produce una deformación consecuente en el resto de los aspectos de nuestra historia. Aquí también vale la sentencia de Chesterton: roto lo sobrenatural, sólo queda lo antinatural.
Pero por todo esto nos parece indispensable declarar que la cuestión del demonio no puede opacar, en la predicación y en la vida del cristiano, la Buena Nueva como realidad primera y esencial.
"La demonología - decía la Conferencia de Obispos de Toscana en un documento de 1994 - y los problemas que plantea, aunque sean graves (...) no representan un primum en una visión adulta e integral de la fe, y en el interior de un concepto correcto de la jerarquía cristiana de las verdades. El primado pertenece a Dios, a la confianza incondicional que le es debida, a su Hijo Jesús y al Espíritu Santo que El derrama en la vida de la Iglesia (...)."(25)
La importancia de esta aclaración es esencial si pensamos en la malintencionada y pletórica difusión de cuestiones vinculadas al espiritismo, el esoterismo y el satanismo expresada desde las más diversas manifestaciones de la actual cultura de masas. Y es que esa avalancha mediática sólo se comprende si se tiene presente el viejo y a la vez remozado error nominalista que le da origen: la ruptura de la concordancia entre gracia y naturaleza. Error reiterado hasta el hartazgo por las corrientes secularistas y protestantoides del pensamiento contemporáneo.
"La cultura atea del Occidente moderno - decía el cardenal Ratzinger en su Informe sobre la Fe - vive todavía gracias a la liberación del terror de los demonios que le trajo el cristianismo. Pero si esta luz redentora de Cristo se apagara, a pesar de toda su sabiduría y de toda su tecnología, el mundo volvería a caer en el terror y en la desesperación. Y ya se pueden ver signos de este retorno a las fuerzas oscuras, al tiempo que rebrotan en el mundo secularizado los cultos satánicos." (26)
Tal como señala la oración de León XIII que hace las veces de epítome de este trabajo es menester rogar por la intercesión y el auxilio del Príncipe de las milicias celestiales para que nos proteja y dé fuerzas en la dura lucha contra los espíritus inmundos que asolan la tierra. Pero esta lucha no tiene ni tendrá sentido sino está robustecida en la certeza de la Salvación y la Vida Eterna en Dios Nuestro Señor.

Sebastián Sánchez tomjo@infovia.com.ar

Notas y Bibliografía.
1- En la primera parte de este trabajo hemos indicado las diversas formas de la influencia demoníaca y es una verdad de perogrullo insistir en el hecho de que esa acción estaba y está dirigida a todos los hombres pues el Príncipe de este mundo no distingue culturas ni razas para ejercer la tentación al mal y el mal mismo.
2.- Loyola, Ignacio de. Ejercicios Espirituales, Madrid, Sal terrae, N° 325- 12° regla.
3.- Roque González de Santa Cruz. Citado por Contardo Miglioranza, Tres mártires rioplatenses. Roque González de Santa Cruz, Alonso Rodríguez y Juan del Castillo, Buenos Aires, Misiones Conventuales Franciscanas, 1998.
4.- Furlong, Guillermo. Entre los tehuelches de la Patagonia, Buenos Aires, San Pablo, 19743.
5.- Ruiz de Montoya, Antonio. Relación de las gracias recibidas de Nuestro Señor, en Lozano Pablo. Las misiones jesuíticas, Lumen, Bs. As. 1989.
6.- Vignati , Milcíades "Carta relación del P. Mascardi, 1670"Antecedentes para la protoetnografía del Norte de la Patagonia": Boletín de la Academia Nacional de la Historia, 34:2 (Buenos Aires 1963).
7.- Olivares, Miguel de. Historia de la Compañía de Jesús en Chile (1593-1736). Colección de historiadores de Chile. T. VII.
8.- Cómo en el resto de las cuestiones que estamos tratando la intercesión de Nuestra Señora en la lucha contra el diablo no puede parecer exclusiva de la epopeya indiana, pues antes y después de ella es evidente la importancia de la Virgen como el verdadero sostén espiritual de los cristianos para enfrentarse con el Maligno. Al respecto nos parecen esenciales las palabras de San Luis M. Grignion de Montfort: "Dios no ha fraguado ni maquinado nunca más que una enemistad, pero ésta irreconciliable, que durará y aún crecerá hasta el fin: y es entre María, su digna Madre, y el demonio; entre los hijos y siervos de la Virgen, y los hijos y secuaces de Lucifer; de modo que el más terrible de los enemigos que Dios ha suscitada contra Satán, es María, su dulcísima Madre..." Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, Cap. I., N° 52.
9.- Mascardi. Carta relación, (1670) [Vignati, Milcíades. "Antecedentes para la protoetnografía del norte de la Patagonia". Boletín de la Academia Nacional de la Historia (Bs.As.), 34:2 81963) ].
10.- Sepp, Antonio. Continuación de las labores apostólicas, Buenos Aires, Eudeba, 1973. Edición crítica de las obras del P. Sepp a cargo de Werner Hoffmann. T.II. pp.16.
11.- Mascardi. Op. Cit. p.
12.- Sepp. Op. cit. pp.17 y ss.
13.- Enrich, Francisco. Historia de la Compañía de Jesús en Chile, Barcelona, Francisco Rosal, 1891. T. I. p. 61.
14.- Bruno Cayetano. La Virgen Madre de Dios en la Historia Argentina., Córdoba, 1997.
15- Mascardi. Carta Relación. p. 504.
16.- Enrich Op. Cit. p. 101.
17- Ibid. p. 105.
18- Acosta. De Procuranda Indorum Salute. p. 563.
19.- Ibid. p. 565.
20.- Mascardi Op. cit. p. 496.
21.- Enrich. Op. Cit. p. 110.
22.- Defensa de la Hispanidad, Buenos Aires, Poblet, 1952, p.117. En otra perspectiva, menos ortodoxa, Julián Marías advierte acerca del peligro de esta interpretación: "Se está difundiendo la propensión a considerar que los religiosos eran los ‘buenos’, frente a los descubridores, exploradores y colonizadores, como los ‘malos’. La empresa de América no fue realizada por los eclesiásticos, sino por grupos de españoles seglares, bajo el patrocinio de los reyes, en una serie de proezas de increíble dificultad, heroísmo y sacrificio, con riesgo y pérdida efectiva de innumerables vidas, y con el cristianismo siempre presente, lo que supuso la permanente colaboración de religiosos y sacerdotes, pronto de los obispos." Sobre el cristianismo, Barcelona, Planeta, 1997, p.185.,
23.- Covarrubias Antonio de. Memorial dirigido a la Junta de Misiones, en: Claudio Gay, Historia física y política de Chile (París 18846), p. 275.
24- El precitado A. Caponnetto ha escrito mucho y bien sobre la temática general que nos ocupa. Particularmente recomendamos su trabajo sobre los lugares comunes de la leyendas negras en el cual, al mejor estilo de Bloy, se esmera por echar luz sobre esas falsificaciones.
25- Conferencia de Obispos de Toscana, Carta Pastoral Magia y Demonios del 15 de Abril de 1994, Buenos Aires, Paulinas, 1996.
26- Joseph, Cardenal Ratzinger, Informe sobre la Fe, BAC, p.153, citado por Carmelo Palumbo, Demonología, Espiritismo y Sectas, Bs. As., CIES, 1990.

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