jueves, 25 de febrero de 2016

Poder del Diablo – Poder de Dios


05_Tentaciones_de_Cristo_(Botticelli)



“Todo esto es mío y lo doy a quien yo quiero; todo esto te daré si cayendo a mis pies me adorares’. Un hombre algún día aceptará este trato. No sé qué día”. Castellani, Leonardo. El Evangelio de Jesucristo. Buenos Aires, Theoria, 1963, p. 152.
El domingo I de Cuaresma la Liturgia de la Santa Misa nos ofrece la narración de las tentaciones de Cristo.
En la Capilla Sixtina en su pared norte hay un fresco de Sandro Botticelli en el que el pintor renacentista florentino hace alusión a las diversas tentaciones que Jesús sufrió durante su estancia en el desierto. A la izquierda contemplamos al demonio exhortando a Cristo para que transforme las piedras en panes; en el centro, sobre la iglesia, el demonio anima a Jesús a que se tire desde el tejado para ser salvado por los ángeles; a la izquierda enseña las riquezas del mundo que entregará a Cristo si éste se postra y lo adora. En las dos primeras tentaciones el Demonio aparece caracterizado como un eremita mientras que en la última es descubierto por el Hijo de Dios que lo llama: Satanás y por eso aquí nos muestra su característico aspecto. Lucifer se despeña en el borde del precipicio mientras unos ángeles preparan la mesa para la Eucaristía. Esta escena eucarística está directamente relacionada con la imagen de primer plano en la que se presenta un sacrificio judío –hay críticos que aseguran que se trata del sacrificio de agradecimiento del leproso curado por Cristo– sin dudas es prefiguración de la celebración eucarística, que refuerza el mensaje del milagro de la transustanciación, en un tiempo en el que empezaba a ser cuestionado por las reformas religiosas del siglo XVI.
El Padre Leonardo Castellani en el sermón acerca de este pasaje del Evangelio de San Mateo señala que habría mucho que decir pero a fin de ser breve se va a centrar en tres puntos: el Tentador, el Tentado y nosotros.
El Tentador
Con respecto al Tentador nos explica que, a pesar del talento del diablo éste no estaba seguro de que Cristo fuera realmente el Mesías. Esto, que puede parecernos increíble puesto que el demonio conocía la Escritura, subraya la enormidad del Milagro y el Misterio Absoluto que implica un Dios que se hace hombre, algo imposible de ser creído por un ser creado a menos que sea por un acto de fe sobrenatural, acto que necesita de la gracia de Dios, que el diablo no posee. No basta la ciencia o el conocimiento, es necesaria la fe. El Tentador quiere hacer pecar a Cristo y sacarse la duda.
Sobre el poder que tiene el diablo hay una hermosa idea que expone en la que es conveniente detenerse. Es la siguiente:
“El diablo tiene un poder grandísimo –eso muestra el Evangelio– y por otra parte es un poder vano, porque se puede vencer “de palabra”, con la palabra de Dios.
Gran encomio de la Escritura Sagrada hay en este Evangelio: Cristo vence las Tres Tentaciones con el arma de la Escritura. Pero el poder del diablo es tremendo en los que están desarmados. Cuando le dijo a Cristo: “Todo esto es mío y a quien yo quiera se lo doy”, mostrándole los Reinos de la Tierra (en la política se puede decir que el diablo no tiene rival) Cristo no le respondió: “¡Mentiroso! Todo esto es de Dios, no tuyo”; no se metió a discutir con él, porque en algún sentido todo eso es, en efecto, del diantre; en el sentido de que hoy día, por nuestros pecados él lo mangonea todo. Él es el Fuerte Armado, es la Potencia de la Tinieblas, es el Príncipe de este mundo, como lo designó Cristo en otros lugares”[1].
Y a pesar de todo ese poder que el mismo Cristo le reconoce al diablo, es vencido “de palabra”, con la palabra de Dios… Si lo pensamos bien es sobrecogedora la fuerza de la Palabra de Dios.
En otro Sermón (II domingo de Cuaresma) resalta Castellani el hecho de que en varias ocasiones Dios habla a los hombres, como cuando después de la transfiguración dice“Este es mi Hijo amado, en quien me complazco. Escuchadlo” (Mt. 17, 5). Era la voz de Dios el Padre pero impersonada por un Ángel, y acota: “Si llega a ser la voz del mismo Dios, ‘la que hace temblar las montañas’ como dice David…, los Apóstoles no se levantan más”[2].
Y después agrega:
“Si a los antiguos griegos, romanos y galos les hubiesen dicho por la prensa, la radio y la televisión que sobre un alto monte de Judea Dios acababa de hablar, se hubiesen puesto en marcha multitudes innumerables, si no para alcanzar a oírlo a Dios, para alcanzar a los testigos que lo oyeron; y saber de sus labios lo que dijo. Salvajes y civilizados, grandes y chicos, no hubiesen perdonado bestia ni molestia para hacer esa gran peregrinación, mayor que las Cruzadas; para saber qué dijo Dios. Pero resulta que ahora lo que dijo Dios está en un librito de 12 ó 15 pesos [de 50 o 150 pesos] que sin moverme de mi cuarto puedo conseguir llamando por teléfono a la librería… la que sea, no quiero hacer propaganda comercial; y a los hombres no les interesa el librito ése: no lo leen, no lo compran, no lo estudian: ni lo mentan. Ni regalado lo quieren. Y lo que es peor, hay gente que lo lee, lo compra y lo estudia, para sacar de él divisiones, sectas, cismas, herejías y la justificación de los más grandes desvíos morales. Esta es la hechicera Humanidad”[3].
Pensaba ¡cuán cierto es esto! ¡Cuántos problemas del  mundo actual se resolverían verdaderamente si fuéramos fieles a la Sagrada Escritura! ¡Cuántas respuestas que hoy se nos piden, podríamos dar y vencer el mal, desde la fidelidad a la Sagrada Escritura!
El Tentado
Acerca del Tentado, Castellani explica por qué es el diablo lo acosa con promesas tan extrañas en vez de hacerlo con la “Bobobrígida” (hoy diríamos la Xipolitakis) o alguna similar, con “la llave del Banco Central o con las urnas llenas de votos del Congreso”. La explicación es simple. El diablo sabía que Cristo era un varón religioso y lo tienta como tal: el demonio tienta de soberbia. Las tres tentaciones en opinión de Castellani, fueron de soberbia, ya que no tienta de sensualidad “a los que hacen Cuaresmas tan rigurosas como Cristo”. Es interesante la explicación acerca de que el diablo como la mona de Dios (ya que querer “ser como Dios” fue su caída y es su constante manía) tienta prometiendo o dando las cosas de Dios: lo mismo que Dios nos ha de dar si tenemos paciencia. El diablo nos empuja, nos precipita, nos invita a anticipar, a desflorar. ¡Cuán cierto es esto!  Cuántos pecados cometemos que si bien se miran no son más que eso: precipitación. Querer llegar antes –y de ser posible sin esfuerzo– al mismo lugar donde Dios nos llevaría con fidelidad y tranquilamente.
Por eso el demonio tienta a Cristo con promesas espirituales y acciones que efectivamente sucederían pero en el futuro: convertir las piedras en pan, cosa que el mismo Cristo haría; con vuelos angelicales, que también se cumplirían luego de la resurrección; finalmente con ser Rey Universal del mundo entero cosa que también un día será “como lo es desde ya en derecho y esperanza”.
Nosotros
Se han dado varias explicaciones acerca de las tentaciones con las que el demonio acosó a Cristo y cómo se defendió de ellas. El Padre Gálvez (aquí) nos ofrece la suya o Monseñor Bialasik (aquí) y coincidentemente con Castellani nos dicen que las mismas tentaciones de Cristo sufrirá la Iglesia y nosotros mismos:
“no es necesario saber mucho griego ni latín para predecir que la Iglesia será tentada, si Cristo fue tentado; y lo será con las mismas tentaciones de Cristo. (…) La primera tentación es esta: por medio de lo religioso procurarse cosas materiales. (…) La segunda tentación es, por medio de la religión procurarse prestigio, poder, pomposidades y “la gloria que dan los hombres”. (…) La tercera tentación es desembozadamente satánica; postrarse ante el diablo a fin de dominar al mundo. ¿Puede la Iglesia ser tentada así? La Iglesia no es más que Cristo. La crueldad, por ejemplo, es demoníaca. Lo santo y lo demoníaco son contrarios y por tanto están en el mismo plano; y la corrupción de lo mejor, es la peor”[4].
El diablo dice Castellani “está hoy día tentando a la Humanidad con un Reino Universalobtenido sin Cristo con las solas fuerzas del hombre. Todo ese gran movimiento del mundo de hoy –la ONU, la Unesco, las Unión de las Iglesias Protestantes… representa esa aspiración”.
¿Podemos también nosotros, en lo personal, ser tentados de la misma forma? Ciertamente, nosotros también podemos ser tentados en estas tres maneras: la primera, hacer de la religión un medio para obtener réditos económicos. Que necesitamos bienes para vivir, sin duda. Sin embargo hay un hilo muy finito en que los “bienes” se convierten en “males”. La segunda, que la religión sea un medio para conseguir prestigio. Que es necesario tener un buen nombre, sin duda pero como dice Castellani “una cosa es que los demás lo prediquen a uno santo, y otra, predicarse a sí mismo. La tercera, dominar a otros según el capricho propio imponiendo nuestra voluntad y nuestros deseos, no lo que enseña la Iglesia, la Sagrada Escritura y el Catecismo.  Decir lo mediáticamente correcto, lo que el mundo quiere oír y expresarse con criterios y palabras mundanas habla, cuando menos, de cobardía y de buscar “la gloria que dan los hombres”.
¿Cómo es posible para la Iglesia y para nosotros mismos vencer las tentaciones? Como lo hizo Cristo con la fuerza de la Palabra de Dios, el Señor nos lo ha enseñado con su ejemplo así como también nos ha dicho que cuando seamos juzgados por las sinagogas, los gobernantes y las autoridades “el Espíritu Santo en esa misma hora os enseñará lo que debéis decir” (Lc. 12, 12).
En la hora actual
El Evangelio del II Domingo de Cuaresma (después de haber instituido el Primado petrino, después de haberle llamado a Pedro “Satanás” por querer esquivar la cruz) nos sitúa en la cumbre del Monte de la Transfiguración. Está claro que el Señor obra el milagro de mostrarles a los discípulos algo de su gloria, “un relampagueo del cielo”, a fin de que puedan soportar la pasión y muerte: sabiendo que no hay resurrección sin cruz, pero que no hemos de temer a la cruz porque gracias a ella viene la resurrección.
Los que hemos tenido la gracia de ser educados en la verdadera fe, de vivir en comunidades verdaderamente cristianas, de haber tenido el acceso a los sacramentos bien dispensados, de haber tenido buenos sacerdotes, debemos considerar que esta gracia ha sido como la del milagro de la Transfiguración: una pequeña muestra de la gloria y el poder de Dios, de la santidad de su Iglesia. Si hemos recibido esta gracia es para estar listos y prontos para la hora oscura de acompañarlo en su Pasión y Cruz. Por eso, si el Señor nos dio esta gracia de conocer la gloria de su Iglesia es para que estemos listos para el tiempo de la prueba o la persecución. A no protestar, llorar y lamentarse cuando esta llega ya que sabemos que es la cruz la que nos lleva a la resurrección.
Andrea Greco de Álvarez
[1] Castellani, Leonardo. El Evangelio de Jesucristo. Buenos Aires, Theoria, 1963, p. 150.
[2] Ibidem, p. 158.
[3] Ibidem.
[4] Ibidem, p. 153-154.

domingo, 21 de febrero de 2016

LAS TRES CARAS DEL DEMONIO





Satán, el ángel de luz caído, queriendo ser como Dios y obtener la perfecta felicidad en sí y por sí, sin dependencia de Dios, se sentía frustrado, envidioso e incapaz de igualarse a la perfección divina.

Bien sabía el ángel caído el motivo de su frustración, lo que no podía jamás alcanzar: que Dios, era uno en substancia y trino en sus Personas, el misterio más insondable, la maravilla más luminosa de los cielos, la perfección más sublime desde toda la eternidad.
Quiso, pues, desafiar el misterio de Dios e imitarlo, alzándose como una trinidad falsa, aparente, contraria a Dios Uno y Trino, y, por tanto, intentó tener tres disfraces diabólicos distintos manteniendo al mismo tiempo su misma naturaleza diabólica y su único ser satánico.
Ensimismado en estos sueños de odio, de repente cayó con gran estrépito a un infierno aún más profundo y su cabeza quedó con tres rostros, signo de su inicua y soberbia pretensión; rostros carbonizados y deformes que lo acomplejaron hasta obligarlo a fabricar tres máscaras para presentarse ante los hombres.
Entonces, las labró de ébano con sus largas uñas afiladas repetidamente sobre una áspera roca humedecida con sangre. Pintó la máscara del lado derecho de color oro viejo trazándole rasgos piadosos, finos y tradicionales, mediante incrustaciones de cobre. Con esta máscara quería presentarse ante los hombres humildes, de mirada puesta al cielo, amantes de la Verdad, de las alegrías espirituales y de la esperanza en la Vida eterna. La máscara del lado izquierdo la tiñó de rojo sangre y le delineó rasgos bruscos, revolucionarios y voluptuosos con una extraña mixtura de lodo volcánico y ceniza de huesos calcinados. Con ella quería presentarse ante los hombres de mirada horizontal, hombres contrarios a la realidad trascendente e inclinados a adorarse a sí mismos, a resarcirse en lo tangible, en las riquezas materiales, en el placer carnal y en el honor y la gloria; finalmente, a la máscara central le dio colorbermejo mezclando los dos colores anteriores y le trazó con tintura de raíz de mandrágora y jugo lechoso de amapola, rasgos amables, pacíficos y reconciliadores para presentarse a todos por igual.
A Satán le era clave mantener en guerra constante o en amenaza de guerra a sus numerosos adversarios. Sabía que él, aunque apoyado por su pequeño grupo de cómplices humanos, nunca triunfaría ante ellos en un campo de batalla abierto, frontal y visible; buscaba el engaño perfecto. Día y noche maquinaba las mil y una maneras de polarizar a los hombres en dos bandos, sacando el mayor provecho a sus tres máscaras; maquinaba echando vapores nauseabundos por sus seis orejas de murciélago y por sus tres bocas de dragón. Quería alimentarles el odio entre sí hasta llevarlos a la guerra fratricida, para, luego, desangrados y sin ningún vigor, masificados, conducirlos encadenados a su Averno.

Así, pues, una noche sin luna ni estrellas, Satán desesperado encontró repentinamente la forma más eficaz de utilizar sus tres máscaras y sus tres lenguas: un fuego mortecino infernal había irrumpido en la noche y le había inspirado el plan para crear la guerra entre los hombres y, luego, esclavizarlos.

Este era el plan:
Su máscara derecha expondría con elocuencia a los hombres justos y piadosos tesis de tinte tradicional, mientras su máscara izquierda enseñaría a los demás, sin pudor alguno, ideas opuestas a la ortodoxia, ideas revolucionarias, esto es, la antítesis. Luego, creada la tensión y la guerra entre los dos bandos opuestos, en medio del trágico fragor de la batalla, haría entrar en escena su máscara central de color bermejo; su máscara de rasgos serenos y de labios reconciliadores que, como bandera de la paz, invitaría a construir la verdad mediante el diálogo.
Esta sería, por tanto, su máscara del falso dios de la paz, del “anticristo salvador” de la humanidad, su máscara gentil y anfitriona, con cuyos labios invitaría por igual a ortodoxos y a revolucionarios, a deponer las diferencias y la guerra, cediendo en todo aquello que los dividiera y uniéndose entre sí en torno a sus puntos comunes, es decir, adhiriéndose a una doctrina híbrida.

Esta sería entonces la síntesis satánica, en la cual, lo que no fuera común a los contendientes, esto es el motivo de la guerra – Cristo, el enemigo de Satán –, quedaría excluido, y lo que los unía – un ficticio y confuso dios de la paz – sería aceptado por todos.

Esta, pues, sería la máscara de la victoria del Satán ecuánime y aparentemente justo, adalid de una falsa paz, con la cual daría su última batalla.

Visto en https://eccechristianus.wordpress.com

miércoles, 17 de febrero de 2016

PATRICIA VERBOVEN - CONOCER AL PEOR ENEMIGO


DIABLO



Se engrió tu corazón a causa de tu hermosura;
corrompiste tu sabiduría con tu esplendor;
por eso, te arrojé al suelo…” (Ezequiel 28:17)
¡Cómo caíste del cielo, astro brillante, hijo de la aurora! (Isaías XIV, 12)
Y se hizo guerra en el cielo: Miguel y sus ángeles pelearon
contra el dragón; y peleaba el dragón y sus ángeles, mas
no prevalecieron, y no se halló más su lugar en el cielo (Apocalipsis XII, 7)
El demonio…. Un ser que despierta interrogantes y temores; hay quienes quieren saber más acerca de él y quienes no se atreven siquiera a nombrarlo.
Mucho se ha escrito acerca del padre de la mentira. San Jerónimo escribe (Sagrada Biblia traducción Monseñor Juan Straubinger, libro de Isaías capítulo XIV nota número 12):
“Lucifer, que nació a la mañana, cayó del cielo, y el que fue hartado con los deleites del paraíso, mereció oír: «Si te levantares cual águila, ahí te derribaré, dice el Señor» (Abdías versículo 4). Porque había dicho en su corazón: «Colocaré mi asiento por encima de las estrellas y seré semejante al Altísimo.» El mismo Doctor Máximo pinta la actividad de Lucifer, diciendo: “El diablo no anda en pos de hombres infieles, no asecha a los de afuera… se empeña en robar las almas de la Iglesia… El demonio quiere derribar a hombres como Job, y, echado a perder Judas, pide poder zarandear a los apóstoles.” (Ad Eustoquia) De ahí que en la época que precederá a la caída de la Babilonia mundial, el Anticristo u hombre de pecado vendrá con el poder de Satanás (II Tesalonicenses 2, 9) y querrá asimismo «poner su asiento en el Templo de Dios, dando a entender que es Dios»” (II (Tesalonicenses 2, 4).”
Nuestra Santa Madre Iglesia en su divina sabiduría quiere que conozcamos al enemigo a fin de prevenirnos y ayudarnos en la lucha contra este ángel caído que tendremos que afrontar durante toda nuestra vida en este mundo.
En el campo de la demonología la información que la Iglesia posee, tanto por la revelación como por la teología y la experiencia, es tan vasta que resulta imposible de resumir en un solo artículo.
Nos pareció, por tanto, interesante la obra de Monseñor Cristiani “Presencia de Satán en el Mundo Moderno”, como una excelente introducción a este asunto por ser un libro dirigido a personas que carecen de una formación especializada, y que por la vía de la exposición de hechos más que por el razonamiento teológico va instruyendo por medio de ejemplos e historias verídicas.
En esta reseña podrá el lector recorrer algunos de los interesantes temas tratados y obtener así una visión más amplia acerca el mundo del príncipe de las tinieblas.
Es moneda corriente escuchar hoy a muchos que se dicen católicos, pero que no creen en la existencia del demonio; ¡evidentemente no han leído bien los evangelios! O bien creen que “ES PALABRA DE DIOS” menos en ese tema. No han hecho caso a las tantas veces que se relatan los casos de poseídos y de las expulsiones de demonios que el mismo Jesús realiza.
No hay pasaje más concreto que el del mismísimo Señor encontrándose en el desierto con Satán, y a pesar de que no hubo testigos de este enfrentamiento, quiso Dios que quedase escrito para que nosotros lo conozcamos. ¿Por qué entró en el designio de la Providencia hacer conocer al mundo el poder de Satanás? Para que sepamos que Jesucristo es el fuerte y ha venido a reprimir su imperio.
Pero bien, reducir el satanismo es tan peligroso como exagerarlo, no podemos ver en cualquier raro a un poseído, como hizo Lutero que en todo el conjunto de su doctrina atribuye al demonio una acción mucho más importante que la que se le otorgaba antes. De hecho las Escrituras se encargan de diferenciar muy bien entre enfermos y poseídos; estos últimos tienen una inteligencia totalmente hostil a Jesús.
El santo Cura de Ars fue testigo directo de las acechanzas o infestaciones demoníacas. Pero, ¿por qué tantos santos han tenido que pelear contra él? Justamente porque el maldito sabía bien de la eficacia de su ministerio y sus plegarias para la salvación de las almas; y por ser esa tarea contraria a la suya, que es la perdición de las mismas, les ha tenido gran rencor y los ha tratado de desviar de sus tareas, así como en las apariciones de Lourdes, se ha esforzado por imponer el descreimiento de Bernardita la vidente, creando apariciones falsas.
La posesión es una caricatura de la encarnación, y el demonio infesta a la víctima sin tener en cuenta si es pecadora o no. Sabiendo que nada sucede sin el permiso de Dios, suponemos que estas acciones demoníacas suceden para mostrarnos la realidad del mundo preternatural ya que la mejor astucia del diablo es persuadirnos de que él no existe.
¿Tiene esto remedio? ¡Por supuesto! Dios no nos habría dejado librados a las manos del maligno. El remedio es el exorcismo de la Iglesia Católica, el cual hace efecto luego de aplicarlo varias veces. El maldito no soporta el Ritual Romano y termina pidiendo piedad al exorcista y ser expulsado de ese cuerpo, no al infierno nuevamente sino al desierto o a los cerdos, o a algún otro lado donde no podrá molestar; por supuesto que el caído se asegurará de poner su mayor esfuerzo para que la persona poseída parezca enferma y no endemoniada, para que no lo saquen de allí.
El agua bendita es uno de los elementos que no puede soportar y he aquí en la fórmula de bendición del agua y la sal, la respuesta del porqué:
“Te exorcizo, sal creada por el Dios viviente…, para que te conviertas en sal exorcizada para la salvación de los creyentes; para que seas, para las almas y los cuerpos de todos los que te usarán, un elemento de bienestar; para que de todo lugar donde hayas sido repartida sea alejada, echada, toda ilusión, toda malicia y toda emboscada del Demonio engañador, así como todo espíritu, inmundo, conjurado por Aquel que vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos, y al mundo por el fuego.”«¡Así sea!»”
“Te exorcizo, agua creada en el nombre de Dios, Padre todopoderoso…, para que te conviertas en agua exorcizada que aleje toda potencia enemiga; para que también seas capaz de alejar y desarraigar al Enemigo mismo, con sus ángeles apóstatas, por la virtud misma de ese mismo Jesucristo, Nuestro Señor…”
“Oh Dios, que para salvación del género humano has mezclado la substancia del agua a tus más grandes misterios, atiende en tu misericordia nuestra invocación para que esta criatura que es tuya reciba de la gracia divina el poder de alejar los demonios.”
No hacen falta más explicaciones.
Ya adentrándonos en el mundo de las posesiones demoníacas, el libro refiere varios casos, obviamente documentados, ya que la Iglesia discierne muy bien antes de autorizar un exorcismo y para ello existen los sacerdotes especialistas que no solo supervisarán los signos o síntomas del poseso sino que serán los encargados del trabajo de echar al diablo de ese cuerpo.
Entre los casos, se describen las infestaciones de niños y también los exorcismos que realizó el Santo cura de Ars; y aquí se aprovecha para advertirnos que la Iglesia en su sabiduría, prohíbe bajo pena de pecado grave asistir a brujos, adivinos, etc… justamente porque ellos son muchas veces la puerta o los culpables de las posesiones.
Destaca especialmente, el extraño caso de Antoine Gay en el cual ¡el demonio es obligado mediante la posesión de esta persona, a trabajar por la conversión de las almas!
Isacarón, el demonio que posee a esta pobre persona, y que dice ser el príncipe de la impureza, es obligado a recitar frente al Crucificado, una oración a María Santísima, de una belleza sobrenatural, la cual fue luego recompuesta para pedirle protección a Nuestra Madre. Estas fueron las palabras del caído:
“¡Oh María! ¡Oh María! obra maestra de las manos divinas. Tu eres lo que Dios ha hecho de más grande. Criatura incomparable, tu eres la admiración de todos la habitantes del Cielo. Todos te honran, todos te obedecen y todos te reconocen como la Madre del Creador. Tú has sido elevada por encima de los Ángeles y de toda la corte celestial. Estás sentada junto a Dios eres el templo de la Divinidad. Haz elevado en tu seno todo lo que hay de más fuerte, de más grande de más poderoso y de más amable, María has recibido en tu seno virginal a aquel que te ha creado, eres Virgen y eres Madre. No hay nada que pueda comparársete, después de Dios tú eres lo más grande. Tú eres la mujer fuerte, tú sola das más gloria a Dios que todos los habitantes del cielo juntos. En ti no ha habido jamás ninguna mancha. Que todos los que digan que no eres Virgen y Madre sean excomulgados. Tú has concebido sin pecado, tú eres Inmaculada, ¡te alabo oh María! pero todas las alabanzas que te doy, remontan a Dios, al autor de todo bien. Después del corazón de tu divino hijo, ninguno hay que pueda ser comparado al tuyo. ¡Oh corazón bueno, oh corazón tierno! No abandonas ni siquiera a los más ingratos y los más culpables de los mortales Tu corazón está penetrado de dulzura para con los miserables que no merecen gracia ni misericordia, los infames pecadores son convertidos por ti. Ah! si los habitantes de la tierra te conocieran, si supieran apreciar tu ternura, tu poder, tu bondad…ninguno perecería. Todos los que recurren a ti con una entera confianza y que te rezan continuamente, sea cual fuere el estado en el que se hayan, tú los salvarás y los bendecirás eternamente. Me veo obligado a humillarme a tus plantas y pedirte perdón por todos los ultrajes que hago soportar al poseído. Confieso hoy, día de una de tus fiestas más solemnes del año, que tu divino Hijo me obliga a decir que esta es la más solemne de todas tus fiestas“
De aquí se deduce a quién teme este ser, nos dice San Alfonso María de Ligorio, que no hay mayor enemigo del demonio que María. Tiene Ella tanta fuerza para vencerlo que él le teme, en cierto sentido, más que a Dios mismo. No porque Dios no tenga mayor poder que María sino porque Satán se ve humillado de ser vencido y castigado por una pequeña sirviente de Dios. La humildad de María lo humilla más que el poder divino, y por eso este maldito, nunca blasfemará contra la Santa Madre de Dios.
¿Y qué pasa con el caído en el mundo moderno?
La ciencia es la primera que se ha encargado de hacer creer que el demonio no existe, por eso pareciera que existe hoy una especie de posesión universal. Si se desatara hoy un conflicto político entre dos bloques, no hay duda de que sería un conflicto altamente religioso entre Cristo y Satán, entre el amor y el odio, entre la fe y la incredulidad.
En este apartado, y cumpliendo lo prometido en el artículo sobre el aborto, desarrollaremos con palabras de monseñor Cristiani la explicación de lo que parece ser un mundo con mentes anestesiadas y qué papel juega el demonio en este asunto, teniendo en cuenta que este libro fue escrito en el año 1959.

Diversos grados de presencia satánica

Vamos a tratar de hacernos una idea más exacta de la acción de Satán en el universo que habitamos, en este año 1959.
Un primer punto nos parece muy seguro: Satán actúa en ciertos países más que en otros.
Surge de ahí un segundo punto no menos evidente, a saber que es posible distinguir los grados de presencia de Satán en el seno de los pueblos, algo análogo a los grados de presencia que hemos discernido entre los individuos. Hemos dicho que la acción de Satán va creciendo de la tentación a la infestación y de la infestación a la posesión. Tiene pues que haber países poseídos, países infestados y países simplemente tentados por Satán.
Hasta aquí nada de inverosímil. La dificultad surge cuando queremos hacer la aplicación práctica de estos planteos lógicos.
Lo que vamos a decir es un punto de vista personal y no compromete más que a nosotros mismos.
El país en el seno del cual advertimos actualmente la presencia de Satán en el más alto grado, es decir en el grado de la “posesión colectiva”, no vacilemos en decirlo, es la China Popular.
Lo que sabemos de ella, de lo que pasa detrás de la “cortina de bambú”, es literalmente diabólico: ¡inmenso país que contiene a un cuarto de la humanidad! Inmenso país sometido a un régimen de una dureza, de un poder, de una eficacia increíbles; inmenso país donde la mentira por una parte y el desprecio de la vida humana por la otra, éstos dos síntomas de la presencia de Satán, ejercen sus estragos de una manera más violenta y más generalizada que en ninguna otra parte.
Si el comunismo ateo existe a base de mentiras, por su negación de Dios, del alma, su negación de toda espiritualidad, debemos decir que en ninguna parte la mentira triunfa como en China Roja.
…Ahora bien, la China, con respecto a la religión, tenía el culto, sobre todo, de los antepasados y de la familia, unido a un cierto culto por ídolos. El número de cristianos no superaba los tres o cuatro millones, sobre seiscientos cuarenta, o sea ¡uno por doscientos! Pero esta modesta y valiente Iglesia de China está siendo “liquidada”, como se dice en el grosero lenguaje del comunismo. La persecución se ha enconado en la forma más brutal contra los europeos, luego contra los mejores entre los cristianos. Su mayor triunfo, sin embargo, ha consistido en arrastrar al cisma una parte demasiado grande de la Iglesia católica misma, mediante la consagración de un número considerable de obispos elegidos del pueblo, pero separados de todo vínculo con Roma.
La China Roja, por otra parte, se ha revelado satánica por su desprecio de la vida humana. Uno de sus principales dirigentes ¿no ha declarado que su país es el único que puede permitirse desatar una guerra? “Podemos perder —dijo—, trescientos millones de chinos. Quedarán todavía trescientos cuarenta millones.”
¿Una frase como ésta no es acaso puro satanismo?
Y lo que le da verosimilitud es el modo con que se ha tratado hasta hoy a los adversarios del régimen. De acuerdo con las estadísticas británicas, se ha ejecutado entre ochocientos mil y un millón quinientas mil personas en China Roja, desde hace diez años. ¡Es seguro que la República Popular China ha nacido en un baño de sangre humana! Y lo que ocurrió en el Tibet nos da una nueva prueba de ello.
Se ha hablado a menudo, desde hace cien años, en nuestro país, del peligro amarillo. Este peligro es ahora inminente. Muy probablemente de la China se propagará el incendio que un día u otro devorará a toda la tierra.
Por todas estas razones, porque consideramos la mentalidad china actual, el predominio del comunismo ateo en esta parte del mundo, creemos poder hablar de una posesión diabólica colectiva en esa tierra lejana.

Infestaciones

Inmediatamente después de la China, aunque muy diferente de ella, nos permitimos colocar a Rusia comunista. Pero entre el caso de la China y el de Rusia, creemos que existe tanta diferencia como entre una posesión y una infestación.
¿Cuál es esta diferencia? Para nosotros es esencial. La China Roja está poseída. Satán es allí el amo. Agita este gran cuerpo en todos sentidos. Establece un orden perverso, una disciplina de hierro, una ambición temible, un apetito de dominio que no cesará, sin duda, de crecer, un furor de destrucción que nuestros sobrinos o sobrinos nietos verán, sin duda, en actividad.
En Rusia, el Demonio está presente en la conducción, en la política, en la enseñanza, en los designios de futuro de los dirigentes.
Pero lo que durante tanto tiempo se ha llamado “la santa Rusia” permanece intacta, en una gran parte. La fe vive, la plegaria actúa.
Los embustes del Demonio no han alterado la fe intensa del pueblo ruso. Las infestaciones son violentas y pérfidas, pero ineficaces en lo concerniente al alma profunda de la nación. Todo lo que sabemos o creemos saber sobre Rusia nos hace llegar a la conclusión de la dualidad esencial entre el partido diabólico que ejerce el poder y las masas populares que siguen siendo cristianas. Por su paciencia, por su fidelidad, por su apego a las viejas tradiciones nacionales.
…Si llegamos a algún conflicto gigantesco análogo al que antes de la creación del hombre, opuso a Miguel contra Lucifer, es decir los Ángeles fieles a los ángeles rebeldes, es probable que los dos campos enfrentados no desatarán, como se cree comúnmente, un conflicto puramente político entre dos bloques, entre el este y el oeste, sino un conflicto altamente religioso entre Cristo y Satán, entre el amor y el odio, entre la fe y la incredulidad.
Países de tentación
Una China poseída, una Rusia infestada, esto significa, añadiéndoles un determinado número de países menores que es inútil nombrar, por lo menos la mitad de la humanidad.
Sería absolutamente ridículo creer y decir que la otra mitad está exenta de los ataques de Satán. Todos los capítulos de este libro han hecho ver a Satán actuando en países cristianos, en viejas tierras de civilización cristiana. Ni las posesiones individuales ni las infestaciones son desconocidas en tales regiones. Sin embargo, es lo que podemos llamar el régimen de la tentación diabólica la regla general en nuestro país.
La tentación es cosa de todos los días, casi de todos los instantes.
Asume todas las formas. Varía según los caracteres y los temperamentos. Querer describirla, sería simplemente hacer un tratado de los pecados capitales: el orgullo, la lujuria, la envidia, etc.
Pero no es esto lo que merece retener nuestra atención en el cuadro de conjunto que tratamos de trazar.
No hace mucho —el 20 de febrero de 1959 — un semanario católico importante, La Francia católica, publicó un artículo: La tercera tentación.
Se trata de la tentación del Demonio con respecto a Cristo, aquella en que le muestra todos los reinos de la tierra y le dice: “Todo esto será tuyo si postrándote ante mí, me adoras.”
La tentación grande para los cristianos de nuestra época, no una tentación de detalle, sino la tentación más común, más general, más peligrosa, es preferir las cosas a Dios.
«Es menester hacerle algunas concesiones al mundo para dominarlo mejor», «El cristianismo no podrá resistir, si no se adapta al progreso.», se escucha decir.
Tal es, pues, la “tercera tentación”. Y quienes dicen esto son todos buenos católicos, tienen fe, hasta tienen las obras de la fe, tienen la esperanza y la caridad. Son de esos que San Pablo llamaba “santos”, es decir almas en las cuales habita Dios. Pero son también almas ilógicas —y todos lo somos más o menos—, almas que no van hasta el final de las exigencias de su fe, almas en las cuales, el haber tiene más importancia que el ser…

Vista de conjunto

No tenemos que oponer comunismo a capitalismo. El uno y el otro están inspirados por Satán, en la medida en que niegan a Dios y el alma. El comunismo, en total, no ha hecho otra cosa que retomar la filosofía “burguesa”. Es fruto de ella. La lleva al extremo.
Si es verdad que no existe ni Dios, ni el diablo, ni el espíritu, y que todo es materia, el capitalismo y el comunismo no son más verdad el uno que el otro ¡porque no hay más verdad en el sentido cabal del vocablo, todo es mentira, todo es satánico!
Después de esto, sin alegría, pero sin miedo tampoco, denunciamos aquí como marcas indudables de la presencia de Satán entre nosotros algunos rasgos de nuestra “civilización” contemporánea que nadie puede negarse a ver:
La mediocridad de nuestros grandes medios de difusión, cinematógrafo, radiotelefonía, televisión; mediocridad que no reside en el poder de la propaganda, sino en la nobleza y la belleza de la acción ejercida sobre las almas; el erotismo ambiente que se despliega en las novelas, en las piezas de teatro, en las canciones, en todo lo que resumen estas palabras: “los espectáculos”, “las distracciones” en el sentido pascalino, “los ocios”; la degradación del arte moderno, que parece no tener ya el gusto de lo bello, sino únicamente de lo feo o de lo obscuro.
Al final de este capítulo, que hubiera sido fácil prolongar, ¿qué vemos? Satán en obra por todas partes. Frente a él, una sola fuerza real: Jesucristo. Por una parte, el materialismo ateo, la mentira, el desprecio de la vida humana, la sangre de Abel derramada por Caín.
Por la otra, la fe, la caridad, la inmensidad del amor, en la oración, en la adoración, en el rechazo del odio satánico, en el deseo de la extensión universal del reino de Dios, en el entusiasmo de la demanda incesante de corazones: “Vénganos tu reino.” La visión de la historia universal no ha cambiado: Ciudad de Dios contra Ciudad de Satán, ¡Ciudad del Amor contra Ciudad del Odio!
Hay dos estandartes: el de Satán y el de Jesucristo.
Cosa extraña, el cristiano que hace profesión de despreciar la vida presente, porque sabe que existe otra, eterna, practica, sin embargo, el respeto más absoluto por la vida humana y por la persona humana.
Pero el reproche más grande que hacemos a los adeptos de Satán, es la mutilación que infligen al hombre, negándole el infinito, rehusándole la inmortalidad.
La estrechez de espíritu de los incrédulos es lo más lamentable que hay en ellos. A ellos debemos repetir el grito de Tertuliano, a los heréticos de su época: “Parce orbis unicae spei!” (“¡Cuidad la única esperanza del universo!”) Si queremos, en efecto, un día poseer este universo mismo que no vale nuestra alma ¡es nuestra alma la que hay que salvar por la fe y el amor!
¡Qué puesta formidable la de la lucha entre Satán y Cristo!
Hay que diferenciar, sin embargo, entre lo que hoy existe como satanismo religión y satanismo magia; en la primera, se adora a la potencia y se la obedece, es una idolatría, donde se equivocan de objeto de veneración; el ejemplo de esto sería el marxismo ateo; y en la segunda el hombre es el que ejerce un supuesto poder sobre el espíritu caído por medio de ritos misteriosos y como ejemplo citamos a la masonería entre otras doctrinas esotéricas.
Algunos personajes han dejado su marca transformando lo Divino en diabólico, ya sea por justificar sus propios demonios o bien por hacer una libre interpretación de la teología; como es el caso del abate Boullan que aporta a los fieles imitadores de la vida de María convirtiéndose en una nefasta y diabólica secta llamada Mariavitas que cuenta hoy con muchos adeptos, atraídos por sus sacerdotisas y obispas entre otras peculiaridades.
O León Bloy, que entraría en la categoría de los neognósticos que han pululado desde hace dos siglos. Los gnósticos fueron, hace ciento ochenta años, herejes que se creían superiores a los simples fieles, que escrutaban las Escrituras con la presunción de encontrar en ellas sentidos misteriosos e inaccesibles al común de los mortales, y que levantaban sistemas inverosímiles sobre los “eones”, haciendo el puente entre la materia, identificada al mal y Dios, situado en una lejanía casi imposible de alcanzar. Y Bloy se cree un iniciado a quien se le ha revelado un secreto que sólo él puede comprender y en ese secreto basa su blasfema teoría. Este personaje teoriza sobre el amor y el dolor; concluyendo que si Dios es el amor infinito, su sufrimiento por la caída del hombre lo llena de dolor infinito. Le atribuye así a Dios características y sentimientos humanos.
Otro que podemos nombrar es el famoso Giovanni Papini, que sin llegar tan lejos como Bloy, quiere mostrar a un pobre demonio arrepentido a quien Dios no quiere perdonar y hasta pide lástima e intercesión por el maldito.
Sabemos que Satán es uno solo pero que es ayudado por la cantidad de demonios que cayeron con él, y tratando de hacer un retrato sobre su psicología, se concluye que todo gira alrededor de su orgullo que fue lo que lo hizo caer.
El relato de las tentaciones de Jesús en el desierto lo confirman: él quiere que se postren delante de él, quiere hacerse adorar en lugar de Dios. Odia. Odia todo lo creado y a su Creador. Pero en el ser humano es donde puede demostrarlo, tomando posesión de su cuerpo y cuando en un exorcismo le dicen maldito, una tristeza y un silencio lo ocupan, hasta que la convierte en ira y odio hacia su víctima ya que ve en ella a quien ocupó el lugar en el Paraíso que a él le pertenecía.
Uno suele estar atento a los enemigos visibles y se olvida de velar por el más peligroso que es este invisible. Teniendo tan formidable enemigo, andamos negligentes y dormidos.
Para poder prevenirnos debemos conocerlo más; y para ello, estudiar sus formas de actuar y de tentarnos y como reconocer cuando un movimiento de nuestra alma está inspirado por él; pero este será el tema del próximo artículo.
Patricia Verboven
Colaboración de E.J.