domingo, 7 de febrero de 2016

Crítica al tratado de demoniología del Padre Fortea





   El padre Fortea en su tratado de demonología explica el proceso mediante el cual el ángel se ve transformado en demonio. El habla del Evo, como una especie de tiempo para ellos, un acaecer dentro de su naturaleza angelical. 

        Veamos que nos dice este exorcista:
      "Hubo unas fases en la psicología de los Ángeles antes de transformarse en demonios. Estas fases se dieron no en el tiempo material, sino el evo. (Que sea el evo se explica mas adelante en esta obra.) Al darse en el evo, estas fases a los humanos nos parecería tan breve, para ellos fue muy largo. Las fases de transformación de ángel a demonio fueron las siguientes: Al comienzo les entro la duda. La duda de que quizá la desobediencia a la Ley divina fuera lo mejor. En el momento en que voluntariamente aceptaron la posibilidad de que la desobediencia a Dios fuera una opción a considerar ya pecaron. Al principio esa aceptación de la duda constituiría un pecado venial que poco a poco fue evolucionando al pecado grave. Pero la principio, ninguno de ellos en esta primera fase estaba dispuesto a alejarse irreversiblemente, ni siquiera el Diablo. Fue posteriormente cuando se fue asentando en sus inteligencias lo que su voluntad había escogido a pesar del doctamente de su inteligencia que les recordaba que tal desobediencia era contra razón. Pero sus voluntades se fueron alejando de Dios, y como consecuencia de ello sus inteligencias fueron aceptando como verdadero el mal que su voluntad había escogido. Sus inteligencias fueron consolidándose en el error. La voluntad de desobedecer se fue afianzando, haciéndose esa determinación cada vez mas profunda. Y la inteligencia iba buscando más y más razones para que eso le resultase cada vez más justificable. Finalmente ese proceso llevo al pecado mortal que se dio en un momento concreto, a través de un acto de la voluntad. Es decir, cada ángel llegó un momento en que no sólo quiso desobedecer, sino que incluso optó ya por tener una existencia al margen de la Ley divina. Ya no era un enfriamiento del amor a Dios, ya no era una desobediencia menor a algo determinado que les resultase difícil reaceptar, sino que en la voluntad de muchos de ellos apareció la idea de que un destino aparte de la Trinidad, un destino autónomo.
Los que perseveraron en este pensamiento y decisión comenzaron un proceso de justificación de esta elección. Comenzaron un proceso en que se trataron de auto convencer de que Dios no era Dios. De que Dios era un espíritu más. De que podía ser su Creador, pero que en El había errores, fallos. Comenzaban a acariciar la posibilidad de que había aparecido en sus inteligencias: la posibilidad de una existencia aparte de Dios y de sus normas. La existencia aparte de Dios aparecía como una existencia mas libre. Las normas de Dios, la obediencia a El y a su voluntad, aparecían progresivamente como algo opresor, pesado. Dios comenzaba a ser visto como un tirano frete al que había que liberarse. En esta nueva fase de alejamiento, ya no era simplemente que buscaran un destino fuera de Dios, sino que Dios mismo les parecía que era un obstáculo para alcanzar esa libertad. Pensaban que la belleza y felicidad del mundo angélico hubiera sido mucho más feliz y libre sin un opresor. ¿Por qué había un Espíritu que se alzaba por encima de los demás espíritus? ¿Por qué su voluntad se debía imponer sobre la de los demás espíritus? ¿Por qué una Voluntad debe imponerse sobre otras voluntades? No somos niños, no somos esclavos, debieron pensar. Dios ya no era un elemento que habían dejado atrás, sino que comenzaba a convertirse para ellos en el mal. Y así comenzaron a odiarle. Las llamadas de Dios hacia estos ángeles para que volvieran hacia El eran vistas como una intrusión inaceptable. En esta fase, el odio en unos creció mas en otros espíritus menos.
Puede sorprender que un ángel llegué a odiar a Dios. Pero hay que entender que Dios para ellos ya no era el bien, sino el obstáculo, la opresión, las cadenas de los mandamientos, la falta de libertad. El odio nació con la energía de sus voluntades resistiendo una y otra vez a las llamadas de Dios que como un padre les buscaba. El odio nación como reacción lógica de una voluntad que tiene que afianzarse en su decisión de abandonar la casa paterna, por decirlo en términos que resulten inteligibles para nosotros. Es decir, alguien que se marcha de casa al principio simplemente quiere marcharse, pero si el padre le llama una y otra vez, el hijo acaba diciendo déjame en paz. Dios les llamaba entonces, pues sabia que cuanto mas tiempo sus voluntades estuvieran alejadas de El, más se afianzarían en su alejamiento.
Por supuesto que muchos ángeles que se habían alejado en un primer momento volvieron. Esta es la gran lucha en los cielos de la que se habla en Apocalipsis 12:
Y se entabló un combate en el cielo: Miguel y sus ángeles luchando con en Dragón. Y el Dragón lucho y sus ángeles, pero no tuvieron fuerza, no volvió a encontrarse su sitio en el cielo. Fue expulsado el gran Dragón, la Serpiente antigua que se llama Diablo y el Adversario, que engaña al orbe entero. Fue expulsado a la tierra, y sus ángeles fueron expulsados con el.
¿Cómo los Ángeles pueden luchar entre sí? Si no tienen cuerpo, qué armas pueden ser usadas. El ángel es espíritu, el único combate que se puede entablar entre ellos es intelectual. Las únicas armas que pueden blandir son los argumentos intelectuales. Esa lucha fue una lucha intelectual. Dios enviaba la gracia a cada ángel para que volviera a la fidelidad o se mantuviera en ella. Los ángeles daban argumentos a los rebeldes para que volvieran a la obediencia. Los ángeles rebeldes daban sus razones para fundamentar su postura y para introducir la rebelión entre los fieles. En esta angelical conversación de miles de millones de ángeles hubo bajas por ambos lados: ángeles rebeldes regresaron a la obediencia, ángeles fieles fueron convencidos con la seducción de los razonamientos malignos. 
La transformación en demonios fue progresiva. Con el transcurrir del tiempo –el evo es un tipo de tiempo- unos odiaron mas a Dios, otros menos. Unos se hicieron mas soberbios, otros no tanto. Cada ángel rebelde fue deformándose más y más, cada uno en unos pecados específicos. Así como, por el contrario, los Ángeles fieles se fueron santificando progresivamente. Unos ángeles se santificaron mas en una virtud otros en otra. Cada ángel se fijo en un aspecto u otro de la divinidad. Cada ángel amo con una medida de amor. Por eso en el bando de los fieles comenzó a haber muchas distinciones, según la intensidad de las virtudes que cada ángel práctico más.
Cada ángel tenia su propia naturaleza dada por Dios, pero cada uno se santifico en una medida propia según la gracia de Dios y la correspondencia de la propia voluntad. Esto es valido pero al revés, para los demonios. Cada uno recibió de Dios una naturaleza, pero cada uno se deformo según sus propios caminos extraviados.
Por eso la batalla acabó cuando ya cada uno quedo encasillado en su postura de forma irreversible. Llego un momento en que ya solo había cambios accidentales en cada ser espiritual. En los demonios, llego un momento en que ya cada uno se mantuvo firme en su imprudencia, en sus celos, en su odio, en su envidia, en su soberbia, en su egolatría…
La batalla había acabado. Podían seguir discutiendo, hablando, disputando, exhortándose, durante miles de años, por decirlo así en términos humanos, pero ya sólo habría cambios accidentales. Fue entonces cuando los ángeles fueron admitidos a la presencia divina, y los demonios se les dejo que se alejaran, se les abandono a la situación de postración moral en que cada uno se había situado.
Como se ve no es que los demonios sean enviados a un lugar cerrado de llamas y aparatos de tortura, sino que se les deja como están, se les abandona a su libertad, a su voluntad. No se les lleva a ninguna parte. Los demonios no ocupan lugar, no hay donde llevarles. No hay aparatos de tortura, ni llamas que les puedan atormentar, ni cadenas que les amarren sus miembros. Tampoco los ángeles fieles entraron en ningún sitio. Simplemente recibieron la gracia de la visión beatifica. Tanto el cielo de los ángeles, como el infierno de los demonios, son estados. Cada ángel porta en su interior su propio cielo este donde este. Cada demonio, este donde este, lleva dentro de su espíritu su propio infierno.
El momento en que ya no hay marcha atrás es el momento en que un ángel ve la esencia de Dios. Porque después de ver a Dios ya nada le podrá hacer cambiar de opinión. Después de haber visto a Dios, jamás podrá escoger algo que le ofenda lo mas mínimo. Pues la inteligencia comprendería que seria escoger estiércol frente a un tesoro. El pecado después de ese momento es imposible. El ángel antes de entrar al cielo, comprendía a Dios, comprendía lo que era, lo que suponía su santidad, omnipotencia, sabiduría, amor… Después de ser admitido a contemplar su esencia, uno no solo le comprende, sino además le ve. Es decir, ve su santidad, su amor, su "      
          La inteligencia angelical opera de un modo totalmente radical a la inteligencia humana. Nosotros los seres humanos tenemos un conocimiento por partes, ya que los sentidos nos entregan los medios para poder conocer las esencias. En ese modo de operar existe un ir y venir de la voluntad hasta llegar a la más absoluta seguridad sobre el conocimiento esencial de las cosas.
        Por el contrario, los seres angelicales tienen un conocimiento perfecto de la naturaleza, ellos conocen las causas e intuyen los posibles efectos. Conocen las posibilidades futuras sin llegar al grado absoluto de los hechos temporales. Cuando Dios los puso a prueba, ellos eligieron según su propio modo de conocimiento, con su inteligencia y su voluntad absoluta. Cuando optaron por algo, ya en ellos no hay vuelta atrás, dado el grado de perfección de su inteligencia. Al ver la totalidad en la elección según su modo propio de conocimiento, ellos intuyeron los posibles efectos de su elección.
      Por consiguiente, en ellos, no se puede alegar ignorancia bajo ninguna circunstancia. Ellos no se pueden arrepentir después de su elección, y no como lo plantea el padre Fortea en su análisis y tesis teológica. Aceptar esto es atentar directamente contra nuestra fe católica, es caer en el error que cayó Papini al señalar que al final el Demonio se iba a arrepentir. Creo que el Padre Fortea intentar explicar la elección angelical al modo humano y no según la naturaleza angelical. Es cierto que cada ángel agota su especie, y la agota según su propio modo de operar. Su diferencia está en el modo de sus operaciones intelectuales en virtud además de los objetivos que Dios traza para cada uno de ellos. Dios les da una determinada misión y ellos la aceptan libremente operando bajo sus peculiaridades inherentes.
      La batalla angelical que alude el Padre Fortea entre San Miguel Arcángel y los demonios caídos no está relacionada en el proceso de elección por parte de ellos de si seguir a Dios o rechazarlo, eso no es así. Su batalla consistió básicamente en relegar a un espíritu libre como es un ángel a un lugar específico destinado por Dios por su obcecación en el error y como consecuencia de su soberbia.
        Lo dramático para estas criaturas espirituales caídas, es estar por obligación en un determinado lugar, sin poder optar, a cambiar de estado con una voluntad inclinada al mal por toda la eternidad. No sé de donde Fortea pudo haber sacado todas estas cosas. Tal vez, y digo sólo tal vez, algún espíritu maligno le haya revelado tales cosas en algún exorcismo. Y si eso es así, cuando el Demonio revela en los exorcismos cosas, la mayor parte de las veces, por no decir siempre, miente hasta el final para tratar de engañar y no ser pillado por el exorcista.
       Otro error del Padre Fortea es afirmar categóricamente que los demonios no están en un lugar. Eso sería negar el infierno y caer en el mismo error que cayó su Santidad Juan Pablo II cuando afirmó que el infierno no existe, por que el infierno es sólo un estado del alma.
        La discusión es seria, involucra muchísimos aspectos metafísicos y distinciones teológicas que hay que tener presente al momento de hacer algún tipo de afirmación, en especial, cuando se cae en la tentación de la afirmación categórica.  La justificación teológica del Padre Fortea no queda explícita en ninguna de las partes del texto.  Por prudencia hay que tener mucho cuidado en referirse  a estas cosas, que por lo demás, son bastantes nebulosas para nuestras pobres inteligencias.

Fuente: Natura Boni.

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