sábado, 26 de marzo de 2016

Investigan supuesto ritual satánico en playa de El Tabo



En el lugar se encontraron 13 aves degolladas puestas en la arena en una especie de cruz con siete puntas que sería parte de un ritual satánico. 

Un grupo indeterminado de desconocidos habría degollado a trece aves en lo que se estima sería un supuesto ritual de características satánicas que se habría realizado durante la madrugada del domingo 13 de marzo.

En la playa Gaviotas yacían diez gallinas y tres gallos degollados. Los desconocidos dejaron los cuerpos de las aves formando una cruz con siete puntos (pentagrama) y con pilares de papel.

En el lugar encontraron un cuchillo que formaba parte del escenario, arma que podrían haber utilizado para sacrificar a las aves con el fin de que derramaran su sangre sobre platos con alimentos y frutas.




sábado, 19 de marzo de 2016

Conoce los principales instrumentos del Diablo




El padre Lars, es también el exorcista oficial en Dinamarca habla de los instrumentos del diablo y su experiencia expulsando demonios.

En  Dinamarca, con una población de cinco millones de habitantes, los católicos no superan las 36.000 personas. Monseñor Lars Messerschmidt, es el Vicario General en Copenhague de esta pequeña comunidad católica.  Tiene 77 años de edad y de pequeño quería ser bombero. En algo ha podido cumplir aquél anhelo, aunque el fuego que hoy combate es de otra magnitud y entidad… El padre Lars, es también el exorcista oficial en Dinamarca y con la pedagogía sencilla de un buen catequista, concedió al escéptico y laicista magazine Vice de Estados Unidos una amena entrevista donde habla de “los instrumentos del diablo” y su experiencia por décadas, expulsando demonios.

¿Cómo empezó su vínculo con el exorcismo?
Fue en los años 70 cuando empecé a notar más y más manifestaciones físicas de los demonios. Recuerdo un encuentro de oración, donde vi una mujer poseída echada hacia atrás por un ‘algo’. Entonces, una persona gritó: “¡déjala Satanás!” Eso funcionó. Empecé a ver un montón de cosas y así fue como empecé a interesarme.

¿Cuántos exorcismos ha realizado?
No sé exactamente, pero son algunos cientos. La verdadera posesión demoníaca puede tomar años exorcizarla. En este momento mi calendario está copado, porque parece que hay más posesiones que nunca. Mis colegas españoles me han dicho que hay un montón de personas en América Latina necesitadas deexorcismo. Esto es porque ellos mezclan Cristianismo y sus antiguas creencias nativas. Ese cóctel religioso particular, es demoníaco.

Entonces, ¿cómo ejerce exactamente su labor?
La gente me busca porque están atormentados por los demonios. Yo por lo general pido que me describan sus síntomas y después de que contestan, trato de hacer un diagnóstico. Es importante para mí distinguir si se trata de un problema psicológico, o si la persona está realmente poseída por un demonio.

¿Cómo puede usted precisar la diferencia?
Tenemos nuestras herramientas. Utilizamos diferentes pruebas, con un crucifijo o agua bendita por ejemplo. A los demonios les desagrada cualquiera de esas dos. Pido a la persona que sostenga el crucifijo, y, a menudo, si están poseídos por un demonio, no pueden. También asperjamos agua bendita sobre ellos. Ayer, de hecho, una persona que vino no podía siquiera mirar al crucifijo y cuando asperjé el agua bendita sobre ella, dijo que le quemaba su piel.

¿Significa que estaba poseída por un demonio?
Sí, me parece que se trataba de un demonio. No terminamos, pero vamos a reunirnos cuando ella lo decida. Continuaremos nuestra conversación y en algún momento, voy a tener que llevar a cabo un exorcismo.

¿Qué es exactamente lo que quieres decir con un exorcismo?
El exorcismo es una forma especial de oración, donde el exorcista, en el nombre de Dios, ordena salir al espíritu maligno. Normalmente, no quiere. Por lo tanto, se convierte en una lucha, a veces  física, porque puede tirar, literalmente, a una persona por tierra. En tales casos, necesitamos algunos hombres fuertes para mantener a la persona.
Afortunadamente, por lo general es mucho menos dramático. Los demonios pueden causar pérdida del conocimiento, dependiendo de cuan poderosos sean. A veces, el demonio toma el control y se muestra a mitad de la oración. También ocurren casos en que después de un par de minutos de transcurrido el exorcismo, el demonio sale y la persona queda exactamente donde la dejó, sin saber lo que ha sucedido.

¿Son múltiples oraciones que utilizan? ¿O simplemente una?
Hay un par de diferentes. Tengo una en latín, una en alemán y una en danés. ¿Qué lenguaje uso?, depende de la situación. Es un hecho bien conocido que los demonios entienden todos los idiomas.

Eso es un hecho bien conocido, sí. Y… ¿cuál es la relación de un exorcista con el Vaticano?
Este verano, el Papa aprobó nuestra organización. No era la función de exorcista lo que él aprobó. Los exorcistas han existido siempre, como la iglesia misma. Pero ser un exorcista solía ser una actividad solitaria. Es por eso que esta organización fue fundada: para dar a los exorcistas la posibilidad de encontrarse en una conferencia una vez al año. La organización también ofrece la posibilidad de formarse para convertirse en un exorcista, ya sea en una universidad en el Vaticano, o en los EE.UU. Sin embargo, en primer lugar usted debe ser un sacerdote.

¿Cuántos miembros tienen en su organización?
Sé que hubo entre 250 y 300 participantes en la última conferencia. A todo el mundo se le permitió llevar un asistente y yo conté algunos de esos invitados. Hubo un buen número de médicos, psiquiatras y psicólogos.

¿En serio? ¿Ellos comparten sus opiniones sobre los demonios?
Conozco a un psiquiatra estadounidense. La primera vez que lo conocí, le pregunté: “¿Cree usted que hay personas, que están poseídas por demonios?” Y él respondió que sí. Él es consultor para temas de exorcismo en una iglesia de Nueva York. Esa es la forma en que debería funcionar. Yo siempre pregunto por la historia médica personal.

¿Por qué alguien acaba poseso?
Hay dos razones. La primera es que usted hizo algo estúpido, abriendo así la puerta a la actividad demoníaca. Sanación alternativa, cuestiones de la Nueva Era (New Age), clarividencia o las cartas del tarot. Esa es la puerta al mundo de lo oculto, y ese es el mundo de los demonios. Algunos clarividentes realmente quieren ayudar a la gente, pero son simplemente ingenuos. Otros son instrumentos del diablo. El abuso de drogas o sexo también abre la puerta al diablo.

¿Algo más?
Maldiciones. Yo no lo creía al comienzo, pero es verdad. Muchos africanos son perseguidos por los demonios. Yo siempre pregunto (a quien le solicita ayuda) si hay alguien que le odia. Si tienen enemigos, a menudo van con un médico brujo y le piden que los maldiga y el diablo disfruta esta obligación.

¿Seguro que si maldices a alguien estás abriendo las puertas al infierno?
Están en connivencia con el diablo; son herramientas de Satanás. Da miedo. Ayudé a una mujer que había sido maldecida. Los médicos no habían podido ayudarla. Le pedimos a Dios intervenir por si alguien la hubiera maldecido. Ella recordó que su tío le había dado un vaso de jugo cuando tenía 15 años y se descubrió que con el jugo la había maldecido. Oramos y pedimos a Dios que la ayudara. De repente, se fue al baño y comenzó a vomitar violentamente. Diez minutos más tarde, ella me dijo que había estado vomitando objetos físicos, como uñas. Eso es muy común después de las maldiciones. Ella pasó la noche vomitando, pero al día siguiente estaba libre de su maldición.

Una gran parte de nuestros lectores son personas jóvenes no creyentes, ¿tiene algún consejo para ellos? Además de vigilar su jugo de naranja…
Tienen que tener cuidado. Si involuntariamente se meten en un ambiente satánico, pueden perderse para siempre. Los jóvenes no quieren escuchar, ellos piensan que lo saben todo y eso es muy peligroso. Eso es orgullo y el Diablo salta sobre eso.

Fuente: Portaluz.org

BENDITO SEAS SAN JOSÉ





¡Bendito seas San José, que fuiste testigo de la Gloria de Dios en la tierra.
Bendito sea el Padre Eterno que te escogió.
Bendito sea el Hijo que te amó
y el Espíritu Santo que te santificó.
Bendita sea María que te amó!

Oh gran santo, Padre putativo de Jesucristo, Vos sois un admirable modelo de esta vida espiritual, interior y oculta a que aspiramos con todo nuestro corazón. Bien podemos decir que ella fue el carácter particular de vuestra santidad, y que por lo mismo queréis también ser el protector de todos los que la buscan.

Obtenednos de nuestro adorable Salvador la fortaleza y la vigilancia necesarias para establecernos en ella sólidamente a fin de que habiendo tenido la dicha de participar de la felicidad que tuvisteis en vivir siempre oculto y desconocido al mundo, pero siempre unido a Jesucristo, podamos también tener parte en la gloria que gozáis con Él en el cielo. Amen.

Jesús, José y María:
Os doy el corazón y el alma mía!

Jesús, José y María: Asistidme en mi última agonía!

Jesús, José y María:
Recibid cuando yo muera el alma mía!


sábado, 12 de marzo de 2016

Cuando el demonio tienta lo hace con empeño, pero tenemos armas suficientes para vencer: 10 ejemplos





[Desde la fe.] Todos los días los cristianos nos enfrentamos a una batalla espiritual. La propia Palabra de Dios nos enseña que nuestra vida en la tierra es un combate constante contra el Maligno, y nos recuerda –a quienes hemos decidido seguir a Cristo- estar siempre preparados para enfrentar los embates del diablo. Para hacer de esta Cuaresma un verdadero tiempo de conversión, sin ningún tipo de concesión al demonio, te presentamos estas diez eficaces armas espirituales

1. Lleva una vida ordenada 
En primer lugar, presta mucha atención a la oración, que es la base de tu vida espiritual. Date un tiempo también para leer la Biblia; te sugerimos leer detenidamente el Evangelio de San Mateo 25, 35-40. 

Por otra parte, debes estar firmemente arraigado en tu vocación. Podría ser la vida matrimonial, el sacerdocio, la vida consagrada, etc. Pero sea cual sea tu vocación, debes ser fiel en todas las cosas a la llamada que Dios te ha dado. 

Finalmente, dedica un tiempo a la Iglesia. Sabemos que no todos hemos sido llamados de tiempo completo al ministerio en la Iglesia, pero todos podemos colaborar de alguna manera, en la medida de nuestras posibilidades. 

2. Rechaza tajantemente la tentación 

Un problema en el combate espiritual es la respuesta lenta y débil a la tentación. Pero con la gracia de Dios, puedes fortalecer tu voluntad para rechazar con decisión y firmeza la tentación desde el principio. Por otra parte, a menudo tenemos tentación porque nos colocamos en una situación cercana al pecado. Pero recuerda siempre este proverbio: “El que con fuego juega, tarde o temprano se quema”. 

3. Ubica al enemigo y pide ayuda a Dios 

Cuando caemos en la tentación resulta muy útil admitirlo de esta manera: “Estoy siendo tentado por el diablo, el enemigo de Dios”. Nómbralo y pronuncia oraciones cortas y fervientes para pedir la ayuda del Señor. Algunos ejemplos de estas oraciones cortas, pero poderosas son: 

“Jesús, yo confío en ti” 
“Dulce Corazón de María, sé mi salvación” 
“¡Señor, sálvame!”
“Señor ven a mi rescate” 

Y, por supuesto, invocar con fe y confianza los santos nombres de Jesús, María y San José.

4. Combate la desolación 
La desolación espiritual se experimenta como oscuridad ante la verdad divina, insensibilidad ante la Palabra, pereza para hacer el bien, lejanía del Señor. Puede tener una fuerza inesperada y tambalear tus buenas intenciones que tenías sólo un día antes. San Ignacio decía que en estado de desolación, es importante: más oración y más meditación, examinar tu conciencia (mira por qué estás en desolación) y finalmente aplicarse alguna penitencia adecuada. 

5. Combate la pereza 
Seguramente has escuchado el dicho: “La ociosidad es el taller del diablo”. Esto significa que si no tienes nada que hacer, entonces el Diablo te dará mucho quehacer. A San Juan Bosco no le gustaba el tiempo de vacaciones para sus muchachos del Oratorio porque sabía que demasiado tiempo libre venía acompañado de tentaciones para sus jóvenes. 

6. Usa las armas de Jesús en el desierto 

La oración ferviente y prolongada, la mortificación constante (el ayuno) y la familiaridad con la Palabra de Dios, tanto meditándola como poniéndola en práctica, son armas eficaces para combatir y vencer a Satanás.

7. Platica con un director espiritual 

Nos advierte San Ignacio que al diablo le gusta el secreto, de modo que si uno se encuentra en un profundo estado de desolación y se abre a un director espiritual, puede vencer la tentación. El silencio total es como un corte o una herida profunda que se oculta debajo de la ropa. Hasta que esa herida no se expone al sol y se desinfecta no sólo no se curará, sino se estará aún más infectada, se ulcerará y habrá riesgo de gangrena, o peor aún, de amputación. Una vez que la tentación se revela a un director espiritual se adquiere poder sobre ella

8. Recurre a los sacramentales 

El uso adecuado de los sacramentales puede llegar a ser muy eficaz en la lucha contra el diablo, y sobre todo, estos tres: escapulario de Nuestra Señora del Monte Carmelo, Medalla de San Benito y el agua bendita

9. Invoca a San Miguel Arcángel 

En nuestra batalla contra Satanás debemos utilizar todas las armas. Dios escogió a San Miguel Arcángel como el ángel fiel, el Príncipe de la Milicia Celestial, para echar en el infierno a Lucifer y a los otros ángeles rebeldes. San Miguel, cuyo nombre significa “Quién como Dios”, es tan poderoso hoy como lo fue en el pasado. 

Oración a San Miguel Arcángel
(El Papa León XIII ordenó que se rezase de rodillas al finalizar cada misa.)

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes.
Y tú, Príncipe de la Milicia Celestial,
arroja al infierno con el divino poder
a Satanás y a los demás espíritus malignos
que andan dispersos por el mundo
para la perdición de las almas. 


10. Invoca a la Santísima Virgen 
María es a la persona humana a quien más teme Satanás, de acuerdo a lo que han recogido muchos exorcistas de las palabras de los propios demonios. María tiene muchas advocaciones; invocar cualquiera de ellas sirve mucho para alejar al Maligno. La serpiente antigua, el diablo, puede arremeter contra nosotros con su fea lengua y escupiendo veneno, pero si pides ayuda a María, Ella le aplastará su cabeza.

Publicado en Desde la Fe, que edita la archidiócesis primada de México.

 Visto en Religión en Libertad.

VÍA CRUCIS SEGÚN SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO, EN LATÍN


VIA CRUCIS SECÚNDUM SANCTUS ALPHÓNSUS MARÍÆ A LIGUÓRI
   
† In nómine Patris, et Fílii, et Spíritus Sancti. Amen.


CONFÍTEOR
Confíteor Deo omnipoténti, beátæ Maríæ semper Vírgini, beáto Michäeli Archángelo, beáto Joánni Baptístæ, sanctis Apóstolis Petro et Paulo, et ómnibus Sanctis: quia peccávi nimis cogitatióne, verbo et opere: mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa. Ídeo precor beátam Maríam semper Vírginem, beátum Michäelem Archángelum, beátum Joánnem Baptístam, sanctos Apóstolos Petrum et Paulum, et omnes Sanctos, oráre pro me ad Dóminum, Deum nostrum.
     
ORÁTIO AB INÍTIO
Dómine Jesu Christe, tu tam amánter hanc viam ingréssus es, ut mortem pro me obíres; ego vero multóties eo devéni, ut te contémnerem. Nunc autem ex tota ánima mea amo te, et quia te amo, pǽnitet me ex íntimo corde quod tibi displícui. Ignósce mihi, et pátere ut in hac via me tibi cómitem adjúngam. Tu, amóre mei ductus, pergis ad locum ubi pro me moritúrus es, et ego vicíssim, tui amóre ductus, desídero te comitári, ut una tecum, amantíssime Redémptor, moriar. O mi Jesu, volo conjúnctim tecum et vívere et mori.
           
PATER NOSTER
Pater noster, qui es in Cœlis. Sanctificétur nomen tuum. Advéniat regnum tuum. Fiat volúntas tua, sicut in Cœlo, et in terra. Panem nostrum quotidianum da nobis hódie: Et dimítte nobis débita nostra, sicut et nos dimíttimus debitóribus nostris. Et ne nos indúcas in tentatiónem, sed líbera nos a malo. Amen.
     
AVE MARÍA
Ave María, gratia plena, Dóminus tecum. Benedícta tu in muliéribus, et benedíctus fructus ventris tui, Jesus. Sancta María, Mater Dei, ora pro nobis peccatóribus, nunc, et in hóra mortis nostræ. Amen.
   
GLÓRIA PATRI
Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper: et in sǽcula sæculórum. Amen
   

STÁTIO I
Jesus condemnátur ad mortem
       
V. Adorámus te, Christe, et benedícimus tibi.
R. Quia per sanctam Crucem tuam redemísti mundum.
     
Considéra quómodo Jesus Christus, jam flagellátus et spinis coronátus, injúste tandem a Piláto ad mortem crucis condemnétur.
     
O adoránde Jesu, non Pilátus, sed iníqua mea vita te ad mortem condemnávit. Per méritum laboriosíssimi hujus itinéris, quod ad Calváriæ montem instítuis, precor te, ut me semper in via, qua ánima mea in æternitátem tendit, benígne comitéris. Amo te, o Jesu, mi Amor, magis quam meípsum, et ex íntimo corde pǽnitet me quod tibi displícui. Ne sinas me íterum a te separári. Da mihi perpétuum amórem tui, et dein fac de me quídquid tibi placúerit. Quod tibi plácitum est, hoc idem mihi est accéptum.
   
Pater noster, Ave María et Glória Patri.
   
Tu, charitátis víctima,
Petis, Redémptor, Golgótham;
Tuis inhǽrens gréssibus,
Tecum perópto commori.
Véniam atque grátiam implóro,
Geméntes in dolóribus.
   

STÁTIO II
Jesus onerátur ligno crucis
       
V. Adorámus te, Christe, et benedícimus tibi.
R. Quia per sanctam Crucem tuam redemísti mundum.
       
Considéra quómodo Jesus Christus, portans húmeris crucem, fuérit inter eúndum, memor tui, offeréndo pro te ætérno Patri mortem, quam erat obitúrus.

Amabilíssime Jesu, ampléctor omnes res advérsas, quas mihi usque ad óbitum tolerándas præfixísti, et, per durum illum, quem in portánda tua cruce pertulísti, labórem, precor te, ut vires mihi subminístres, quibus ego quóque crucem meam, ǽquo ac patiénti ánimo, portáre váleam. Amo te, o Jesu, mi Amor, pǽnitet me quod tibi displícui. Ne sinas me íterum a te separári. Da mihi perpétuum amórem tui, et dein fac de me quídquid tibi placúerit.
   
Pater noster, Ave María et Glória Patri.
   
Tu, charitátis víctima,
Petis, Redémptor, Golgótham;
Tuis inhǽrens gréssibus,
Tecum perópto commori.
Véniam atque grátiam implóro,
Geméntes in dolóribus.
         

STÁTIO III
Jesus procúmbit primum sub ónere crucis
       
V. Adorámus te, Christe, et benedícimus tibi.
R. Quia per sanctam Crucem tuam redemísti mundum.
     
Considéra primum hunc Jesu Christi sub cruce lapsum. Habébat carnem ex sæva flagellatióne multifárie sáuciam, caput redimítum spinárum coróna: profúderat insúper cruórem in tanta cópia, ut vix pedem præ vírium defectióne, movére posset. Et quóniam gravi crucis ónere premébatur, et immisericórditer a milítibus propellébatur, accídit ut plúries inter eúndum humi procúmberet.
     
O mi Jesu, non est onus crucis, sed peccatórum meórum pondus, quod tantis te affícit dolóribus. Rogo te, per primum hunc tuum lapsum, ut ab omni in peccátum me lapsu tueáris. Amo te, o Jesu, ex toto corde meo; pǽnitet me quod tibi displícui. Ne sinas me íterum in peccátum prolábi. Da mihi perpétuum amórem tui, et dein fac de me quídquid tibi placúerit.
   
Pater noster, Ave María et Glória Patri.
   
Tu, charitátis víctima,
Petis, Redémptor, Golgótham;
Tuis inhǽrens gréssibus,
Tecum perópto commori.
Véniam atque grátiam implóro,
Geméntes in dolóribus.
   

STÁTIO IV
Jesus fit perdolénti Matri óbvius
       
V. Adorámus te, Christe, et benedícimus tibi.
R. Quia per sanctam Crucem tuam redemísti mundum.
     
Considéra quális fuérit, in hac via, Fílii et Matris occúrsus. Jesus et María se mútuo aspéxerunt, mutúique eórum aspéctus, fuérunt tótidem sagíttæ, quibus amántia eórum péctora transverberábantur.
     
Amantíssime Jesu, per acérbum dolórem, quem in hoc occúrsu expértus es, redde me, precor, sanctíssimæ Matri tuæ vere devótum. Tu vero, perdólens mea Regína, intercéde pro me, et obtíne mihi talem cruciátum Fílii tui memóriam, ut mens mea in pia illórum contemplatióne perpétuo detineátur. Amo te, o Jesu, mi Amor; pǽnitet me quod tibi displícui. Ne sinas me íterum in te peccáre. Da mihi perpétuum amórem tui, et dein fac de me quídquid tibi placúerit.
   
Pater noster, Ave María et Glória Patri.
   
Tu, charitátis víctima,
Petis, Redémptor, Golgótham;
Tuis inhǽrens gréssibus,
Tecum perópto commori.
Véniam atque grátiam implóro,
Geméntes in dolóribus.
   

STÁTIO V
Jesus in bajulánda cruce a Cyrenǽo adjuvátur
       
V. Adorámus te, Christe, et benedícimus tibi.
R. Quia per sanctam Crucem tuam redemísti mundum.
       
Considéra quómodo Judǽi, vidéntes Jesum ad quémlibet passum ánimam propemódum præ lassitúdine efflántem, et timéntes ex áltera parte ne, quem crucis supplício afféctum volébant, in via morerétur, compéllant Simónem Cyrenǽum ad bajulándam crucem post Dóminum.
     
O dulcíssime Jesu, nolo sicut Cyrenǽus, repudiáre crucem, libénter eam ampléctor in méque recípio, ampléctor speciátim quam mihi præfiníisti mortem cum ómnibus, quos hæc secum addúctura est, dolóribus. Conjúngo eam cum morte tua, sicque conjúnctam eam in sacrifícium tibi óffero. Tu amóre mei mortuus es; volo ego quóque mori amóre tui, ea mente ut rem tibi gratam fáciam. Tu vero adjúva me tua grátia. Amo te, o Jesu, mi Amor, pǽnitet me quod tibi displícui. Ne sinas me íterum tibi displícere. Da mihi perpétuum amórem tui, et dein fac de me quídquid tibi placúerit.
   
Pater noster, Ave María et Glória Patri.
   
Tu, charitátis víctima,
Petis, Redémptor, Golgótham;
Tuis inhǽrens gréssibus,
Tecum perópto commori.
Véniam atque grátiam implóro,
Geméntes in dolóribus.
   

STÁTIO VI
Jesus Verónicæ sudário abstérgitur
       
V. Adorámus te, Christe, et benedícimus tibi.
R. Quia per sanctam Crucem tuam redemísti mundum.
     
Considéra quómodo sancta illa fémina Verónica, videns Jesum dolóribus conféctum ejúsque Vultum sudóre ac sánguine mádidum, pórrigat ei linteólum in quo ipse, abstérsa fácie, sacram sui Imáginem impréssam relínquit.
       
O mi Jesu, formósa erat antea Fácies tua; verum hac in via non ámplius formósa appáret, sed est vulnéribus et cruóre omníno defórmis. Hei mihi! Quam formósa quóque erat ánima mea, cum grátiam tuam per Baptísmum recepísset: peccándo eam postea defórmem reddídi. Tu solus, mi Redémptor, prístinam venustátem ei restítuere vales; quod ut fácias, per tuæ Passiónis méritum te precor. Amo te Jesu, mi Amor; pǽnitet me quod tibi displícui; ne sinas me íterum tibi displícere. Da mihi perpétuum amórem tui, et dein fac de me quídquid tibi placúerit.
   
Pater noster, Ave María et Glória Patri.
   
Tu, charitátis víctima,
Petis, Redémptor, Golgótham;
Tuis inhǽrens gréssibus,
Tecum perópto commori.
Véniam atque grátiam implóro,
Geméntes in dolóribus.
   

STÁTIO VII
Jesus procúmbit íterum sub ónere crucis
       
V. Adorámus te, Christe, et benedícimus tibi.
R. Quia per sanctam Crucem tuam redemísti mundum.
     
Considéra álterum Jesu Christi sub cruce lapsum, quo lapsu perdolénti Dómino omnes venerándi cápitis et tótius córporis plágæ recrudéscunt, ómnesque cruciátus renovántur.
       
Mansuetíssime Jesu, quam frequénter concessísti mihi véniam! Ego vero in eádem relápsus sum peccáta, meásque in te offénsas renovávi. Per méritum novi hujus tui lapsus adjúva me, ut in grátia tua usque ad óbitum persevérem. Fac ut in ómnibus, quæ me invasúræ sunt, tentatiónibus me tibi semper comméndem. Amo te ex toto corde meo, o Jesu, mi Amor; pǽnitet me quod tibi displícui: ne sinas me íterum tibi displícere. Da mihi perpétuum amórem tui, et dein fac me quídquid tibi placúerit.
   
Pater noster, Ave María et Glória Patri.
   
Tu, charitátis víctima,
Petis, Redémptor, Golgótham;
Tuis inhǽrens gréssibus,
Tecum perópto commori.
Véniam atque grátiam implóro,
Geméntes in dolóribus.
   

STÁTIO VIII
Jesus plorántes muliéres allóquitur
       
V. Adorámus te, Christe, et benedícimus tibi.
R. Quia per sanctam Crucem tuam redemísti mundum.
     
Considéra quómodo muliéres, vidéntes Jesum lassitúdine exanimátum et cruóre inter eúndum diffluéntem, commiseratióne permoveántur, lacrimásque profúndant. Ad flentes autem convérsus: “Nólite, ínquit, flere super Me, sed super vos ipsas flete et super fílios vestros”.
       
O perdólens Jesu, défleo mea in te peccáta ob pœnas quidem quibus me dignum reddíderunt, sed máxime ob moléstiam quam tibi intulérunt, tibi qui me tantópere amásti. Ad fletum minus Inférnus quam amor tui me excítat. O mi Jesu, amo te magis quam meípsum; pǽnitet me quod tibi displícui; ne sinas me íterum tibi displícere. Da mihi perpetéum amórem tui, et dein fac de me quídquid tibi placúerit.
   
Pater noster, Ave María et Glória Patri.
   
Tu, charitátis víctima,
Petis, Redémptor, Golgótham;
Tuis inhǽrens gréssibus,
Tecum perópto commori.
Véniam atque grátiam implóro,
Geméntes in dolóribus.
   

STÁTIO IX
Jesus procúmbit tértium sub ónere crucis
       
V. Adorámus te, Christe, et benedícimus tibi.
R. Quia per sanctam Crucem tuam redemísti mundum.
     
Considéra tértium Jesu Christi sub cruce lapsum. Procúmbit quia nímia erat ejus debílitas, et nímia sævítia carníficum, qui volébant ut gressum acceleráret, dum vix unum gradum fácere posset.
     
O incleménter habíte Jesu, per méritum íllius vírium defectiónis, qua in via ad Calvárium laboráre voluísti, tanto, precor, me vigóre confórta, ut nullum ámplius ad humána judícia respéctum hábeam, ac vitiósam meam natúram edómem: quod utrúmque in causa fuit cur tuam olim amicítiam contempsérim. Amo te, o Jesu, mi Amor, ex toto corde meo; pǽnitet me quod tibi displícui: ne sinas me íterum tibi displícere. Da mihi perpétuum amórem tui, et dein fac de me quídquid tibi placúerit.
   
Pater noster, Ave María et Glória Patri.
   
Tu, charitátis víctima,
Petis, Redémptor, Golgótham;
Tuis inhǽrens gréssibus,
Tecum perópto commori.
Véniam atque grátiam implóro,
Geméntes in dolóribus.
   

STÁTIO X
Jesus véstibus spoliátur
       
V. Adorámus te, Christe, et benedícimus tibi.
R. Quia per sanctam Crucem tuam redemísti mundum.
     
Considéra quam violénter Jesus vestiméntis suis spoliétur. Cum enim vestis intérior arcte carni flagéllis dilaniátæ adhǽreret, carnífices, avelléndo vestem, cutem ei quóque avéllunt. Súbeat te commiserátio Dómini tui, eúmque sic allóquere:
     
Innocentíssime Jesu, per méritum dolóris quem inter hanc spoliatiónem passus es, adjúva me, precor, ut omnem in res creátas afféctum éxuam, et tota voluntátis meæ inclinatióne ad Te solum convértar, qui meo nimis dignus es amóre. Amo te ex toto corde meo; pǽnitet me quod tibi displícui; ne sinas me íterum tibi displícere. Da mihi perpétuum amórem tui, et dein fac de me quídquid tibi placúerit.
   
Pater noster, Ave María et Glória Patri.
   
Tu, charitátis víctima,
Petis, Redémptor, Golgótham;
Tuis inhǽrens gréssibus,
Tecum perópto commori.
Véniam atque grátiam implóro,
Geméntes in dolóribus.
   

STÁTIO XI
Jesus clavis affígitur cruci
       
V. Adorámus te, Christe, et benedícimus tibi.
R. Quia per sanctam Crucem tuam redemísti mundum.
     
Considéra quómodo Jesus in crucem coniciátur, et exténsis bráchiis, vitam suam in sacrifícium pro nostra salúte ætérno Patri ófferat. Carnífices clavis eum affígunt, dein erígunt crucem, et infámi patíbulo suffíxum sǽvae morti permíttunt.
       
O contemptíssime Jesu, affige pédibus tuis cor meum, ut amóris vínculo ligátum semper tecum remáneat, necque ámplius a te avellátur. Amo te magis quam meípsum; pǽnitet me quod tibi displícui: ne permíttas me íterum tibi displícere. Da mihi perpétuum amórem tui, et dein fac de me quídquid tibi placúerit.
   
Pater noster, Ave María et Glória Patri.
   
Tu, charitátis víctima,
Petis, Redémptor, Golgótham;
Tuis inhǽrens gréssibus,
Tecum perópto commori.
Véniam atque grátiam implóro,
Geméntes in dolóribus.
   

STÁTIO XII
Jesus móritur in cruce
       
V. Adorámus te, Christe, et benedícimus tibi.
R. Quia per sanctam Crucem tuam redemísti mundum.
     
Considéra tuum cruci suffíxum Jesum, qui post trium horárum cum morte luctam, dolóribus tandem consúmptus addícit corpus morti, et inclináto cápite emíttit spíritum.

O mórtue Jesu, exósculor, pietátis sensu íntime commótus, hanc crucem in qua tu, mei causa, vitæ tuæ finem implevísti. Ob commíssa peccáta infelícem mihi mortem promérui; sed mors tua est spes mea. Per Mortis tuæ mérita, concéde mihi precor, ut in ampléxu pedum tuórum extrémum spíritum, tui amóre flagrans, aliquándo reddam. In manus tuas comméndo spíritum meum. Amo te ex toto corde meo; pǽnitet me quod tibi displícui: ne sinas me íterum tibi displícere. Da mihi perpétuum amórem tui, et dein fac de me quídquid tibi placúerit.
   
Pater noster, Ave María et Glória Patri.
   
Tu, charitátis víctima,
Petis, Redémptor, Golgótham;
Tuis inhǽrens gréssibus,
Tecum perópto commori.
Véniam atque grátiam implóro,
Geméntes in dolóribus.
   

STÁTIO XIII
Jesus depónitur de cruce
       
V. Adorámus te, Christe, et benedícimus tibi.
R. Quia per sanctam Crucem tuam redemísti mundum.
     
Considéra quómodo duo ex Jesu discípulis, Joséphus nempe et Nicodémus, eum exanimátum de cruce tollant et inter bráchia perdoléntis Matris repónant, quæ mortuum Fílium peramánter recípit et arcte compléctitur.
     
O mœrens Mater, per amórem quo Fílium tuum amas, accípe me in servum tuum et precáre eum pro me. Tu vero, o mi Redémptor, quóniam pro me mortuus es, fac benígne ut amem te; te enim solum volo, nec extra te áliud quídpiam mihi opto. Amo te, o mi Jesu, pǽnitet me quod tibi displícui: ne sinas me íterum tibi displícere. Da mihi perpétuum amórem tui, et dein fac de me quídquid tibi placúerit.
   
Pater noster, Ave María et Glória Patri.
   
Tu, charitátis víctima,
Petis, Redémptor, Golgótham;
Tuis inhǽrens gréssibus,
Tecum perópto commori.
Véniam atque grátiam implóro,
Geméntes in dolóribus.
   

STÁTIO XIV
Jesus sepúlchro cónditur
       
V. Adorámus te, Christe, et benedícimus tibi.
R. Quia per sanctam Crucem tuam redemísti mundum.
     
Considéra quómodo discípuli exánimem Redemptórem ad locum sepultúræ déferant. Mœrens Mater eos comitátur, et própriis mánibus corpus Fílii sepultúræ accommódat. Sepúlchrum dein occlúditur, et omnes a loco recédunt.
   
O sepúlte Jesu, exósculor hunc, qui te recóndit, lápidem; sed post tríduum ex sepúlchro resúrges. Per tuam resurrectiónem fac me, precor, extrémo die gloriósum tecum resúrgere, et veníre in Cælum, ubi tecum semper conjúnctus, te laudábo et in ætérnum amábo. Amo te, et dóleo quod tibi displícui: ne sinas me íterum tibi displícere. Da mihi perpétuum amórem tui, et dein fac de me quídquid tibi placúerit.
   
Pater noster, Ave María et Glória Patri.
   
Tu, charitátis víctima,
Petis, Redémptor, Golgótham;
Tuis inhǽrens gréssibus,
Tecum perópto commori.
Véniam atque grátiam implóro,
Geméntes in dolóribus.
   
ORÁTIO AD DÓMINUM NOSTRUM JESUS CHRISTUM CRUCIFÍXUM
En ego, o bone et dulcíssime Jesu, ante conspéctum tuum génibus me provólvo, ac máximo ánimi ardóre te oro atque obtéstor, ut meum in cor vívidos fídei, spei et caritátis sensus, atque veram peccatórum meórum pœ­ni­tén­tiam, eáque emmendándi fir­mís­si­mam voluntátem velis imprímere; dum magno ánimi afféctu et dolóre tua quinque vúlnera mecum ipse consídero ac mente contémplor, illud præ óculis habens, quod jam in ore ponébat tuo David prophéta de te, o bone Jesu: Fodérunt manus meas et pedes meos: di­nu­me­ravérunt ómnia ossa mea (Ps. 21,17-18).
 
Pater noster, Ave María et Glória Patri.
   
† In nómine Patris, et Fílii, et Spíritus Sancti. Amen.

jueves, 10 de marzo de 2016

“Vean cómo Satanás quiere arrastrarlos al pecado y a la esclavitud”


10514672_810443399000051_4557916746747905466_nLa Madre dice: “Vean cómo Satanás quiere arrastrarlos al pecado y a la esclavitud” y esta parte del mensaje es sumamente importante. Obsérvese que la Virgen como el mismo Papa frecuentemente habla de Satanás. ¡Quizá para hacernos recordar su acción y destacar que existe y, que del mismo modo, no deja de tentar a quienes seguimos a Jesús y también a quienes no lo hacen. Entonces, la Virgen dice: “Vean cómo Satanás quiere arrastrarlos al pecado y a la esclavitud”. Fíjese que destaca dos campos de su acción concreta: el pecado y las esclavitudes, por lo que este mes, además de orar con todo el corazón el Santo Rosario, del mismo modo hay que “ver cómo Satanás quiere arrastrarnos al pecado y a las esclavitudes”.
Por lo que quien saca tiempo para la oración le será más fácil descubrir las acciones de Satanás, pero quien no saca el tiempo para hacerlo podría permanecer en el pecado y las esclavitudes y pensar que todo es “correcto” o “normal”. Por ejemplo, los jóvenes que no oran como deben, puede que no vean nada malo en tener relaciones íntimas en el noviazgo, lo mismo sus padres que se lo permiten. Al igual, quienes conviven maritalmente sin recibir el sacramento del matrimonio. Otra tanto quienes tienen dependencia al alcohol, las drogas a los juegos de azar o quienes odian o están resentidos en el corazón hacia otras personas. Pero cuando se comienza a orar, la verdad sale a la luz, se regresa a Dios y a los Mandamientos, y se descubre el engaño de Satanás, que lleva por la vía del error hoy, a un gran número de almas con el pensamiento del cristianismo light, “bajo en calorías espirituales”. Luego, comenzar a orar, significa comenzar a abrir los ojos a la luz de la verdad. En suma, la Madre quiere que mientras oremos también descubramos las mentiras de Satanás.
Padre Francisco Verar

lunes, 7 de marzo de 2016

Pablo VI: “A través de alguna grieta ha entrado, el humo de Satanás en el templo de Dios”.





Publicado por Stat Veritas, el domingo 24 de febrero de 2013.

Compartimos la famosa y muy citada homilía del Papa Pablo VI, realizada en pleno Concilio Vaticano II, en la que afirma que el humo de Satanás ha penetrado en la Iglesia. Traducción publicada el viernes 29 de junio de 2012 por “Secretum Meum Mihi” al cumplirse los cuarenta años del Concilio Vaticano II.



S.S. Paulo VI durante el Concilio Vaticano II
Lamentémonos y lloremos todos amargamente, puesto que en esta fecha hace 40 años, el Papa Paulo VI admitía claramente y sin ambajes que el Diablo había penetrado en la Iglesia. Lo peor de todo: ¡Nadie ha dicho desde entonces que hubiera salido!En efecto, en la Solemnidad de San Pedro y San Pablo de 1972, en su homilía para la ocasión, el Papa Paulo VI pronunció una de sus más famosas homilías (acaso la más de todas). Infortunadamente considerada no tan famosa como para que el propio sitio de internet de la Santa Sede consigne la totalidad de sus palabras, limitándose a hacer una simple síntesis en italiano.Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que muchos citan pasajes de esta homilía de Paulo VI sin haberla nunca leído por completo, limitándose a tomar los pasajes citados de algún otro que los haya citado previamente y así sucesivamente, obteniéndose una deformación y/o descontextualización de las palabras del Pontífice.Pero no nos sintamos defraudados, aquí está por primerísima vez en internet el texto completo e integral en español de la célebre homilía de S.S. Paulo VI en Jun-29-1972, la cual a veces es denominada “fuertes en la fe”, debido a su último párrafo.

En la solemnidad de San Pedro y San Pablo apóstol
S.S. Paulo VI, Oct-31-1973

Tenemos que agradecer a vosotros y a cuantos, ausentes de Roma, estáis presentes en espíritu, la asistencia a este rito que quiere tener una doble intención: la primera, diría —y es suficiente—, es la de honrar a los santos Pedro y Pablo, especialmente por estar en la basílica en la que nos hallamos, sobre la tumba y las reliquias del apóstol Pedro; de honrar a estos príncipes de los apóstoles y de honrar a Cristo en ellos, y de sentirnos llevados por ellos a Cristo, pues les somos deudores de esta gran herencia de la fe. Y, además, la otra intención es que no podemos ser insensibles a conmemorar el noveno aniversario de nuestra elección —como sucesor de Pedro— al Pontificado romano y, lo decimos temblando, al puesto de representante visible en la Tierra, vicario de Nuestro Señor Jesucristo.
Os lo agradecemos de corazón, también, porque esta presencia nos asegura lo que más vivo y ardoroso está en nuestros deseos: vuestra adhesión, vuestra fidelidad, vuestra comunión, vuestra unidad en la oración y en la fe, y en la constitución de esta misteriosa sociedad visible y terrenal que se llama la Iglesia, y por sentirnos aquí particularmente Iglesia, unidos en Jesucristo como en un cuerpo solo y, también, porque confiamos en que esta presencia significa ayuda, oración, y signifique indulgencia para quien os habla y también oración por Nos, por nuestro cargo, por la misión que el Señor Nos encomendó para el bien de la Iglesia y del mundo. Y esta oración Nos servirá verdaderamente de gran sufragio para cumplir humilde y fuertemente nuestra fatiga.
Nos sentimos autorizados a ceder la palabra al propio San Pedro y a rogarle que diga una de sus palabras entre las tantas hermosas que nos dejó en las dos epístolas canónicas que conservamos en el cuerpo de la Sagrada Escritura, y elegimos las que hablan de vosotros. San Pedro habla de la comunidad la Iglesia naciente en la primera carta —extraña, pero expresiva— que envió desde Roma a las iglesias de Oriente, a las iglesias de Asia Menor, dicen los exégetas informados y que, según su costumbre, escribió no para hacer nuevas comunicaciones doctrinales —como solía hacer San Pablo—, sino para exhortar. Se siente el pastor que quiere incitar, que quiere animar, y que quiere dar conciencia de lo que el pueblo cristiano es y de lo que debe hacer. En esta primera carta de San Pedro se toca, con profunda clarividencia y agudeza, toda la gama de los nuevos sentimientos que deben tener vivencia y brotar con ímpetu del corazón cristiano. Entre las muchas palabras que la carta contiene, os presentamos éstas que dejamos a vuestra meditación, con un breve comentario; dice San Pedro: “Vosotros sois una estirpe elegida, un sacerdocio real, gente santa, pueblo de su propiedad, para que proclaméis las virtudes de quien os llamó de las tinieblas a la luz maravillosa. Vosotros que antaño no erais un pueblo, ahora sois pueblo de Dios; vosotros que antes no fuisteis partícipes de la misericordia, ahora en cambio participáis de la misericordia del Señor”.
He aquí lo que Nos, sometemos un momento a vuestra reflexión.

Sacerdocio real

Estas son palabras que han sido muy estudiadas en los últimos años, especialmente porque han sido el eje de la doctrina del Concilio en su capítulo principal, es decir, en la Constitución Dogmática sobre la Iglesia, donde se describe precisamente este cuadro del pueblo de Dios. Sí; os decimos que en este momento propio de oración, pobres como somos, el Señor nos inspira para comprender las cosas. Imaginamos tener delante de Nos, casi extendida en panorama, a toda la Santa Iglesia Católica, y la vemos —con las características que San Pedro indica— en una unidad; recogida en este principio —Cristo— para este fin: glorificarle para este beneficio, salvarse para esta transfiguración, casi para esta metamorfosis que está iniciada en cada uno de los que componen esta comunidad de orden sobrenatural, por el descubrimiento de la vocación en cada uno de los componentes de esta gran masa humana, de este gran mar de la Humanidad, en el que cada cual está personalmente llamado como miembro de la multitud, personalmente llamado —según dice el “Apocalipsis”, acerca del último día— a recibir, como cada uno de los elegidos, un nombre nuevo. Si bien recuerdo, dice el Señor en el texto, que todos estamos llamados a ejercer, a componer, un sacerdocio real. Aquí hay una reminiscencia del Antiguo Testamento —la del Éxodo—cuando Dios, hablando a Moisés antes de entregarle La Ley, dice: “Yo haré de este pueblo un pueblo sacerdotal y real”. San Pedro recoge esta palabra tan grande, tan exaltadora, y !a aplica al nuevo pueblo de Dios, heredero y continuador del Israel dela Biblia, para formar un nuevo Israel, el Israel de Cristo. Dice San Pedro: “Será el pueblo sacerdotal y real el que glorificará al Dios de la misericordia, al Dios de la salvación”. Sabemos que esta palabra ha sido, a veces, mal entendida, como si e! sacerdocio fuera un solo orden, es decir ,fuese comunicado a cuantos están insertos en el Cuerpo Místico de Cristo, a cuantos son cristianos. En cierto sentido es verdad, y solemos llamarlo sacerdocio común, pero el Concilio nos dice —y la Tradición ya nos lo había enseñado— que existe otro grado, otro estado de sacerdocio: el sacerdocio ministerial, que tiene facultades, prerrogativas particulares y exclusivas, precisamente del sacerdocio ministerial.
Pero detengámonos en lo que interesa a todos: el sacerdocio real. Aquí deberíamos preguntarnos qué significa sacerdocio, pero las explicaciones no acabarían nunca, y por ello nos limitamos y conformamos con esto: sacerdote significa capacidad de rendir culto a Dios, de comunicar con El, de buscarle siempre en una profundidad nueva, en un descubrimiento nuevo, en un amor nuevo. Este impulso de la Humanidad hacia Dios, que no ha sido suficientemente alcanzado ni suficientemente conocido, es el sacerdocio de quien está inserto en el único sacerdote que, después del advenimiento del Nuevo Testamento, es Cristo. Es que el cristiano está dotado por ello mismo de esta calidad, de esta prerrogativa de poder hablar al Señor en términos verdaderos, como de hijo a padre.

Lo que distingue al cristiano

“Audemos dicere”: podemos en verdad celebrar ante el Señor un rito, una liturgia de la oración común, una santificación de la vida incluso profana, que distingue al cristiano del que no es cristiano. Este pueblo es distinto, aunque esté confundido en la gran marea de la Humanidad. Tiene su distinción, su característica inconfundible. San Pablo se definió “segregatus”, separado, distinto del resto de la Humanidad, precisamente por estar investido de prerrogativas y funciones que no tienen los que no poseen la suma fortuna y la excelencia de ser miembros de Cristo. Entonces tenemos que considerar que nosotros, los que estamos llamados a ser hijos de Dios, a participar en el Cuerpo Místico de Cristo, que somos animados por el Espíritu Santo y hechos templos de la presencia de Dios, tenemos que realizar este coloquio, este diálogo, esta conversación con Dios en la religión, en el culto litúrgico, en el culto privado, y tenemos que extender el sentido de la sacralidad incluso a las acciones profanas. “Si coméis, si bebéis —dijo San Pablo— hacedlo por la gloria de Dios”. Y lo dice repetidas veces, en sus cartas, como para reivindicar al cristiano la capacidad de infundir algo nuevo, de ¡luminar, de sacralizar también las cosas temporales, externas, efímeras, profanas.

Desacralización

Se nos exhorta a dar al pueblo cristiano, que se llama Iglesia, un sentido verdaderamente sagrado. Y afirmándolo así, sentirnos que tenemos que contener la ola de profanidad, desacralización, secularización, que sube, que oprime y que quiere confundir y desbordar el sentido religioso en el secreto del corazón —en la vida privada exclusivamente secreta, o también en las afirmaciones de la vida exterior— de toda interioridad personal, o incluso hacerlo desaparecer. Se afirma que ya no hay razón para distinguir un hombre de otro, que no hay nada que pueda realizar esta distinción. Aún más, hay que devolver al hombre su autenticidad, hay que devolver al hombre su verdadero ser, que es común a todos los demás. Pero la Iglesia, y hoy San Pedro, llamando al pueblo cristiano a la conciencia de sí mismo, le dicen que es el pueblo elegido, distinto, adquirido por Cristo, un pueblo que debe ejercer una particular relación con Dios, un sacerdocio con Dios. Esta sacralización de la vida hoy no debe ser borrada, expulsada de las costumbres y de nuestra vida, como si ya no debiera figurar.
Hemos perdido los hábitos religiosos, hemos perdido muchas otras manifestaciones exteriores de la vida religiosa. Respecto a esto hay mucho que discutir y mucho que conceder, pero es necesario mantener el concepto, y con el concepto también algún signo de la sacralidad del pueblo cristiano, es decir, de aquellos que están insertos en Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Ello nos dirá también que tenemos que sentir un gran fervor religioso.
En la actualidad hay una parte de los estudios de la Humanidad —la llamada sociología— que prescinde de este contacto con Dios. Por el Contrario, la sociología de San Pedro, la sociología de la Iglesia, al estudiar a los hombres, pone en evidencia precisamente este aspecto sacral, de conversación con el Inefable, con Dios, con el mundo divino, y ello hay que afirmarlo en el estudio de todas las diferenciaciones humanas. Por muy heterogéneo que se presente el género humano, no tenemos que olvidar esta verdad fundamental que el Señor nos confiere cuando nos da la Gracia: todos somos hermanos en el mismo Cristo. Ya no hay ni judío, ni griego, ni escita, ni bárbaro, ni hombre, ni mujer. Todos somos una sola cosa en Cristo, todos estamos santificados, tenemos todos la participación en este grado de elevación sobrenatural que Cristo nos confirió, y San Pedro nos lo recuerda; es la sociología de la Iglesia que no debemos hacer desaparecer ni olvidar.

Defecciones

Volviendo a mirar aquel panorama a que aludimos —el gran plano de la vida humana, toda la Iglesia— ¿qué es lo que vemos? Si nos preguntan qué es hoy la Iglesia, ¿se puede confrontar tranquilamente con las palabras que Pedro nos dejó como herencia y meditación?, ¿podemos estar tranquilos?, ¿no podemos ver a la Iglesia en una ideología que nos obliga a alguna reflexión, a alguna actitud, a algún esfuerzo y a alguna virtud que se convierte en característica del cristiano?
Pensamos de nuevo en este momento—con inmensa caridad— en todos nuestros hermanos que nos abandonan, en muchos que son fugitivos y olvidan, en muchos que tal vez nunca han conseguido tener conciencia de la vocación cristiana, aunque han recibido el bautismo. Quisiéramos muy de verdad tender la mano hacia ellos y decirles que el corazón está siempre abierto, que pasar el umbral es fácil. Mucho quisiéramos hacerles partícipes de la grande e inefable fortuna de nuestra felicidad, la de estar en comunicación con Dios, que no nos quita nada de la visión temporal y del realismo positivo del mundo exterior.
Tal vez ello nos obliga a renuncias, a sacrificios, pero mientras nos priva de algo, multiplica sus dones. Nos impone renuncias, pero nos proporciona abundantemente otras riquezas. No somos pobres, somos ricos, porque tenemos la riqueza del Señor. Ahora bien; quisiéramos decir a estos hermanos—de los que sentimos el desgarro en las entrañas de nuestra alma sacerdotal— cuánto les tenemos presente, cuánto —ahora y siempre, y cada vez más— les queremos, y cuánto rezamos por ellos, y cuánto procuramos con este esfuerzo que les persigue y les rodea, suplir la interrupción que ellos mismos hacen de nuestra comunión en Cristo.


El Sumo pontífice Pablo VI y el entonces Cardenal de Munich, Joseph Ratzinger.



Duda, incertidumbre, inquietud

Luego existe otra categoría, y a ella pertenecemos un poco todos. Y diría que esta categoría caracteriza a la Iglesia de hoy. Se diría que a través de alguna grieta ha entrado, el humo de Satanás en el templo de Dios. Hay dudas, incertidumbre, problemática, inquietud, insatisfacción, confrontación. Ya no se confía en la Iglesia, se confía más en el primer profeta profano —que nos viene a hablar desde algún periódico o desde algún movimiento social— para seguirle y preguntarle si tiene la fórmula de la verdadera vida; y, por el contrario, no nos damos cuenta de que nosotros ya somos dueños y maestros de ella. Ha entrado la duda en nuestras conciencias y ha entrado a través de ventanas que debían estar abiertas a la luz: la ciencia. Pero la ciencia está hecha para darnos verdades que no alejan de Dios, sino que nos lo hacen buscar aún más y celebrarle con mayor intensidad. Por el contrario, de la ciencia ha venido la crítica, ha venido la duda respecto a todo lo que existe y a todo lo que conocemos. Los científicos son aquellos que más pensativa y dolorosamente bajan la frente y acaban por enseñar: “no sé, no sabemos, no podemos saber”.
Es cierto que la ciencia nos dice los límites de nuestro saber, pero todo lo que nos proporciona de positivo debería ser certeza, debería ser impulso, debería ser riqueza, debería aumentar nuestra capacidad de oración y de himno al Señor; y, por el contrario, he aquí que la enseñanza se convierte en palestra de confusión, en pluralidad que ya no va de acuerdo, en contradicciones a veces absurdas.
Se ensalza el progreso para luego poder demolerlo con las revoluciones más extrañas y radicales, para negar todo lo que se ha conquistado, para volver a ser primitivos después de haber exaltado tanto los progresos del mundo moderno.
También en nosotros, los de la Iglesia, reina este estado de incertidumbre. Se creía que después del Concilio vendría un día de sol para la historia de la Iglesia. Por el contrario, ha venido un día de nubes, de tempestad, de oscuridad, de búsqueda, de incertidumbre y se siente fatiga en dar la alegría de la fe. Predicamos el ecumenismo y nos alejamos cada vez más de los otros. Procuramos excavar abismos en vez de colmarlos.

Intervención del Diablo

¿Cómo ha ocurrido todo esto? Nos, os confiaremos nuestro pensamiento: ha habido un poder, un poder adverso. Digamos su nombre: él Demonio. Este misterioso ser que está en la propia carta de San Pedro —que estamos comentando— y al que se hace alusión tantas y cuantas veces en el Evangelio —en los labios de Cristo— vuelve la mención de este enemigo del hombre. Creemos en algo preternatural venido al mundo precisamente para perturbar, para sofocar los frutos del Concilio ecuménico y para impedir que la Iglesia prorrumpiera en el himno de júbilo por tener de nuevo plena conciencia de sí misma.
Precisamente por esto, quisiéramos ser capaces, ahora más que nunca, de ejercerla función que Dios encomendó a Pedro de confirmar en la fe a los hermanos. Quisiéramos comunicarnos este carisma de .la certeza que el Señor da a quien le representa, incluso indignamente, en esta tierra. Y deciros que la fe —cuando está fundada en la palabra de Dios, aceptada y situada en la conformidad de nuestro propio ánimo humano— esta fe nos da una certeza verdaderamente segura. Quien crea con sencillez, con humildad, se sabe por el buen camino, siente que tiene un testimonio interior que nos confirma en nuestra difícil ideología y nos conforta en la difícil conquista de la verdad.
El Señor se manifiesta como luz y verdad al que lo acepta en su palabra, y su palabra no se convierte en obstáculo a la verdad y al camino hacia el ser, sino en peldaño por el que podemos subir y ser de verdad conquistadores del Señor, que nos viene al encuentro y se entrega hoy a través de esta metodología, de este camino de la fe que es anticipo y garantía de la visión definitiva.

Fuertes en la fe

Y entonces Nos vemos el tercer aspecto que nos gusta tanto contemplar, la gran extensión de la Humanidad creyente. Vemos una gran cantidad de almas humildes, simples, puras, rectas, fuertes, que creen, que son —según dice San Pedro al final de su epístola— “fortes in fide”. Y quisiéramos que esta fuerza de la fe, está seguridad, esta paz, triunfase sobre los obstáculos que la vida —nuestra propia experiencia y la fenomenología de las cosas— ponen delante de nosotros, y que fuéramos siempre “fuertes en la fe”.
Hermanos, no decimos cosas extrañas, difíciles ni absurdas. Quisiéramos tan sólo que hicierais la experiencia de un acto de fe, en humildad y sinceridad; un esfuerzo psicológico que nos diga a nosotros mismos que tratemos de cumplir una acción consciente.
¿Es cierto, no es cierto?, ¿acepto, no acepto? Sí, Señor, yo creo en tu palabra; creo en tu Revelación; creo en quien Tú me has dado como testigo y garantía de esta Revelación Tuya, para sentir y probar, con la fuerza de la fe, el anticipo de la bienaventuranza de la vida que con la fe se nos ha prometido.

Fuente de la traducción: Secretum Meum Mihi.
Visto en Stat Veritas.