martes, 28 de junio de 2016

Kempis: No se debe dejar ligeramente la sagrada comunión




Muy a menudo debes recurrir a la fuente de la gracia y de
la divina misericordia, y a la fuente de la bondad y de toda la
limpieza, porque puedas ser curado de tus pasiones y vicios, y
merezcas ser hecho más fuerte y más despierto contra todas las
tentaciones y engaños del diablo.

El enemigo sabiendo el grandísimo fruto y remedio que está en
la sagrada comunión, trabaja por todas las vías que él puede estorbarla
a los fieles y devotos cristianos; porque luego que algunos
se disponen a la sagrada comunión padecen peores tentaciones
de satanás que antes; porque el espíritu maligno, según que
se escribe en Job 102, viene entre los hijos de Dios para turbarlos
con su acostumbrada malicia, o para hacerlos muy temerosos y
dudosos, porque así disminuya su afecto, o acosándolos les quite
la confianza; para que de esta manera, o dejen del todo la
comunión, o lleguen a ella tibios y sin fervor.

Mas no debemos cuidar de sus astucias y fantasías, por más
torpes y espantosas que sean; mas quebrarlas todas en su cabeza,
y procurar de despreciar al desventurado, y burlar de él; y
no se debe dejar la sagrada comunión por todas las malicias y
turbaciones que levantare.

Muchas veces también estorba para alcanzar devoción la demasiada
ansia de tenerla, y la gran confianza de confesarse. Por
eso haz en esto lo que aconsejan los sabios, y deja la ansia y
escrúpulo, porque estas cosas impiden la gracia de Dios, y destruyen
la devoción del ánima.

No dejes la sagrada comunión por alguna pequeñuela tribulación
o pesadumbre; mas confiésate luego, y perdona de buena
voluntad las ofensas que te han hecho; y si tú has ofendido a
alguno, pídele perdón con humildad; y así Dios te perdonará de
buena gana.

¿Qué aprovecha dilatar mucho la confesión o la sagrada comunión?
Límpiate en el principio, escupe presto la ponzoña, toma
de presto el remedio, y hallarte has mejor que si mucho tiempo
lo dilatares. Si hoy lo dejas por alguna ocasión, mañana te puede
acaecer otra mayor, y así te estorbarás mucho tiempo, y estarás
más inhábil. Por eso lo más presto que pudieres sacude la pereza
y pesadumbre; que no hace al caso estar largo tiempo con
cuidado envuelto en tribulaciones, y por los estorbos cotidianos
apartarte de las cosas divinas.

Antes daña mucho dilatar la comunión largo tiempo, porque
es causa de estarse el hombre ocupado en grave torpeza. ¡Ay
dolor! que algunos tibios y desordenados dilatan muy de grado

la confesión, y desean alargar la sagrada comunión, por no ser
obligados a guardarse con mayor cuidado. ¡Oh cuán poca caridad,
oh cu´an flaca devoción, oh cuán poco amor divino tienen
los que tan fácilmente dejan la sagrada comuni´on!
¡Cuán bienaventurado es y cuán agradable a Dios el que vive
tan bien, y con tanta puridad guarda su conciencia, que cada día
está aparejado a comulgar, deseoso de hacerlo así que le conviniese,
y no fuese notado! Si alguno se abstiene algunas veces por
humildad o por alguna cosa legítima, de loar es por la reverencia;
mas si poco a poco le entrare la tibieza, debe despertarse,
y hacer lo que en sí es; nuestro Señor ayudar´a a su deseo por la
buena voluntad, la cual él mira especialmente.

Mas cuando fuere legítimamente impedido, tenga siempre
buena voluntad, y devota intención de comulgar, y así no carecerá
del fruto del Sacramento. Porque todo hombre devoto
puede comulgar cada día y cada hora espiritualmente; mas en
ciertos días, en el tiempo ordenado debe recibir el Sacramento
del cuerpo de nuestro Redentor Jesucristo con amorosa reverencia.
Y más se debe mover a ello por loor y honra de Dios, que
por buscar su propia consolación. Porque tantas veces comulga
secretamente, y es recreado invisiblemente, cuantas se acuerda
devotamente del misterio de la encarnación de nuestro Señor
Jesucristo y de su preciosísima pasión, y se enciende en su divino
amor.

Mas el que no se apareja en otro tiempo, sino para la fiesta, o
cuando le fuere la costumbre, muchas veces se hallará mal aparejado.
Bienaventurado el que se ofrece a Dios en entero sacrificio
cuantas veces celebra o comulga. No seas muy prolijo, ni acelerado
en celebrar, mas guarda una buena manera; y confórmate
con los de tu conversación, no los enojes, más sigue la vía común
según la orden de los mayores, y más debes mirar el aprovechamiento
de los otros que tu propia devoción y deseo.

Libro De la Imitación de Cristo, Tomás de Kempis, Capítulo X.

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