lunes, 25 de julio de 2016

Acción extraordinaria del demonio




PRIMERA ENTRADA

Se publica mucho en distintos blogs sobre la actividad extraordinaria del demonio, tal vez como reacción pendular ante un racionalismo naturalista que en las últimas décadas ha negado prácticamente cualquier operación diabólica y a veces hasta la existencia misma de los demonios.
Pensamos que la difusión de cuestiones demonológicas, si no va a acompañada de una buena teología, y del imprescindible contrapeso de una mentalidad realista, puede dar lugar a un "preternaturalismo exagerado", que atribuya al demonio fenómenos naturales no del todo explicados por las ciencias pero que no tienen origen diabólico. De este "preternaturalismo" se siguen curiosidades morbosas, supersticiones, y temores infundados; todo lo cual puede dar lugar incluso a la burla respecto de verdades reveladas.
Es habitual distinguir en la actividad de satanás dos grandes capítulos: inducir al mal y hacer el mal. Dos tipos de actividad maléfica que se denominan ordinaria, una, puesto que no es manifiesta (es la tentación, estímulo o incitación a pecar) y extraordinaria, otra, que sí es manifiesta y de índole excepcional. La actividad extraordinaria, a su vez, se divide en tres tipos: molestia local, molestia personal y posesión diabólica. El p. Amorth ha hablado bastante del segundo y tercer tipo de actividad extraordinaria, desde su experiencia como exorcista. Pero tal vez haya explicado poco el primer tipo de actividad diabólica.
La actividad conocida como molestia local, es la que el demonio realiza directamente sobre la naturaleza inanimada y animada inferior (reino vegetal y reino animal) para llegar después indirectamente al hombre, a quien, en último análisis, va dirigido el daño. Entran en el tipo de molestia local: los llamados lugares y casas infestadas; ciertos disturbios visibles, extraños y repentinos que se pueden encontrar o en la vegetación o en el mundo animal, etc. Sin embargo, sería un error pensar que el demonio tiene un poder, puesto que no puede absolutamente nada sin la permisión de Dios. Además, su obrar viene limitado por su naturaleza creada y la diversa condición de cada demonio.
Ofrecemos unas páginas de Corrado Balducci sobre este tema, que publicaremos en dos entradas separadas.

Modo de presencia en un lugar
El demonio, ser puramente espiritual, está en un determinado lugar mediante un contacto operativo, no cuantitativo, es decir, se localiza no por su sustancia, sino por su actividad; en otras palabras se encuentra donde opera por su absoluta espiritualidad. En efecto, la naturaleza angélica no tiene una cuantidad corpórea, dimensiva, sino una cuantidad operativa (esto es, un poder más o menos amplio de obrar); de aquí que, mientras los cuerpos están en un lugar mediante un contacto cuantitativo, dimensivo, los demonios lo estarán a través de un contacto operativo.
Siempre en virtud de su naturaleza espiritual, pueden desarrollar su actividad por todas partes, y no sólo en lo externo, sino también en lo interno de los cuerpos; a este propósito observa San Buenaventura: "Los demonios, en razón de su sutilidad y espiritualidad, pueden penetrar en cualquier cuerpo y allí subsistir sin el mínimo obstáculo e impedimento".
Pero, en cuanto criaturas, siempre son limitados, y, por tanto, si se encuentran en un lugar no pueden, al mismo tiempo, estar en otro; aunque les es facilísimo y con celeridad suma cualquier cambio de lugar, al no tener que atravesar el espacio intermedio.
Cuando decimos que el demonio no puede estar más que en un lugar, por tal lugar entendemos todo el espacio al que inmediatamente puede extenderse la virtud operativa de aquel demonio; pero acerca de esta amplitud nos encontramos en absoluta ignorancia.
Finalmente, recordamos que si un demonio no puede encontrarse contemporáneamente en varios lugares, así tampoco varios demonios pueden estar contemporáneamente en el mismo lugar; en efecto, cuando "un ángel actúa en un lugar o en un objeto determinado, toma posesión total de él, o sea, lo ocupa, lo llena y lo circunscribe de tal forma, que excluye que otro ángel lo pueda ocupar igualmente".

Actividad del demonio sobre la materia
Por un principio de economía divina, los seres superiores pueden actuar sobre los inferiores, sirviéndose, de manera directa, tan sólo de aquello que en estos últimos es lo más perfecto. Ahora bien, entre los varios movimientos corpóreos, el movimiento local es, sin duda, el más perfecto, porque la disposición a ser movido es un bien puramente extrínseco y supone ya un estado de perfección intrínseca; por eso el demonio puede desarrollar su actividad sobre los cuerpos tan sólo a través del movimiento local. Se sigue de esto que, de modo directo e inmediato, el demonio puede producir en la materia tan sólo mutaciones locales, llamadas también mutaciones externas (extrínsecas), o sea, aquellos movimientos consistentes en transferir un objeto de un lugar a otro, o un cuerpo; pero dejando inmutable la naturaleza, la sustancia.
Pero esto no excluye que el demonio, de modo indirecto y mediato, o sea, mediante el movimiento local, pueda producir también mutaciones internas (intrínsecas), o sea, aquellos movimientos que implican un cambio en la naturaleza de las cosas (mutación sustancial: transformación) o, al menos, una mutación en la cuantidad o en la cualidad de la misma cosa (mutación accidental: alteración).
Que el demonio no pueda producir estas mutaciones internas de modo directo, aparece evidente si se considera que todo sujeto obra de manera semejante a su naturaleza; ahora bien, producir cambios internos significa obrar en un plano netamente material; pero mientras esto puede hacerlo de modo propio e inmediato un agente corpóreo, nunca puede convenir al modo directo de obrar de un demonio, que es un ser puramente espiritual.
Por otra parte, esta manera indirecta de obrar no disminuye en nada el poder de Satanás, muy superior, sin duda, al del hombre; la precisación que hemos hecho se refiere solamente al modo de ejercer dicho poder, de forma que, si para algunas actividades es indirecto, sin embargo es siempre más noble, más elevado que el humano, dada la superioridad de la naturaleza espiritual demoníaca.
Por ejemplo, el entendimiento conoce la realidad exterior mediante los sentidos; por tanto, de modo indirecto; pero esto no impide que la conozca, a la vez, de manera más noble y más elevada.
Por esto, los demonios pueden mover localmente la materia y de esta forma efectuar mutaciones sustanciales y accidentales.
Ahora bien: considerada la imposibilidad —por vía ordinaria— de mutaciones intrínsecas sin algún movimiento local, aunque sea minúsculo y limitado a la esfera de la composición química de la materia, y habida cuenta de la enorme superioridad del conocimiento de los demonios en relación con las leyes y los secretos de la naturaleza, queda patente cuán amplio sea el poder demoníaco en el universo; "podemos decir que casi no hay fenómeno alguno en el mundo, que no pueda ser producido de alguna forma por el demonio. Sólo para formarnos una idea de las cosas maravillosas que el diablo puede, hacer, transcribimos una descripción de Lépicier:
"El ángel puede, sin la conspiración de otras causas, transportar de un lugar a otro cuerpos pesadísimos; puede levantarlos y tenerlos suspendidos en el aire por tiempo indefinido; puede destrozar y reducir a ruinas pueblos y ciudades; puede agitar sus tandas pesadísimas y ponerlas en colisión unas contra otras; producir terremotos y temporales en el mar; desatar tempestades, huracanes, parar el curso de los ríos e incluso, si quiere, dividir las aguas del mar.
Puede, además, el ángel, usando medios idóneos, cual sustancias resplandecientes acaso desconocidas por nosotros, que proyecten en derredor rayos de viva luz, ocasionar efectos maravillosos de óptica, y, con la oportuna combinación de sombra y de luz, producir formas o representaciones fantasmagóricas.
Todavía más; puede el ángel, sin ayuda de instrumento alguno y sólo con emplear los elementos de la materia, hacer oír dulces melodías o sones raros, cual fueran golpes repetidos o explosiones repentinas. Puede condensar las nubes y desencadenar relámpagos y truenos; puede arrancar árboles gigantescos y destruir edificios; puede hacer jirones de toda, clase de ornamento y vestidos y despedazar las rocas más duras y resistentes. Igual mente, el ángel puede también hacer que un lápiz escriba, como movido somáticamente, frases bien correctas; puede conferir a los objetos determinadas formas y adornos diferentes de los propio de su naturaleza; puede, hasta cierto punto, suspender en los animales las funciones de la vida, deteniendo la respiración o acelerando la circulación de la sangre; puede, en brevísimo tiempo fecundar las semillas acabadas de plantar y hacerlas crecer en forma de arbustos vigorosos, con hojas, con flores y hasta frutos.
Por el poder que posee sobre el movimiento local de los elementos de la materia, el ángel puede hacer todas estas cosas en un tiempo brevísimo, sin dificultad alguna, más aún, imitando tan perfectamente a la naturaleza, que parezcan obras naturales.


SEGUNDA ENTRADA

Una persona humana no es un objeto corpóreo cualquiera, material, sino un ser viviente, capaz, además, de una actividad espiritual; un ser que, en su composición, está formado por un cuerpo y un alma, o sea, de una parte material, corporal, y de un único principio vital intelectivo que, por su superioridad, tiene implícitamente el poder de actuar las funciones de orden inferior, o sea, las de la vida vegetativa y sensitiva.
Por tanto, el demonio sólo podrá actuar, de modo directo e inmediato, sobre lo que es materia o necesariamente dependiente de ella, en el hombre; sobre el cuergo, pues, sobre las funciones de la vida vegetativa en cuanto ligadas a la materia, y sobre las de la vida sensitiva por dependientes de los órganos corporales; lo que resulta cierto de cuanto hemos dicho acerca de su posibilidad de producir en la materia el movimiento local, y, mediante éste, la mutaciones intrínsecas.
En cambio, en lo referente a las funciones propias de la vida intelectiva, tan sólo podrá ejercer una acción indirecta y limitada al modo con el que tales facultades dependen del cuerpo.
Para comprender mejor la naturaleza de este especial influjo, estudiémoslo separadamente en cuanto al entendimiento y a la voluntad.
El entendimiento humano, tras la unión del alma y el cuerpo, puede desarrollar su actividad solamente usando lo que proviene de los sentidos; no es que sea necesario un órgano corporal, siendo el entendimiento absolutamente espiritual, pero en el presente orden de cosas, su actividad está subordinada a la actividad de otras facultades directamente coordinadas con órganos corporales, o sea, las facultades sensitivas; lo que aparece evidente, tanto por el hecho de que la lesión de un órgano corporal repercute sobre la misma facultad intelectiva, como por la experiencia cotidiana que nos certifica que, en nuestro esfuerzo por comprender alguna cosa, formamos siempre una imagen que, a guisa de ejemplo, facilítanos casi la misma intelección. Luego, si el demonio puede influir directamente sobre los sentidos, queda patente que puede indirectamente llegar hasta el mismo entendimiento.
En lo que a la voluntad respecta, el demonio también puede influir en ella, pero de modo indirecto y limitado; en otras palabras: solamente puede inclinarla, orientarla, pero jamás moverla eficazmente, cosa posible sólo a Dios. Efectivamente, la voluntad puede ser movida o desde el interior, es decir, de modo directo, actuando sobre su misma naturaleza, o desde el exterior, de modo indirecto, es decir, mediante un objeto bueno o mediante las pasiones.
La primera forma es exclusiva de Dios; como la acción propia de la voluntad consiste en la inclinación del sujeto hacia la cosa querida, entonces cambiar directamente esta inclinación sólo podrá realizarlo quien ha dado al hombre el poder de querer, es decir, Quien es el autor de la naturaleza humana.
Mover la voluntad en la forma segunda, como ya dijimos, puede realizarse o mediante un objeto bueno o mediante las pasiones; por lo que atañe al objeto, conviene precisar cómo tan sólo el Sumo Bien, el Bien Universal, o sea, Dios, puede mover la voluntad de manera eficaz, infalible, mientras que todos los demás objetos, por ser limitados, tan sólo pueden orientarla, halagarla, disponerla a querer, dejándola siempre libre para consentir o no; y por eso el demonio tiene sólo la posibilidad de una influencia que invita, persuade; pero sin la fuerza suficiente para moverla eficazmente. En lo que a las pasiones se refiere, también queda siempre en los límites de un influjo más o menos fuerte, y pudiendo obrar sobre éstas directamente, puede, a su vez, llegar hasta la voluntad.
Por lo tanto, mientras Satanás puede siempre iluminar nuestro entendimiento según sus deseos maléficos, aunque sólo sea de manera indirecta antes dicha, jamás podrá mover eficazmente la voluntad.
Especialmente, el demonio puede mover una persona, sostenerla mucho tiempo en vilo, como levantarla muy alto, transportarla a cualquier lugar todo esto siempre con las máximas facilidades y celeridad. Con mayor motivo puede mover las distintas partes de un cuerpo de la manera más extraña, idiotamente, con aspavientos; aplicar los miembros a varias acciones, como caminar, correr, gesticular, escribir, emitir sonidos; imprimirles una fuerza muchísimo mayor que la propia de la edad o la condición del individuo. Puede también alterar, dentro de ciertos límites, la configuración externa del cuerpo, causar todo género de enfermedades y hasta la muerte.
Porque operando sobre el sistema nervioso puede extender su acción a todas las funciones de la vida vegetativa y sensitiva; y, particularmente, por lo que respecta a la vegetativa, puede influir sobre las tres operaciones fundamentales de nutrición, crecimiento y generación; acelerando, retardando, suspendiendo, en suma, modificando los varios procesos propios de tales operaciones; como digestión, secreción, circulación de la sangre, respiración, asimilación y fecundación.
Por lo que se refiere a la vida sensitiva, puede directamente operar sobre los sentidos externos y los internos, y a través de éstos, arribar indirectamente a los mismos entendimiento y voluntad.
Es principalmente en esta última esfera, donde el diablo desfoga su genio maléfico de las formas más extrañas e imprevistas, ora causando todos aquellos fenómenos y anomalías parecidas a los llamados trastornos y enfermedades psíquicas y mentales, ora en dar rienda suelta a su ciencia y habilidad formidables. Y de esta suerte, el individuo se presentará en las posiciones más inestables, podrá ejecutar los movimientos más acrobáticos, caminar y correr con los ojos cerrados evitando maravillosamente todo obstáculo, sabrá cantar, pintar, realizar otras actividades y artes jamás aprendidas, emitir voces con sonidos y timbres impropios de su voz y de la humana, escribir y hablar lenguas desconocidas, conocer cosas pasadas, lejanas, ocultas, leer el pensamiento ajeno y obrar otras cosas maravillosas.
Si el poder de acción del demonio supera en mucho al de cualquier otro ser creado, sin embargo tiene también sus límites provenientes de tres fuentes, a saber: la naturaleza demoníaca, la diversa condición de cada demonio y la voluntad permisiva de Dios.

Tomado de:

Balducci, C. Los endemoniados hoy. Ed. Marfil, 1965, ps. 11-19.

Visto en InfoCaótica.

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