lunes, 18 de julio de 2016

Hablar en lenguas


San Gregorio de Agrigento


Como hace poco que celebramos Pentecostés, me ha parecido oportuno traducir el siguiente texto de San Gregorio de Agrigento, un obispo siciliano del S. VII.

Es parte de su Comentario al Eclesiastés y responde a una pregunta muy interesante: si hemos recibido el Espíritu Santo, ¿por qué no hablamos en lenguas como los apóstoles? En Pentecostés, los Apóstoles predicaron a una muchedumbre de extranjeros de diferentes países y todos les entendieron. En las cartas de San Pablo, se muestra cómo, en las primeras comunidades, se alababa al Señor en lenguas.

Actualmente, sin embargo, sólo en las comunidades carismáticas y en la vida de algunos santos se pueden encontrar estas dos modalidades del don de lenguas del Espíritu Santo. ¿Y los demás cristianos? ¿Es que no hemos recibido de verdad el Espíritu Santo? San Gregorio se lo preguntó y dio una respuesta de fe, a la vez que sacó a la luz algunas de las inmensas riquezas de la Escritura que nos ayudarán a disfrutarla y comprenderla mucho mejor.

He tomado el texto del estupendo blog en inglés Canterbury Tales.

Los discípulos hablaban en las lenguas de todas las naciones. En Pentecostés, Dios eligió esta forma de indicar la presencia del Espíritu Santo: quienes habían recibido el Espíritu hablaban en todo tipo de lenguas. Debemos tener en cuenta, queridos hermanos, que se trata del mismo Espíritu Santo por el que el amor es derramado en nuestros corazones. Fue el amor lo que reunió a la Iglesia de Dios en todo el mundo. Y, al igual que aquellos hombres que recibieron el Espíritu Santo, ella habla en las lenguas de todos los pueblos.
Por lo tanto, si alguien nos dijera: “Has recibido el Espíritu Santo, ¿por qué no hablas en lenguas?”, nuestra respuesta debería ser: “Sí que hablo en las lenguas de todos los hombres, porque pertenezco al Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, y ella habla en todas las lenguas”. ¿Qué indicaba la presencia del Espíritu Santo en Pentecostés, sino que la Iglesia de Dios iba a hablar en los idiomas de todos los pueblos?
Así se cumplió la promesa del Señor: Nadie pone vino nuevo en odres viejos. El vino nuevo se pone en odres nuevos y así ambos se conservan. Así, cuando oyeron a los discípulos hablar en todo tipo de lenguas, no se equivocaban mucho los que dijeron: Han bebido demasiado mosto. La verdad es que los discípulos se habían convertido en odres nuevos, renovados y santificados por la gracia. El vino nuevo del Espíritu Santo los llenaba, de manera que su fervor rebosaba y hablaban en muchas lenguas. Mediante este milagro espectacular, se convirtieron en un signo de la Iglesia Católica, que abarca los idiomas de todas las naciones.
Celebrad esta fiesta, pues, como miembros del único Cuerpo de Cristo. No será una festividad vacía para vosotros si os convertís realmente en lo que estáis celebrando. Porque sois miembros de la Iglesia que el Señor reconoce como propia, a la vez que es reconocido por ella, la misma Iglesia que llena con el Espíritu Santo a medida que se va extendiendo por el mundo. Es como un novio que nunca pierde de vista a su novia. Nadie podría engañarle sustituyéndola por otra mujer.
A vosotros, hombres de todas las naciones que formáis la Iglesia de Cristo, a vosotros, miembros de Cristo, a vosotros, Cuerpo de Cristo y esposa de Cristo, os habla el Apóstol con estas palabras: Soportaos unos a otros con amor; haced todo lo que podáis para preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. Fijaos en que, cuando Pablo nos anima a soportarnos unos a otros, basa su argumentación en el amor, y cuando habla de nuestra esperanza de unidad, subraya el vínculo de la paz. Esta Iglesia es la casa de Dios. Es su delicia habitar aquí. Cuidad, pues, de que nunca sufra por verla atacada por el cisma y cayendo en ruinas.

Fuente: InfoCatólica.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario